Tres Hidalgos y un destino

            Ayer presentaron una nueva edición del Ingenioso e Hidalgo Don Quijote de la Mancha. La pluma es buena, nada más y nada menos que la de Don Arturo Pérez Reverte. Aún no he tenido la suerte o desgracia de palpar esa nueva gracia que el académico español pudiera darle, pero si puedo decir que quedo tranquilo, puesto que si de algo estoy seguro es del amor que este autor tiene a nuestra literatura.

            De niño y en un castigo ejemplar que no viene a cuento explicar, los dos libros mas traducidos a nivel mundial tuve con la mano copiar, creo que es menester explicar que en seis meses de condena, todo, lo que se dice todo… no entraba en la vena, ni por supuesto en aquellos cuatro cuadernos cuadriculados donde expié todas mis penas, las de las aventuras de Sancho y el hidalgo caballero y por supuesto la Biblia, que en aquellos seculares tiempos era lo primero.

            Tontos no fueron mis padres, porque por una lado me daban el amor y desamores de Cristo, y por el otro la fe de un artesano y artista montando el cisco, de manera y aunque no lo crean, esa forma de ver las cosas, y enredar el sistema quedose en mi, como compañera de vida y gracia.

            Este pasado siglo ha dado grandes escritores, unos siguen y otros se fueron entre clamores, nombro a los vivos que de los que no están ya se encargan los corazones de los amigos y enemigos de su forma de ver las cosas.

            De Don Alberto Vázquez Figueroa aprendí a sentir y amar la literatura, a darle ese toque de revoque que tanto me gusta y a otros que no le entienden disgusta. Esas formas de plasmar sobre el papel la narrativa de forma amena, fresca y desenfadada no he vuelto a ver, y es una pena, porque el humor y la historia no están reñidas, más puede ser lo contrario, con simpatía entra mejor la leña.

            En cuanto a Don Arturo, ¿qué decir se puede de un hombre que pega la historia con tanta gloria y trabajo?, ¡no me envíe al carajo vuestra merced!, que viendo estoy volando el grajo. Hay dos libros que cada año leo y disfruto, uno de su preciada diestra y siniestra, que si la memoria no me engaña fue el primero, ¡si a ese me refiero!, al del Petite Cabrón, con el que río hasta no poder más, y el otro, en esta ocasión y espero disculpe, que no es por la marrana joder, es por poder y lo sabe, de una taberna en la Española, a la que los cuatro vientos le daba y por ello iba sumando conquistadores, insensatos, mal hablados, soñadores, soldados, valientes, pendencieros, oportunistas, crueles esclavistas, apellidos de traidores, y demás calaña, putas reputas y otras honradas, y así tira y afloja, y todo en la mitad de un libro de ciento y pico páginas, donde después de leerla se tiene la sensación de haberla vivido, estado y conocido a personajes históricos tan importantes como Don Alonso de Ojeda y Anacaona, Pizarro, Cortés, Núñez de Balboa, Obando el cruel y traidor apellido astado en muy buenas cargas, Ponce de León en búsqueda de la isla de la eterna juventud,…

            Con el tiempo y una buena caña, el canario autor y a mucha honra, enamorado de la vida y la aventura nos regaló de todo, desde el África que tanto amaba, hasta las Américas que tanto quiso, pasando por nuestra España, Cristo, el diablo y hasta tecnología, que para mí, fue su real perdición.

            El Cartagenero, con mayúsculas que muy bien se las merece, buen marino y de perfecto castellano, no nos dio ni nos da menos, a diferencia del chicharrero puntualiza la historia con más esmero, sumando datos y añadiendo ese humor del que no es canarión, que tanta gloria le ha dado con el Águila Imperial y su matachín y militar favorito. ¡Juro a ambos! que soy adepto e incondicional de dos literatos tan iguales en su ingenio y destreza para con un poco de tinta, ser capaces de describir los anales, ¡ojo!, a las crónicas de las memorias me refiero, con tanta destreza y humor, siendo tan iguales y dispares, que de las otras, ni me va, ni me viene, sin embargo le da ese toque que tanto gusta y entretiene.

             A los dos chapó, y ahora más, Don Arturo, que si de algo estoy seguro es que la obra póstuma de la literatura universal, ahora será mucho mas cercana a los estudiantes, que falta hacía para que con los años, cuando despierte y se abra la celosía que cubre la capacidad de entendimiento, el que lea las antiguas ediciones, ría hasta perder los calzones y el aliento.

             Sin más les ruego acepten de mis partes, un enorme abrazo, que con tres duros pares, la historia de otra forma se pace. Dicho ya de paso y por si fuera menester y a estas horas despierto el ingenio de tan poderosos hombres, en la mula pongo dos alforjas, esperando que la carga no se desplace o desparrame y despatarre el animal.

  

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