Crónicas de un éxito anunciado – La llegada – Capítulo II

Capítulo II – La llegada

Al fondo apareció el pueblo, nos dirigimos hacia la dirección acordada y allí nos encontramos a Enrique, esperándonos en la acera de la calle con cara de preocupación.

-¿Pero dónde os habéis metido?

En esos momentos tomé la mejor decisión, dejar que nuestro alma mater soltara todo lo que quisiera por la boca, porque al menos allí pisábamos tierra firme, llana y tenía dónde esconderme, pero se ve que el caballero estaba tan agradecido por haber llegado sanos, salvos y al fin, que saludó y soltó un breve e irónico festival de palabras.

-Hemos decidido que merecía la pena que esperarais una hora y media más de la hora acordada, así nos echabais en falta y ya de paso, volvía a visitar la catedral de Burgos y Casablanca, ¡si falta hiciera!

Nuestro anfitrión viendo la sutileza del que se queja con desparpajo pero que aguanta estoico y no lo manda todo al carajo, contestó.

-Pues haberme avisado, y ya de paso, os habría dado media hora más para ver la Sagrada Familia de Barcelona.

Los ánimos fueron bajando de temperatura, en unos y en el otro sin embargo subieron, justo cuando hizo presencia la reina de la ruta, que vistiendo de rojo carmín color, dejó a nuestro galán “pasmao.

Hechas las presentaciones nos llevó a al interior de la casa de sus padres, mejor dicho, al medio pueblo, porque dentro de esa vivienda casi cabía un campo de fútbol. Un hogar a la vieja usanza, donde el granero, gallinero, corral, chiquero, patio, garaje, farmacia, hospital de día, de noche, aeropuerto, la M-50 y como es natural la vivienda, todo uno en un montón, juntos pero separados y muy bien organizados.

Un tractor con las llantas amarillas y el resto de verde color nos recibió a la siniestra, seguimos y empezamos a ver a nuestros compañeros, por mi gran error separados en el camino. Tengo que decir que se comportaron como auténticos caballeros, pues nada dijeron sobre el tema, y que les puedo decir yo, a callar que no era para menos, jajaja.

Enrique nos presentó a sus padres, Eloy y María Santos, hermanas Rosa y Sole, y cuñados, todos por cierto, encantadores. Una vez cumplido con los requisitos y formalidades del momento, la señora de la casa y sus dos maravillosas hijas se empeñaron en que tomáramos unos aperitivos acompañados de un excelente tinto de cepas centenarias elaborado por ellos. Pueden estar seguros que ninguno dijo que no. Catamos el licor de Baco disfrutándolo y paladeándolo como si fuera el último, en especial mi copiloto, compañero de batallas y fortuna del dios del zumo de la uva fermentada.

Aún quedaban por llegar Pepe Bárcena, su hija María Rey, artista de las ilustraciones de las novelas de Alfareros del Lenguaje, el travieso de Daniel, y que o no digan que le falta la pinta, Abraham, quien de forma completamente altruista, plasmaría con su caja de registros de imágenes el acontecimiento del día con una mano profesional como hay pocas y por supuesto…, Gloria encantadora madre de un cuarteto del que habían venido tres y compañera del alma e inseparable del padre.

Me sorprendío que Ignacio, Nacho para ustedes, o el León de Alcorcón, el Cordobés, etc, y Julito, no hubieran aprovechado la jornada para darnos unos muletazos o unos recortes a lo José Tomás, acompañado de unas banderillas fosforescentes y burros como equinos rejoneadores, pero claro, lo que hasta el momento no sabíamos, es que ellos también se dejaron guiar por un GPS chino, jajaja, así que todos en paz, que cuando hay muchos toros y muchos toreros al final la cornada puede venir de quien menos te lo esperas.

Por lo que estábamos viendo la familia Bárcena también había contratado otro “aparato made in amalillo colol azaflán puesta de sol en Singapul”, pero éste en huelga, ¡como no!, al estilo europeo.

Visto que los invitados que faltaban por llegar podrían hacerlo al día siguiente o un par de meses después, nos fuimos a dar un paseo por la villa, y con órdenes precisas de Don Eloy, quien junto a sus hijas y señora no nos dejaban colaborar en nada, así que visto el panorama, aprovechamos para conocer la historia de Santiuste, allá por el siglo XI. Por cierto grandes en las crónicas de los anales de nuestro país, pues entre otras cosas, fueron parte de la llamada Cuadrilla de Neguillán, partícipes en las milicias de la reconquista de la Ibérica península, asistiendo en la Toma de Baeza, la batalla de las Navas de Tolosa, los cercos a Tarifa o Algeciras entre otros, en las batallas de Olmedo a las órdenes del Marqués de Santillana señor de Coca, en la batalla de Toro con don Alfonso de Fonseca expulsando a los portugueses durante el conflicto entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica e incluso en la batalla de San Quintín. ¡Total ná!, gentes honradas y duras, echas en sus tiempos a hierro y espada, defensores de la cristiandad de los reyes y de lo que ellos tuvieran por idea como noble.

Ilustre villa, ¡si señor!, parada y fonda de multitud de reinas, reyes y la madre que a todos les parió. Incluso causa y motivo por el que Doña Berenguela, madre de mi tocayo el Santo, ¡a Fernando me refiero!, ¡y el IIIº!, tuvo que abdicar en su descendiente barón.

Estudiados los orígenes de estas tierras de fieros y nobles habitantes, llegué a la conclusión, que mejor cuidar la boca, que por culpa de ella cazan al gorrión, que no por cantar, sino por buscar un cómodo yantar, pero no así, y para mí en esta ocasión, porque aunque peces no hay en la zona, anzuelos y redes pueden sobrar.

Ya en la iglesia, cerrada porque era muy tarde, nos dimos de canto con una bella y antiquísima piedra pila bautismal, algunos, pues como el bestia que narra esta historia, no sabían que podía hacer una copa tan grande y finamente tallada allí, pero ese es otro cantar.

No recuerdo quien fue, si Julito, Nacho, Altamira e incluso yo mismo, pero desde lejos vimos un carro antiguo con sistema de bombeo, y claro, con los vinitos entre pecho y espalda, a uno de nosotros se nos ocurrió decir.

-¡Mirad!, un carro con un sistema para bombear vino.

Así que nos acercamos al aparato y dimos las gracias porque no hubiera nadie que escuchara semejante barbaridad, puesto lo que allí estaba colocado a modo de monumento, no era otra cosa que un carro de bomberos del siglo XIX, y muy bien cuidado, por cierto.

Mira por dónde aparecieron los rezagados, familia Bárcena casi al completo. Saludos van y vienen y…

-Hace un poco de calor, ¿qué tal unas cañas?

Visto que nadie decía nada y que el silencio es una buena respuesta, los más valientes nos adentramos en Las Chicas, de cuya gracia y talento destaco a la mayor. El grupo visto que los más jabatos habían tomado el normal camino de la barra, empezaron a aparecer. Caña va caña viene, que si una sin alcohol, un bitter, ¡que no!, que son dos, ¡hostias!, ¿estás seguro?, ¡que sí coño!, ¿ya hora qué hacemos con el que sobra? Ya saben las típicas costumbres cuando entran muchos en un lugar tan sano y empiezan las peticiones. Demos gracias a que no era la hora del café.

Mientras observábamos si teníamos los vasos medio llenos o casi vacíos, recibimos la llamada de nuestro anfitrión.

-¡Fernando!, venid echando leches que se enfría la comida.

Vista la urgencia, avisé al batallón y pedimos la cuenta, a la que Don Rafael, alma dispuesta a todo, solicitó la venia y autorización de hacerse cargo con la importancia de la contribución, y así se hizo. Pidió la cuenta para pagar los tragos y en ese momento de nuevo se armó.

-¿Señorita, puede darme una factura? -Solicitó Rafael.

Apareció la sonriente y destacada señora o señorita que nos había servido y con un tono castellano, frívolo y valiente cargado de humor al más puro estilo cabrón, le soltó:

-¿Una factura?, ¿y para que la quiere?, ¿no se fían de usted?- Respondió Mercedes, esa encantadora señora o señorita que dejó a nuestro alma mater en cao técnico cuando solicitó la factura en el bar.

Que les puedo decir de la cara de nuestro pagador, ¡un poema!, así se quedó, sin saber qué hacer ante tan dulce e irónica respuesta. Viendo el panorama, entré en justas, que todo hay que decirlo, ¡que a  mí…, éstas me gustan!

-Mire con un trozo de papel nos vale. ¿Te place Rafa?, que aquí las costumbres son otras.

Y así hizo, sin más, cogió un residuo que allí le quedaba de algo similar a una porción a un folio simétrico, trazó perfectamente unos números y por supuesto el concepto, ¡que no falte! Bebidas tanto y eso sí, como honrada que es, añadió el Santo y Seña con dirección y CIF incluido a base de un sonoro tamponazo. ¡Como para quejarse!

Nos despedimos de la simpatía personificada en una bella sonrisa que nos indicaba cómo, y de qué manera nos habían colocado un punto, ¡mejor dicho!, queda mejor…, ¡colado un golazo!, y nos dirigimos con regia marcialidad a cumplir con las obligaciones y menesteres tópicos de la zona, en castellano de toda la vida, a recibir el cariño y mejor agasajo que te pueden regalar, por parte de una familia que antes desconocíamos y que ahora están en nuestros corazones. Gentes honradas que dan lo que tienen empeñando sus almas en atender a sus invitados como Dios manda, o mandaba, según se vea. ¡Ojo!, que no se malinterprete la frase, que no tiene segundas. ¡Al diablo me refiero!

 

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4 pensamientos en “Crónicas de un éxito anunciado – La llegada – Capítulo II”

  1. Inmejorable y en tu línea. Cuando narraste la contestación, de la chica, a Rafa, se me vino a la mente como si de un video se tratase la cara de Kaos técnico que se le quedo… Jajaja. La pena no haberlo grabado. Claro son cosas del vivo y en directo que no dan tiempo para realizar la grabación.

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  2. Jajaja, así es, tengo la fotografía en la cabeza, son instantáneas que jamás se borran. Pues ya verás con lo que viene, ayer narrando la presentación se me caían las lágrimas de la risa, no podía contenerme. Gracias Nacho

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  3. Qué pena no haber estado con vosotros. Espero que en algún momento alguien se acordara de mí un poquito, yo si os tuve presentes, deseándole mucha suerte a Eloy desde mi corazoncito. Sé por experiencia la emoción que se siente al presentar una obra. Con vuestro recuerdo me daría por satisfecha. Besos.

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    1. Una pena Doña Matilde, pero puedes estar segura que nos acordamos de todos los que por diferentes motivos no pudisteis estar, pero así son las cosas siempre como los pimientos de padrón, unas veces sí y otras non. Besos

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