ANDAYQUELESDÉN- 5º Fragmento – Don Porculo y sus majestades los RR.MM. de Occidente

Viene del 4º fragmento 

            —¡Señores!, deciros debo que solicitado he, una carta a sus majestades los Reyes Magos y que con mucha y buena voluntad, nuestro aventurero y marinero, el fiel guerrero al que su esposa aún espera en tierras de Ítaca, ha tenido a bien escribir rogando por una lado, y por el otro dando lo que toca, que unas veces es un pito y otras dolor de pelotas.

El mesonero así dio un respiro a la situación, mientras el escritor plasmaba las necesidades de la población con mucha devoción, amor, esmero, dulzura, ternura y muy querida y obrada leche pasada y de mal sabor.

—Gracias querido amigo, prosigo con la pluma y dicho ya sea de paso, me falta un poco de la fuente de inspiración.

—¿Otro Black Card on the rocks?

—¡Gracias!, vuestra merced sí que sabe que no hay nada mejor que beber y comer con cargo a la cuenta de la opinión.

Vertido el contenido en la copa de la Pantoja, Ulises movió el hielo con el corazón, ¡al dedo me refiero!, haciéndolo circular en favor de las agujas del reloj unas veces, y otras en contraria dirección, dejando claro que sólo paraba en el centro del círculo del vaso, cuando de paladear se trataba.

Miró al cielo, ¡perdón!, quise decir al techo, y de nuevo su sonrisa apareció, por lo que empezó a escribir la hermosa carta a los de Oriente y Occidente.

Al cabo de unas rondas el creador terminó dando por sentado que si algo habría más que anotar, el espacio se había agotado, por lo que el interesado en leer la petición fue el más adecuado en esta ocasión, ni más ni menos, que Don Porculo, párroco y cardenal de las hostias que cayeron y seguían cayendo en las Iglesias y otros lares menos sagrados a raudales. Levantó las dos manos a la misma vez abiertas y palmas hacia abajo solicitando así la venia de la lectura.

—¡Esta me apetece!, así sabré que el contencioso es el original y por lo tanto no se toca el contenido, que suele ser lo normal.

Alzó la primera hoja colocándola en una mesa en cómoda posición para orar con los brazos extendidos, y comenzó con las súplicas descritas en el papel.

Ahora que el petróleo ha bajado de forma tan notoria, tocando la moral de los inmorales y convirtiendo a los inmortales en lo que en realidad son, añado que aunque los camellos, dromedarios y otros saurios parezcan de oriente, creo que ahora son de occidente, por ello y dadas las circunstancias, me dispongo a rendir pleitesía a esos antiguos magos, que a base de purines llegaron a un destino que durante muchos años sigue siendo cierto, el de los niños que con la Divina gracia de sus inocentes facultades nos da, cede y regala la ilusión que en muchos casos los demás hemos abandonado a su suerte.

       Solicito entonces con la dulzura que mi carácter expresa, los dones o panes que la sociedad desea y en la que por cierto, me incluyo como padre al hijo y Santo de mis calzones, para que presten atención a tan simple rogatoria, sin que por ello perdamos la memoria y por una vez no hagan, ¡lo que les sale de los cojones!

       Dicho por doquier, les garantizo que no quiero nada en alquiler, y con ello no les pido ni un piso ni lentejas, que para ello tengo dos manos, dos piernas, y dos corazones que mandan en la tierra y en los fogones, ¡pero sí les digo!, que tengo interés en ver las cosas de otro color, y con ello no me refiero a los que separan y enfrentan a caballeros, damas, doncellas e ilustres, sino al de la vida, solidaridad, armonía y las ganas de salir sin topar con los muros de las fortalezas que impiden seguir hacia delante.

       Vagos siempre los hubo, y nada podemos hacer al respecto, pero donde más se dio el caso de esos pobres maltrechos, deshechos de sus facultades, ilusionistas de las ambigüedades y transformadores de las grandes verdades, fue entre los “ticos”, y son tantos que ya los griegos siendo inteligentes como fueron, en prevención de sus grandes facultades en las matemáticas y otros menesteres, crearon un prefijo para tener en cuenta tanta multitud, y así ayudados con la gracia divina de los falsos dioses le añadieron el “poli”.

       Son tantos, que sus excelencias no dan a basto ni con tres camellos por ciudad, por ello y en plena conciencia de mis capacidades, les solicito con mucho cariño, rogando si fuere menester, que en esta ocasión el carbón se lo den a ellos, y que éste sea eliminando al menos ochenta de cada cien de esos puestos de trabajo tan ricamente remunerados y apalabrados.

       ¡Más aún!, ¡no es suficiente!, por eso añado más imposibles a mis ruegos, con esos apegos tan característicos de quien ama a su tierra y a sus gentes, rojos, azules, malvas, violetas, verdes, amarillos, e incluso a los incompetentes, que elimine esas diferencias y las vuelva blancas en las personas, que no en la vista, pues sin los contrastes de tanta maravilla, todo sería un nodo.

       Así que ya os dejo excelentísimas majestades, que aunque todos sabemos que no sois reyes de corona y sí de trona, vuestro amado pueblo, ese que con tanto esmero tratáis mientras disimuláis que el interés es lo primero, os pide que los requisitos cumpláis y no por nos, sino por vos, y vuestra conciencia, ¡si es que hubiere!, para que el día que os llegue el último suspiro, al menos os surja sin condena, la vuestra y la de todos.

Finalizada la plegaria don Porculo bajó los brazos y esperó al primer voluntario, que a alguien habría de darle la unción necesaria y perdonarle los terrenales pecados con el consabido vino y su hostia. Todos le conocían desde niños, salvo un nuevo cliente y vecino de Vertlajodió, que creyente como era, entendió como necesario redimir su culpa por sus continuas visitas a Pepita, la constituta de La Prostitución, y así fue, primero la malvasía y luego la real…, ¡Zhassss!, ¡cómo sonó, ¡qué carácter!, ¡válgame Dios!, esa hostia…, era de las de Bilbao, ¡ya se lo digo yo!

—¡Vaya leñazo!, ¡sí señor!, bien ganado lo tenía el campeón, y es que la Educación es lo que es. –Remató un cliente con fama de estar teniente, pero de bolsillos, que de oído ya les digo yo que no.

El perdonado con uno de los carrillos de rojo incandescente color, asumió el divino perdón mirando fijamente a los ojos del condonador, pero nada podía hacer, pues bien merecida la tenía por repetir siempre con la misma, si hubiere visitado también el resto de las constitutas, otro dolor habría sido, y todo hay que decirlo, mucho mejor repartido. De manera que siendo sabedor de haber pagado la primavera, asumió rumiando cabizbajo para sus adentros en lengua desconocida, por lo que no se le hizo caso y continuó la función.

—¡Hermanos y hermanas faltan nos hacen más feligreses!, empezad la fila y así con orden os voy dando vuestras debidas penitencias, que muy necesario es aliviar vuestras conciencias.

¡Ni un murmullo ni movimiento!, ¡allí no abría la boca…, ni el Tato!, que conociendo el peso, potencia y tamaño de la mano del fraile vizcaíno, mejor callar y comer tocino, que recibir otro perdón tan breve y seco, que lo de los Padrenuestros, Avemarías, Rosarios y demás pecados, eran sabidos por la comunidad, y por lo tanto no había mejor monserga que agachar la cabeza con humildad, callar y esperar que la sacudida no viniera por el pecado de la vanidad.

Minutos después del sonoro bofetón, cuando monseñor cabrón diose por aludido, sabiendo que los presentes preferían seguir con sus chanzas a recibir la palabra del Señor en forma de divino hostión, dio por acabada la ceremonia bajando las lustrosas palmas de la mano y por consiguiente, sufriendo por no tener a nadie más con quien jugar al frontón. Pero allí se quedó, pues más a gusto estaba en esta reunión que en la sacristía, salvo cuando a ella asistía, alguna constituta de la Prostitución o alguno buscando placeres y unos empujones en sus reales posaderas, que al buen samaritano, igual le daba un poco de marisco que dar por el ano.

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