El cuento… de cómo unas aves carroñeras conquistaron un país

Segunda y última parte de la fábula

Los políticos viendo que las multitudes se les echaban encima fundaron nuevos partidos políticos, tantos como pájaros había, hasta que llegó un momento que los enriquecidos gobernantes diéronse cuenta que a la cárcel podrían ir a parar. Policías de diferentes cuerpos y provincias colaboraron en buscar las armas del delito, hasta que por fin, las encontraron.

Buitres y cuervos viendo que en la cárcel iban a parar, comenzaron a buscar soluciones que les permitieran esquivar la Ley, ¡y así ocurrió!

-¿Qué tal si hacemos hincapié en independizarnos del estado? – dijo el buitre.

-Es lo más conveniente, así desviamos la atención y ya de paso, si nos sale bien, ningún país extranjero podrá juzgarnos por corrupción y traición a nuestro pueblo. –Respondió el cuervo.

Nada les importaban el resto de sus compatriotas, tan solo había una prioridad, ¡ellos! Elaboraron un plan que tenía como base la educación de los infantes, todo aquello que con facilidad daba resultado al poco tiempo. Cambiaron la historia y hasta la geografía, apropiándose de ríos que suyos no eran y despreciando su origen y nacimiento.

Las fuerzas de seguridad del estado comenzaron a presionar hasta que encontraron las pruebas que hacían falta, pero…, como todos los políticos de la época estaban hasta el cuello por las mismas causas, no dejaron actuar a la justicia, ayudándose unos a otros para evitar que también les salpicara ese asunto tan incómodo.

Un día aparecieron unas cotorras que se aclimataron muy bien al tiempo. La base de su  alimentación era la miseria de los demás, llegó un momento en el que su población se hizo inmensa. Entonces poco a poco fueron acabando con las aves en inferioridad de condiciones, primero atacaron sus nidos comiendo sus huevos para luego comenzar con los poyuelos. Un desastre de inmensa magnitud, llegaron a ser casi tantos, como los que allí habían nacido y tal como ya ocurrió en otros tiempos fundaron su partido político.

Los buitres y cuervos viendo que aquella ocasión les podría ser propicia aprovecharon y con ellos se pusieron de acuerdo, defendiendo en primer lugar el graznido como lengua única y al resto, ¡Andayquelesdén!

Las cosas empezaron a ir a su favor, el gobierno central no encontraba la manera de eliminar el cáncer que habían detectado en la unidad, y no por falta de interés, sino por los miembros, que uno tras otro iban cayendo por corrupción, amigos y enemigos de diferente formación, pero todos ellos con un punto en común, el dinero que a mansalva se habían llevado de mutuo acuerdo o que los otros conocían y por lo tanto, se quedaron sin la mejor arma y triunfó la peor de todas, ¡la inoperancia!

Jilgueros, ruiseñores, canarios y mirlos entonaron sus mejores acordes en la región, cantando a diestro y siniestro el problema que vendría para toda la población, pero ya era tarde, el mal estaba tan fuertemente implantado, que nada pudieron hacer. Viendo que posiblemente aquellos pájaros cantores pudieran tener razón, algunos cuervos cambiaron de opinión, por lo que al poco tiempo el pico les cambió por una anaranjado color y dulces melodías acompañaron al batallón.

Cuervos, buitres y cotorras seguían soñando como antaño, cuando visitaban otros países, tiempos aquellos en que como auténticos poderosos y ricos reyes se dejaban los caudales de sus congéneres, ¡qué época aquella! Cada día su objetivo estaba más cerca, pero…, les faltaba financiación para llegar a culminar con éxito su campaña. Viajaron por uno y otro lado, hasta que la obtuvieron del peor aliado, del mismo que hacía muchos siglos y gracias a los diferentes intereses de los reinos, conquistaron el país al completo. ¡No había escrúpulos!, ¿para qué sirven?, es un mundo globalizado y solo destroza los grandes negocios. ¡Qué necios!, jugaban con fuego y estaba por llegar el incendio.

Trazaron el plan definitivo, el que les llevaría a la gloria evitando así la justicia de la nación a la que pertenecían, esa que antaño y gracias al esfuerzo de un colectivo común, había sido la más poderosa y generosa para sus conciudadanos y que hace unos pocos años, incluso entre los ocho primeros países se había posicionado, y eso a pesar que contaba con muy poca población en comparación con los siete primeros.

Mujeres y hombres duros y concienzudos de su capacidad consiguieron la mayor de las democracias, crecer y ofrecer la mejor sanidad y jubilación, y ahora…, por la avaricia de unos pocos, todo se iba a ir al traste. ¡Qué paradoja!

Cierto es que muchas otras provincias no se daban cuenta que ciertas ventajas podían ser contraproducentes, en especial cuando hay quienes trabajan duro, apoyan con sus tributos y no entienden el campo en algunas zonas rurales, una ayuda llamada PER fue una de ellas, puesto que garantizaba el salario durante todo un año trabajando tan solo una temporada de cosecha.

Como les decía orquestaron la que sería su última estrategia, ampararse en unas elecciones regionales para reivindicar el voto separatista, por supuesto inventando auténticas barbaridades y mintiendo como bellacos a sus propios ciudadanos.

El poder central que nada podía hacer por defender los intereses del conjunto de la nación, dejó correr las aguas intentando demostrar que no ocurriría nada, pero…, llegó el trágico momento.

El real águila, mirlos, gorriones, ruiseñores, canarios, palmeros, patos, ocas, tórtolas, halcones peregrinos, cernícalos, ¡y demás pitos, flautas, reflautas y el copón de la baraja!, quedaron en inferioridad de condiciones. De nada servía el esfuerzo de los que intentaron hacer ver el futuro resultado, pues los cuervos, buitres y cotorras a millones aumentaron tanto el sonido de sus graznidos utilizando incluso la censura en los medios públicos de comunicación, y nada pudieron hacer.

Hartos de luchar contra la mentira y la corrupción, solo quedaron en esa región los de mal agüero, esos que defendiendo su vanidad y voraz apetito, vendieron su patria a los antiguos conquistadores, cumpliendo así con la peor y más vil azaña, ¡la traición!

El resto del país que dio origen a la libertad, expansión, integridad, derecho y futuro, se cansó de intentar dar a conocer la realidad. Así que cerraron las puertas a cal y canto, como el resto de los buenos aliados, que en previsión de sufrir los mismos percances optaron por evitar apoyar a los causantes. Pasado un tiempo en el que los recursos mermaron en tierras ya extrañas, los independentistas ahora gobernantes de la Real guadaña, se vieron obligados a negociar de nuevo con sus peores enemigos, era la única salida que les quedaba para obtener la liquidez que permitiera vivir dignamente a los regentes, amigos y familiares de ese estado, al resto… ¡Andayquelesdén! y a la comarcad de la Joda.

Y colorín colorado, este cuento…, ¡nada ha mejorado!

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