ANDAYQUELESDÉN Y LA COMARCA DE LA JODA – CAPÍTULO I completo

Queridos amigos y amigas:

Dados los grandísimos cuidados con los que nuestros afectuosos políticos nos miman y tratan, visto me he en la obligación, de gratificar esa humana gracia y talento con la que nos gobiernan desde años ha. Para ello esta irónica pluma se ha puesto de manifiesto y a mi lado, dándome la divina inspiración, que falta me hacía para plasmar en este satírico relato la historia plasmada tal y como es, desde el 78 del siglo pasado hasta el 15 de este dos mil.

Así pues y sin ofender a nadie, pues quien así se sienta, lo será por los ajos y no por el contenido, doiles las gracias y envío un fuerte y caluroso abrazo y dicho ya de paso, que vuestras mercedes disfruten la vida tal y como es. ¡C`est la vie!

Un millón de gracias a esta magnífica ilustración del mapa de La Comarca de la Joda con la que Rafael Gálvez ha tenido la gracia y talento para cuadrar perfectamente la intención de esta breve obra. ¡Gracias Rafa!, ¡eres una mostruo!

                                                                                                        Fernando Ulises

ANDAYQUELESDÉN – CAPÍTULO I

        La comarca de La Joda, situada en la serranía de Medieronsinavisar, es una zona muy peculiar, tanto que a su vez se divide en dos partes, el sur, el este y nada más. Verde una como la selva tropical y árida la otra como el desierto, pero cubierto de sal. Los pueblos de las pedanías llegaron a un importante acuerdo con el fin de cambiar el nombre de las poblaciones y reflejar la actualidad. Después de un breve consenso, para el que mucho tiempo no hizo falta, los alcaldes de dichos municipios convocaron un referendum con la buena intención de que cada localidad adoptara la nueva denominación. Amén de dichos asuntos, también se habló de mejorar las dialécticas formas de la expresión, pudiendo decir palabras mal sonantes si lo requería la cuestión, o versos sin rima final, donde cada uno y según su fuente de inspiración, pusiera lo que le apeteciera para a capricho, rematar la cuestión, pero siempre intentando darle un toque de simpatía y evitar las ofensas de los prendas que podrían escuchar la conversación. ¡Y así pasó!, que con el tiempo incluso los lugareños tomaron por suyas tan bellas y sanas costumbres, cambiando también sus partidas de nacimiento y con consentimiento de la Santa Sede, que todo hay que decirlo por otras características enseñas, que hacían referencia a las crónicas de hoy y de ayer, y por supuesto, a las que aún quedan por venir.

Para recibir a los visitantes a la región, lo primero que el conductor o viandante se encuentra es un gran cartelón, que reza:

“Wellcome a la comarca de La Joda” y debajo, un gran mapa destacando el nombre de las villas y sus carreteras de unión, entre los que se encuentran, Quetedoy, Haciendanosjodió, Lamultapatí, Marianicoelcojo, Cojocajapamí, Elpepetedá, Elpsoetambién, Iujodiendolaformación, Matolasanidad, Comisionestodaspamí, Ugetecojeyvete, Montandoeltoro, Guindoestoymuchomás, Brotesverdessantotomásaquinó, Aídoysumapa, Vertlajodió, etc, etc.

En una de estas villas se puede visitar el rincón de Pepe, el más típico de los restaurantes. “Hasta los Cojones” que así reza su flamante nombre en el cartel de la fachada. Especializado en todo tipo de chanzas, pero muy en especial en aquellas que se habían obtenido del sabroso cerdo, tiene su ubicación en un conocido pueblo por todos llamado con tanta sabiduría, Andayquelesdén.

Aquel medio día como era costumbre, el cliente más fiel de todos sus tiempos, y que respondía al nombre del afamado conquistador de la Troya de Homero, se sentó en su mesa de siempre, según se entraba a la izquierda y junto al ventanal que le permitía sentir y ver la vida como si delante de un televisor estuviera.

Sin decir nada, pues el mesonero todo lo sabía, sirvió el pan, el vino y un vermout de la zona, que ni había ni existía, pero como el tabernero era querido por casi todos, así lo hacían ver y poco costaba seguirle la corriente.

Tal y como era costumbre desde años ha, le llevó los dos pertinentes periódicos. El primero y el más importante, del que sólo y de una profunda ojeada controlaba la contraportada, y que gracias al cual cada día repetía:

—¡Éste es el único que siempre trae una buena noticia!, querido amigo, lo demás es vano, pero déjame el otro, que aún siendo de esta manera de algo me habré de entretener mientras matas el bicho que hoy me he de comer.

Ahí se quedaba el susodicho, abriendo el apetito a base de leer y releer primero las grandes palabras que llamaban su atención y luego el aparente contenido del titular en cuestión.

Cuando al dueño y señor de aquel negocio le salía de la última de las célebres palabras que componían el rótulo de su fachada, llevaba las pertinentes viandas a las mesas ocupadas, así que dicho ya sea de paso, le tocó el turno al personaje de la Ilíada.

—¡Dios!, ¿pero Pepe, esto qué es?, ¿no habíamos quedado en que el chuletón de un buen marrano habría de ser?

—¡Y así es Ulises!, pero últimamente el ganado está engordando en Valdemoro, Ocaña, y Soto del Real, así que toca esperar a que se ceben más, cuando lo estimen oportuno y pasen por el matadero, con una chuleta de esas come el mundo entero. Por eso y para que vuestra salud no se enturbie, en el plato le traigo un polluelo de aroma similar.

—¡Toma y retoma!, usted si que sabe, hoy pollo y mañana porcino, así es la vida de esos que a base de verbo y diarrea, mandan a cualquier a freír cominos, mientras aprovechan y empiezan queriendo simular una hazaña, para luego regalarnos una gran guadaña, una de esas que siega brotes dorados y verdes, con la misma facilidad y devoción, que en la de aquellos gloriosos tiempos, en los que a base de calor nos mataban de amor, los de la Inquisición.

—Fíjese usted lo que dice hoy el papel, ¡al del vater me refiero!, que últimamente las letras de la opinión se disfrutan mejor en esos lares, que tomando café en los bares.

Las noticias como las de cada día, desesperaban a cualquiera. El dueño del restaurante negro tenía el cabello cuando le conoció y gracias al milagro de los divinos seres de la política, esos que de tanto meter la mano en el ajeno bolsillo del contribuyente, viven como mandan los Santos Cánones de la Iglesia, y de la voluntaria apostasía de los creyentes, que fe en todo tienen, menos en lo que debe ser, el pelo plata se le quedó, ¡que no blanco!, pues este otro color con cariño lo guardaba para sus reales facetas, ¡a su cara me refiero!, que así se quedaba cuando leía los enormes titulares que en este caso, y con mucho esmero este fiel a su palabra explica, tan bien utilizaba para limpiar las penurias que después de una buena digestión, aprovechaba y soltaba en la taza de la actual democracia.

Demagogia, blanqueo, choriceo, favoritismos, morcillas y morcillos todos ellos juntos, y de la mano, ¡que está bien visto!, de lado, frente o de espalda, que hasta de eso hay retratos de tan gran infamia y traidores a la patria. ¿Pero qué digo?, si suya es toda la superficie de la ibérica península, incluyendo las hermosas tierras de Canarias y Baleares. En fin, sigamos con el cuento, a ver si encuentro a Caperucita, ¡a la de antes!, ¡claro está!

—¡Tela!, de manera que ahora Blesa la cárcel deja, y ¡fíjate! pinta tiene mejor, que se notan los buenos cuidados de la tranquilidad que emana un encierro tan corto para tan grande y birlada ganancia. ¿No podrías ponerme un costillar de éste sujeto a la brasa?, que luego lo remato con un buen Black Label on the rocks y a la vieja usanza, que me place mover el hielo con un dedo o dos, ¡perdón quería decir Black Card!, que así no aflojo el bolsillo, últimamente ando mal de calderilla y me vendría bien una de esas de las de Madrid, a las tarjetas me refiero.

—¿No prefiere una copa de Pantoja?, quizás le de por bulerías, coplas, seguidillas o fandangos, que falta nos hace un buen cantaor de desventuras, a las de todos los españoles quiero decir.

—Vuestra merced no tiene oído, en cuanto brame el primer sonido me diréis que no es día de matanzas. Por cierto, ¿qué se sabe de la tal y tal?

Como tantas otras veces los vecinos de Andayquelesdén, solían llegar sobre la hora de la sobremesa al restaurante Hasta los Cojones para el mús, pero no el de los naipes, sino el de la tertuliana costumbre de llamar a cada cual por su merecido nombre.

—¡Pepe, Ulises! ¡buenas les traiga Dios! –reverenciaban suavemente con la cabeza según pasaban. Así saludaban.

Todo cliente que entraba repetía la misma escena, daba la impresión de haber sido ensayada durante años, o que lustros llevaban memorizando la misma letra, ¡a saber!, el caso es que tras el desfile de jugadores de versos, estrofas y estopas que entraban a pedir su buena ración, de orujo, café mojado, mejor dicho coñac con una nube de café, anís Pal Payo, ¡que tampoco hay!, pero así rezaba la botella que tantas y tantas veces rellenaban con el Mono, Castellana o la Castaña, la que cogían, quise decir con la tercera o cuarta o escuchando la Novena con Aquino o Beethoven, según le vaya al individuo después de los cuarenta grados a la sombra del licor si era normal o sesenta y siete si era de ese seco con tapón plateado. Pero vayamos al grano que se me va la pinza y no es menester que a estas horas no se me vea de buen ver.

De gritos y otras faltas, las mesas y la barra se iban llenando, pero como si la cosa no fuera con él, así que visto que la tripulación nada hacía por servir a todo el batallón de honorables andayquelesdeños, y algún que otro de por ahí, uno de ellos, al que tocaba el turno, envió la solicitud de abastecimiento por aire y acompañado de un sonoro talento.

—¡Pepe!, ¿toca joder?

—¡Ya sabes, tú mismo y de paso a los demás!, que no quede nadie sin jodienda, pero pagando…,¡ehhh!

Así que el boticario del pueblo tocole la tercera palabra del rótulo y se puso a servir un poco aquí y otro allá muy en silencio y con buena letra, no porque escribiera, sino por la cantidad de líquido e indispensable elemento que echaba en los recipientes de los allí presentes, pero bien que le merecía la pena. Por las tardes no ganaba, tampoco perdía, pero disfrutaba con toda la plana que allí se presentaba, que el resto del día ya estaba para trabajar, así que siguió con su fiel cliente manteniendo la original conversación y aprovechando para subir el tono de la voz, que era la hora de compartir.

—Ahora que ya están todos los que cumplen con el respeto de la sagrada visita de siempre, puedo decirle que en cuanto a la señora referida antes de la llegada de mis fieles peregrinos, no está en Ocaña, Valdemoro o Soto del Real, para ella reservando están un hotel más acorde y especial a sus encantos, que conste que no me refiero ni al pecho ni al… ¡perdón!, que se me iba la letra, y con esto sí que acierto, pues pagar a nuestra Real recaudadora pretende dando uno que otro concierto, es decir y para que os conste, canta a los penalizados por delitos y otros quitos a cambio de un generoso tributo que dicho ya sea de paso, ¡ponemos todos!

—¡Hostias!, ¡no me diga más!, visto que la solicitud de el euro por nacido en estas tierras, a las reales me refiero, no le ha sido concedido por la mayoría, y que de nada le ha servido hacer de Lola Flores, ahora pretende con tan generoso gesto que ella cante y los demás pongamos el resto, ¡al carajo!, ¿hay algún pueblo en la comarca que así se llame?, si me dejas un par de hojas y algo que tinta lleve y sirva para plasmar una idea sobre el papel, aprovecho y escribo unas cosillas, que con un poco de suerte me las publican en El World o El Country y si no, en el Abcdario, La Lógica, La Retaguardia, El Buzón, El Isleño6, Las Autonomías, El Subterráneo, La Prensa, etc, etc.

Sabiendo que de vez en cuando la pluma no se la daba mal, fue presto a por el encargo al El Empapelador, que así se llamaba la papelería del pueblo. Tras breves minutos soltó la promesa sobre la mesa, quizás un poco exagerada, pues dos pidió y le trajo quinientas, a las láminas de blanco papel quiero decir, pero como es de saber y siempre se ha dicho, mejor que sobre a que nos falte. Así que mientras el recién metido a escritor dibujaba la idea en bellas y tiernas palabras sobre los folios, el silencio allí se extendió, pues todos querían dejar al entendido en letras llegar a su inspiración y para eso nada mejor, que beber y callar, que ya vendría la sal de la metralleta de letras del autor.

Media hora después el artículo estaba escrito, por lo que si quedaba algo en entredicho, el primero que tuvo la tercera palabra del rótulo del restaurante, solicitó recetar la monserga en viva voz, por lo que haciendo unas señales, todo el mundo prestó la debida atención y así comenzó con el pregón.

—¡De parte y orden del señor Ulises, y con la autorización de nuestros santos sacramentos, comienzo con los enmiendos!

      ¡Señor presidente!, ¡Soraya!, ¡por Dios!, ¿no se dan cuenta que todo lo que nos cae es metralla?, si no es por un lado es por otro. Ya no es suficiente con el coselete y la cota de malla, por sotavento, barlovento, proa y popa, y en esta última…, ¡ya duele!

      Ahora la Pantoja, contratada para su Mío Cid se me antoja, y del público erario…, del que casi no queda,… ¡vaya paradoja!

     No hay para la “C”, a la hepatitis me refiero y solo es cuestión de dinero, pero si es menester de los Cantares a los reos, ¡por supuesto!, ¡es lo primero!

     ¡Válgame el cielo!, porque a vuestras mercedes les llegará el infierno, y con la estela al resto. Proclaman amor a su país, y les digo, ¡que no son las tierras!, son las personas que ahí pacen y como pueden viven, aguantando y tirando de las carretas, ¡de mierda llenas!, que es lo que cada día florece.

     Es de cobardes dejar que la tropa se hunda en el río, en el océano o allende los mares, y ese ejército somos todos, además los que pagamos y os permitimos llegar a vuestro destino, el mas hermoso que cualquier andante caballero hubiere deseado.

     No sigáis ese camino, cambiad el rumbo, llevad a todos estos marineros con los buenos vientos, que si bien lo hacéis y los mares se tuercen, a todos nos tendréis a diestra y siniestra, defendiendo la justicia con pericia, con justas o sin ellas, pero a vuestro lado.

       Finalizada la lectura comenzó la tertuliana costumbre de los ruegos y lamentos. El primero en alzar la mano y a palma abierta, y como era habitual fue el proveedor de los recursos de la salud, y el interpretador del contenido don Sinvaselino el cual aprovechó su curioso nombre para añadirlo en la farmacia pero con un poco de más gracia y en femenino, por lo que la botica quedó siempre con el nombre de Sinvaselina.

—Entender, entiendo el contencioso, pero mal me sabe que siendo humor tan gracioso empleado sea para dar de hostias a tan bella flor.

Nadie habló ni comentó la situación, pero si otro brazo que alzando a puño cerrado pidió ser el siguiente en cotizar la información. Propietario era del paraíso de la juerga, el único negocio establecido para dar rienda suelta al movimiento del cuerpo, y ya de paso enseñar las piernas descubiertas y alegrar la vista con su mejor esencia, las virtudes todas ellas dispuestas y preparadas para dejarte solo con la ilusión. El Sablazo se llamaba la discoteca, y su regidor, Don Gorrón.

—¡No entiendo a qué tanta queja!, pues todos sabemos que siendo tan artista como es, con guante blanco te cuida la ceja, mientras canta y baila la Beltraneja, que todo quiere para ella dándole igual que el líquido esté o no dentro de la Botella.

—¡Complicado me lo ponéis! estimado Gorrón, sabed que esa mujer pidiendo ha estado por toda la nación, y curioso el tema, porque gente había muy bien dispuesta para suavizar la pena de ese alma tan generosa en coger y no repartir.

Respondió Don Prostituto, dueño de las Iglesias de morado color con bellas damas y doncellas, siempre a la entera disposición del contribuyente a la causa de su satisfacción.

—¡Por supuesto caballero!, poderoso es don dinero, más si cabe cuando llega a manos llenas por echar un cable. Vos sí que sabéis de estos prohibidos manjares, si no, que se lo pregunten a esas candelas que no reparan en daros lo que os haga falta con tal de retribuir parte de lo recaudado, en su propio menoscabo allá en vuestros negocios, y ambos con el nombre de La Prostitución. Pena me dan esas constitutas tan mayores y que seguís machacando a piel y canto.

Sinvaselino no solía castigar con tanto ahínco, pero los calores del jarabe que tanto estaba disfrutando también hacían su trabajo, así que la jornada prometía lo que cada uno quería o entendía, respondiendo con cortesía, buen ánimo y mucha ironía.

—¡Válgame Cristo!, ¿tan grande os parece el mordisco de tan simples criaturas?, ¿qué culpa tienen mis chicas que a tan dulces nombres responden siendo además las de toda la vida? Gaviota, Rosa, la Herramientas, la Ugete, la Comisiones y mis Más queridas, la Divergencia y la Separación, la Gurtel, la Noos y las dos gemelas Eres y las que están cuando no se las necesita, que de esas mucho se yo.

Solo faltaba escuchar a Prostituto pidiendo ayuda al redentor, por lo que sin esperarlo levantó las carcajadas de muchos de los que allí se entretenían viendo los tejes y manejes de uno y cualquier otro lado. El ambiente se caldeaba pero con un solo tema en cuestión, y no era pertinente pues había más de que hablar y criticar, así que Pepe rompió empezando con otra historia que merecía su mención.

—¡Señores!, deciros debo que solicitado he, una carta a sus majestades los Reyes Magos y que con mucha y buena voluntad, nuestro aventurero y marinero, el fiel guerrero al que su esposa aún espera en tierras de Ítaca, ha tenido a bien escribir rogando por una lado, y por el otro dando lo que toca, que unas veces es un pito y otras dolor de pelotas.

El mesonero así dio un respiro a la situación, mientras el escritor plasmaba las necesidades de la población con mucha devoción, amor, esmero, dulzura, ternura y muy querida y obrada leche pasada y de mal sabor.

—Gracias querido amigo, prosigo con la pluma y dicho ya sea de paso, me falta un poco de la fuente de inspiración.

—¿Otro Black Card on the rocks?

—¡Gracias!, vuestra merced sí que sabe que no hay nada mejor que beber y comer con cargo a la cuenta de la opinión.

Vertido el contenido en la copa de la Pantoja, Ulises movió el hielo con el corazón, ¡al dedo me refiero!, haciéndolo circular en favor de las agujas del reloj unas veces, y otras en contraria dirección, dejando claro que sólo paraba en el centro del círculo del vaso, cuando de paladear se trataba.

Miró al cielo, ¡perdón!, quise decir al techo, y de nuevo su sonrisa apareció, por lo que empezó a escribir la hermosa carta a los de Oriente y Occidente.

Al cabo de unas rondas el creador terminó dando por sentado que si algo habría más que anotar, el espacio se había agotado, por lo que el interesado en leer la petición fue el más adecuado en esta ocasión, ni más ni menos, que Don Porculo, párroco y cardenal de las hostias que cayeron y seguían cayendo en las Iglesias y otros lares menos sagrados a raudales. Levantó las dos manos a la misma vez abiertas y palmas hacia abajo solicitando así la venia de la lectura.

—¡Esta me apetece!, así sabré que el contencioso es el original y por lo tanto no se toca el contenido, que suele ser lo normal.

Alzó la primera hoja colocándola en una mesa en cómoda posición para orar con los brazos extendidos, y comenzó con las súplicas descritas en el papel.

       Ahora que el petróleo ha bajado de forma tan notoria, tocando la moral de los inmorales y convirtiendo a los inmortales en lo que en realidad son, añado que aunque los camellos, dromedarios y otros saurios parezcan de oriente, creo que ahora son de occidente, por ello y dadas las circunstancias, me dispongo a rendir pleitesía a esos antiguos magos, que a base de purines llegaron a un destino que durante muchos años sigue siendo cierto, el de los niños que con la Divina gracia de sus inocentes facultades nos da, cede y regala la ilusión que en muchos casos los demás hemos abandonado a su suerte.

       Solicito entonces con la dulzura que mi carácter expresa, los dones o panes que la sociedad desea y en la que por cierto, me incluyo como padre al hijo y Santo de mis calzones, para que presten atención a tan simple rogatoria, sin que por ello perdamos la memoria y por una vez no hagan, ¡lo que les sale de los cojones!

       Dicho por doquier, les garantizo que no quiero nada en alquiler, y con ello no les pido ni un piso ni lentejas, que para ello tengo dos manos, dos piernas, y dos corazones que mandan en la tierra y en los fogones, ¡pero sí les digo!, que tengo interés en ver las cosas de otro color, y con ello no me refiero a los que separan y enfrentan a caballeros, damas, doncellas e ilustres, sino al de la vida, solidaridad, armonía y las ganas de salir sin topar con los muros de las fortalezas que impiden seguir hacia delante.

       Vagos siempre los hubo, y nada podemos hacer al respecto, pero donde más se dio el caso de esos pobres maltrechos, deshechos de sus facultades, ilusionistas de las ambigüedades y transformadores de las grandes verdades, fue entre los “ticos”, y son tantos que ya los griegos siendo inteligentes como fueron, en prevención de sus grandes facultades en las matemáticas y otros menesteres, crearon un prefijo para tener en cuenta tanta multitud, y así ayudados con la gracia divina de los falsos dioses le añadieron el “poli”.

       Son tantos, que sus excelencias no dan a basto ni con tres camellos por ciudad, por ello y en plena conciencia de mis capacidades, les solicito con mucho cariño, rogando si fuere menester, que en esta ocasión el carbón se lo den a ellos, y que éste sea eliminando al menos ochenta de cada cien de esos puestos de trabajo tan ricamente remunerados y apalabrados.

       ¡Más aún!, ¡no es suficiente!, por eso añado más imposibles a mis ruegos, con esos apegos tan característicos de quien ama a su tierra y a sus gentes, rojos, azules, malvas, violetas, verdes, amarillos, e incluso a los incompetentes, que elimine esas diferencias y las vuelva blancas en las personas, que no en la vista, pues sin los contrastes de tanta maravilla, todo sería un nodo.

       Así que ya os dejo excelentísimas majestades, que aunque todos sabemos que no sois reyes de corona y sí de trona, vuestro amado pueblo, ese que con tanto esmero tratáis mientras disimuláis que el interés es lo primero, os pide que los requisitos cumpláis y no por nos, sino por vos, y vuestra conciencia, ¡si es que hubiere!, para que el día que os llegue el último suspiro, al menos os surja sin condena, la vuestra y la de todos.

Finalizada la plegaria don Porculo bajó los brazos y esperó al primer voluntario, que a alguien habría de darle la unción necesaria y perdonarle los terrenales pecados con el consabido vino y su hostia. Todos le conocían desde niños, salvo un nuevo cliente y vecino de Vertlajodió, que creyente como era, entendió como necesario redimir su culpa por sus continuas visitas a Pepita, la constituta de La Prostitución, y así fue, primero la malvasía y luego la real…, ¡Zhassss!, ¡cómo sonó, ¡qué carácter!, ¡válgame Dios!, esa hostia…, era de las de Bilbao, ¡ya se lo digo yo!

—¡Vaya leñazo!, ¡sí señor!, bien ganado lo tenía el campeón, y es que la Educación es lo que es. –Remató un cliente con fama de estar teniente, pero de bolsillos, que de oído ya les digo yo que no.

El perdonado con uno de los carrillos de rojo incandescente color, asumió el divino perdón mirando fijamente a los ojos del condonador, pero nada podía hacer, pues bien merecida la tenía por repetir siempre con la misma, si hubiere visitado también el resto de las constitutas, otro dolor habría sido, y todo hay que decirlo, mucho mejor repartido. De manera que siendo sabedor de haber pagado la primavera, asumió rumiando cabizbajo para sus adentros en lengua desconocida, por lo que no se le hizo caso y continuó la función.

—¡Hermanos y hermanas faltan nos hacen más feligreses!, empezad la fila y así con orden os voy dando vuestras debidas penitencias, que muy necesario es aliviar vuestras conciencias.

¡Ni un murmullo ni movimiento!, ¡allí no abría la boca…, ni el Tato!, que conociendo el peso, potencia y tamaño de la mano del fraile vizcaíno, mejor callar y comer tocino, que recibir otro perdón tan breve y seco, que lo de los Padrenuestros, Avemarías, Rosarios y demás pecados, eran sabidos por la comunidad, y por lo tanto no había mejor monserga que agachar la cabeza con humildad, callar y esperar que la sacudida no viniera por el pecado de la vanidad.

Minutos después del sonoro bofetón, cuando monseñor cabrón diose por aludido, sabiendo que los presentes preferían seguir con sus chanzas a recibir la palabra del Señor en forma de divino hostión, dio por acabada la ceremonia bajando las lustrosas palmas de la mano y por consiguiente, sufriendo por no tener a nadie más con quien jugar al frontón. Pero allí se quedó, pues más a gusto estaba en esta reunión que en la sacristía, salvo cuando a ella asistía, alguna constituta de la Prostitución o alguno buscando placeres y unos empujones en sus reales posaderas, que al buen samaritano, igual le daba un poco de marisco que dar por el ano.

Ulises acostumbrado como estaba a las sanas unas, e insanas otras costumbres de los habitantes de aquellas curiosas tierras, no rompió el pasmoso silencio, esperando que otro fuera el que tomara la alternativa, pero vista la posible garantía de que alguno recibiera el cariñoso saludo en el nombre de Dios, esperó los necesarios minutos para que el aguerrido que siempre daba por el mismo sitio, dejar descansara el hábito de la fiel oportunidad para con sus mañas a las gentes amedrentar.

Sabido era que el escritor gozaba del cariño del pueblo e incluso del clero, y éste último más bien jodido por no poder meter en sus corrales al sujeto que tan diestramente manejaba la pluma, a riesgo de incurrir en otra Fuenteovejuna, qué la una, era el fiel servidor a su propia iglesia y muy poco a la fe del auténtico Señor y el patio lo sabía. Así que sabiendo que el cura no le iba a dar la unción, ni la extrema ni la hostia, abrió de nuevo la boca para seguir con los placeres de la tertulia.

—¡Porculo!, ¡ya perdió el turno de la oración!, ahora toca lo que necesario es, hablar y criticar a la Santa, y para eso ya le tenemos aquí a usted, reflejo de la época en que la literatura servía para guardar dónde nadie la leyera, salvo los curas y demás listos que con permiso del obispado o del cardenalicio, hacían el típico ejercicio de subir y bajar la mano sin más ayuda que la de uno mismo. Dicho esto, es necesario decirle que se le aguanta por temor al Supremo, pero seguro estoy que siendo de tan vieja escuela, donde en lugar de amor se da mucha tela, muy posible es que la cola, ¡a la del diablo me refiero!, le sacuda a usted al final de sus días y después, cuando haya muerto. Tenemos nuevo papa, mucho más abierto y cristiano que vuestra merced, que sigue cerrado en el amor de una jerarquía que todo se lo comía y sigue haciendo y nada deja para los demás. ¡Así pasó!, que a base de desamortizaciones les han ido y seguirán tirando de los… y merecidamente, pues si Jesús hablaba de humildad y de amor, la católica iglesia de su majestad, que así habría de llamarle, prefería la humillación al perdón, el hambre de los otros y el buen yantar para los que hacen devotos, y con la misma frialdad con que la banca engaña al cliente llamándolo paciente de una enfermedad que ni tiene ni padece. Para colmo cuenta no se da, que los feligreses ya leen y empiezan a saber qué es benigno y qué maligno, dando por sentado que quien ofrece lo que tiene es el bueno y quien chupa de los que nada tienen, es el malo. Ni qué decir que los homosexuales aunque siendo humanos hombres o mujeres con diferentes gustos, son juzgados con severo rigor, sin embargo dentro de la que llamáis vuestra fe, se consuma con mucho vigor y parece ser que no es pecado.

El párroco se santiguaba una y otra vez, pero sin poder responder, pues sabía que todo lo que el escritor decía tan verdad era, como la propia vida, y es que el pan duro para uno y blando para otros, un tiempo podía aguantarse, pero cuando ni duro llegaba la masa, el pueblo quería saber que carajos pasa con su esfuerzo y trabajo.

No obstante el escritor más nada comentó al respecto, pues habiendo sacudido dónde debía, se daba por contento. El público sí que andaba con ganas, las de darle en la entrepierna un empujón con unas buenas botas y de refilón, pero como nobles que eran, y no me refiero a los títulos, dieron por bien pagadas las campanadas que allí habían sonado, así que Pepe, viendo que todo estaba listo para otra función, cambió de tema con gran resolución.

—A mí que siendo hombre y caballero desde toda la vida, trabajador en el negocio y en casa, ni quiero ni aguanto la idiosincrasia de quienes tratando están de hundir al santo barón, y con ello me refiero, a todos aquellos que tenemos de nacimiento del par, en sitios respetables, apretados y bien puestos. Una de las últimas fue la ópera de Verdi por todos conocida, pero en masculino apellido.¡Y digo yo!, ¿qué habrá inducido a la ministra de la Igual Dá, a cargar al púbico erario los costes del casi millón de eurillos de nuestros bolsillos, por la topografía sobre la orografía de tan tierno y dulce terreno? Mas sabiendo que no todos son iguales ni siente ni padecen de la misma manera, pues unos disfrutan con simples roces o labios en sus genitales partes y otros necesitan algo más de gravedad en el asunto en cuestión, pues es de saber que a veces es requerido un buen empujón o más por delante o por detrás. No obstante a mí me queda un interrogante, pues cuadrar no puedo con mi forma de ser, proceder de hacer disfrutar, que alguien tuviera que pagar semejante cantidad, entre otras cosas es que por aquellos tiempos la lozana estaba de muy buen ver, pero…, ¿no sería que la pobre criatura poder no pudiera disfrutar de éxtasis en su gran momento y su final, y que sabiendo que donde estaba situada y creyendo estar en razón, pagar por ello con teórico apoyo de unos cuantos y cuantas, que en su buen hacer quisieran ver gritar de una vez a aquella doncella de placer y que una vez conseguido, la benévola diera rienda suelta a su agradecimiento por haber obligado a los agachados a sufrir tales tormentos? ¡Puede ser!, pero aún así a disculpar me veo obligado, puesto que tanto tiempo en tan incómodas posturas debe ser un gran sufrimiento. Por otra parte cabe que el trabajo ejercieran sobre más figuras del parlamento, que en aquellos tiempos las había y algunas de ellas tan secas como un pimiento choricero, y a esas, ¡todo hay que decirlo!, sí que valía no uno, sino diez millones si falta hicieran, pues no solo es un problema de belleza, sino de los escrúpulos que no se han de tener. ¡En fin! así ocurrió, y nos quedaremos con las ganas de saber, por lo que no nos queda otra salida que suponer y creer, que en beneficio fue de muchas de las féminas mujeres, que equivocarse lo hicieron al elegir su pareja, ¡que de todo hay!, caballero hasta en el catre, y animales que sólo entienden de meter y para ello prometer, hasta haber introducido la ausencia de los sesos de quien no sabe querer. Es de imaginar que el que ama a una mujer, feliz quiere verla, pero siempre hay borricos que no entienden que mejor es dejarla sonriente y dichosa, a que recurrir tengan por no quedar otro remedio, a las búsqueda de algún talento apetecible y suculento, que además de empujar, ¡sepa comer!

Aplausos y risas sonaron al final de la narración, pues nada mejor que darle a la opinión que una buena ración de imaginación originada por la voluntaria falta de información, a los políticos me refiero con ello, pues dicen por ahí, que el individuo inteligente es, pero cuando unido está, como un rebaño de ovejas se ha de comportar, mas no en estas tierras, que sabiendo de la importancia de no olvidar, fueron cambiando los nombres de las villas, negocios, y hasta apellidos, con tal de por siempre documentar, recordar y notificar, la tiranía y alevosía con la que los que fueron votados en democráticas elecciones, brindan al pueblo.

Anuncios

8 pensamientos en “ANDAYQUELESDÉN Y LA COMARCA DE LA JODA – CAPÍTULO I completo”

  1. Una profunda, irónica, sarcástica y humorística observación de la realidad actual. Fantástico Fernando como utilizas el lenguaje. Lo difícil lo haces fácil. He disfrutado muchísimo de su lectura. Felicidades.

    Le gusta a 1 persona

    1. Dolors, un millón de gracias, tantas que ya no sé como dároslas. Deciros puedo que es mi natural escritura, combinar lo que se habla dándole un toque peculiar a su arquitectura, el de antes, por supuesto. Otro billón de gracias por vuestro comentario.

      Me gusta

    1. Jajajajajaja, ya te dije que esta pluma cuando de ciertas viandas se trata, no no existe compasión. Me sabe a gloria que te hayas reído de nuestra auténtica historia. Infinitas gracias caballero, sabe vuestra merced, que es un honor.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s