Los objetos antiguos, ¡VIVEN!

La suave brisa del norte entonaba su canto por tierras de Málaga, mientras Altamira, ve más allá y coloca con dulzura y suavidad cada uno de los objetos de años ha en su debido espacio, ese lugar soleado para cada uno de los artículos bien apoyados sobre la web de compraventacolección.com

Suenan las gaviotas, florecen las rosas, canta un ruiseñor y aparece un cuadro de un afamado pintor escondido entre los muebles que antaño dieron servicio a los señores de la mansión.

-Añorados tiempos en los que tus ojos me observaban con devoción y hoy, me susurras con dulzura que va siendo tiempo de mostrar mis bondades, el arte que con amor fue plasmado sobre mi lienzo, la pasión de cada línea, sombra o lágrima, que también las hubo. –comentó el cuadro a viva voz.

Un antiguo plano de Cartagena, ¡a la de España me refiero!, hace los honores plegando con suavidad y delicadeza una esquina, dando a entender que hubo otros tiempos y que ahora los que tocan no son malos, tan solo diferentes.

Basalo, que así se llama el óleo, con unos campanadas del reloj que aloja en su interior, dio la vez a su compañero. Las palabras eran de agradecer, pues es de saber que siendo obra de arte, pero no siempre entendidas, siempre huelen la paz, puesto que mientras les observan reina el silencio, ese que aunque no suena da a entender que te están estudiando de arriba abajo, de este a oeste y de fuera hacia dentro y que infla su ego, el de la obra y el del artista por igual medida.

-Menos mal que estamos vestidos, ¡que si no!, vaya vergüenza pasaríamos cada día, me siento observado y admirado, sin embargo cuando más disfruto, es, es…, cuando abren mis pliegues con cariño y…, y ¡me tocan! Es entonces cuando alcanzo el clímax, el momento cúspide de mi existencia, el punto exacto en el que doy todo lo que llevo, ¡mi historia!

Cada día amanecía de la misma manera, unas veces era el cartagenero mapa, otras el óleo y otras, cuando menos lo esperabas, el Levantino Botijo lleno de agua, que aprovechaba y cantaba a la vida con la esperanza de la recién llegada primavera, piando cual enamorados canarios, gorriones o mirlos juguetones, al amor que encierra el nuevo año, y el pasado si es otoño, ¡qué más da!, si al final es el momento en el que el alma elige que quiere ser de carne y hueso, que también quiere tocar, sentir, oler y amar presenciando y palpando el vigor de la existencia carnal, el placer de la ilusión de alcanzar y llegar a tomar por propio derecho ese sueño que tanto le costó.

Cartagena es importante en este museo, que a su vez es testimonio y vida de que existen piezas tan interesantes, como la Bombonera de la misma tierra. Esperando está a que levanten con sumo cuidado su tapa y vuelva a escuchar tamborilear el dulce tan esperado cuando cae en el interior.

-¡Que recuerdos!, ¡¡umm!, estoy volando con la imaginación, sintiendo en este momento cómo la piel tersa y suave de una bella mujer acaricia el borde de mi cuerpo susurrando entre dientes, ¡no!, ¡otra vez no!, pero sabiendo que en cualquier momento no podría controlar el impulso, quedándose indefensa ante tan sensible y excitante sueño, rindiéndose y exponiéndose ante la evidencia del auténtico frenesí…, ¡qué placer!

La copa de Ámbar escoraba a la derecha…, luego a la izquierda, viviendo esos recuerdos que también sentía suyos, unas veces palidecía, otras brillaba, especialmente cuando en sus recuerdos veía a alguien que vertía el sagrado licor de la lujuria, cogía su pie con dos dedos, contemplaba el líquido y posteriormente con un suave vaivén llevaban a la boca el tesoro almacenado, rozando la piel de cristal de su cuerpo con los tiernos labios que bebían de su interior.

-Ahh!, no puedo más, por favor necesito volver a brillar, llévame contigo por favor y te haré feliz mientras la vida dure. -Murmuró la copa.

Así transcurría el día, entre susurros y armonía, mientras el sifón La Esperanza aguantaba con impaciencia evidente que alguien le diera el turno y por fin, presionaran con la mano su desnudo y bello cuerpo con un tierno abrazo, para que de ese calor surgieran burbujas de ensueño a través de su guía, permitiendo a la copa de Cristal Tallado recibir con anhelo y gracia el tributo del placer deseado.

Velada a luz de candelabro que reflejaba la pasión en la antigua Quesera de cristal, también por cierto del mismo puerto de tierras murcianas que algunos de sus compañeros, hasta que el más noble de los dos sifones, no por nombre sino por sus dos cojones, apareció luciendo su cota de malla, cual viejo soldado, caballero e hidalgo de los viejos Tercios de España, que aun habiendo sufrido las fiebres tercianas y un sinfín de calamidades, se mantenía firme y en posición, rogando que llegara su momento y finalmente pudiera expulsar los buenos humores a base de rozar y apretar su torso, y presionar la pica hasta el fondo.

Discurrida la fiesta de cada día y a la espera de la triste y feliz despedida bajaron el telón, sabiendo que las manos que de ellos cuidaban eran las más apropiadas, pues no solo era la admiración que su escaparate demostraba, sino el respeto y cariño que una obra de arte reclama, más si cabe que permitir deja y apoyan algunas de ellas, que el gozo sea completo, palpando sus preciadas pieles lisas y tan finas que parecen aterciopeladas, con la mano o los labios de quienes saben aprovechar y disfrutar del talento de la obra y del que emocionado…, ¡las creó!

 

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