Animalismo, animalistas. ¿Dónde está el equilibrio?

Animalismo y Humanismo. ¿Dónde está el equilibrio?

Espero no tener que escribir más sobre el tema, pero no me ha quedo más remedio, puesto que hay quien piensa que mi tono ha sido exagerado en cuanto al artículo que publiqué el martes por la noche y que hace referencia al torero fallecido en el ruedo hace unos días.

Para aquellas personas que puedan pensar que no tengo sensibilidad hacia los animales, quiero decirles, ¡que nada más lejos de la realidad! Me crie en un precioso pueblo de Gran Canaria, rodeado de palmeras que superaban los treinta metros de altura, un auténtico paraíso y por cierto, ¡rodeado de perros, hasta veintitrés a la vez, gallinas, patos, uno de ellos el más pequeño y al que llamábamos Fernando con mucho carácter y humor, un experto tomador de pelo para sus compañeros de especie, un gallo con tres pares, entre otras cosas porque el tío no tenía suficiente con las gallinas y se escapaba para hacerle la corte a Roberto, un loro parlanchín que nos dejaban unos amigos de mis padres durante sus vacaciones para que se lo cuidáramos y al que siendo unos niños, le echamos el humo de un porro de aquellos tiempos y nos dio un susto que pa qué, ¡una vez y no más Santo Tomas!

En aquellos tiempos, estoy hablando de finales de los 60 y principios de los 70, no había consolas, video juegos, pitos y de más flautas, eran años en los que los críos jugábamos con los cochecitos que ahora no quieren, al balón si había un afortunado, la bici, que eso era la hostia, ¡se lo digo con todas las de le Ley!, con los amigos y por supuesto con nuestros animales.

Curiosamente vivían encima de un restaurante que por entonces era famoso en Canarias y que hoy está caput, como diríamos de niños. La azotea era tan grande que allí convivían todos, incluso palomas y conejos, que se me había pasado. Los perros no atacaban a la familia de bichos, salvo uno, el padre de todos los caninos, que lo hizo en una ocasión con el gallo, pero se llevó tal picotazo en el morro que desistió. El caso es que el Turco, su nombre de pila, al can me refiero, se buscaba la vida saltando y escapándose a cazar otras gallinas y  patos que no fueran del entorno en que vivía, ¡palabra! El caballero de cuatro patas jamás renunció a dar caza de vez en cuando a algún despistado emplumado de la zona, de manera que de vez en cuando a mi padre le tocaba soltar la minuta correspondiente por los daños infringidos.

El caso es que era un restaurante y jamás matamos nada para la olla, ¡nada! ¡Disculpen que miento! Mi abuelo trajo en una ocasión un cabritillo que cuidé unas semanas y sin decir nada un día me lo encontré en el plato. Solo puedo decirles que lloré lo que no está escrito y que dejé de comer cordero durante años, precisamente en un sitio en el que era una de sus especialidades.

Con mis hijos me pasó algo parecido, no llegó la sangre al río pero porque no me esperaba lo que iba a ocurrir.  Lo relato brevemente.

Jarandilla de la Vera, seis o siete años atrás y entre las 19 y 21 horas.

-Chicos, mañana vamos a comer cochinillo, ¿qué os parece?

Los niños encantados, porque les gusta, ¡que no es pecado! Me habían dicho un sitio para ir a por ellos y otro donde asarlo, así que con mis retoños en la nave, nos pusimos viento en popa y a toda vela, cuesta abajo y sin prisas, al lugar señalado.

-¡Muy buenos días! Me han dicho que venden cochinillos.

-¡Buenos días!, sí, ¿cuántos quiere? –Me respondió el caballero con ganas de hacer una buena caja.

-Somos dos adultos y dos niños, de manera que con uno creo que me vale.

-Espéreme aquí, que tardo unos minutos. –Y eso hice fuera de la casa mientras disfrutaba un cigarrillo al amparo de la primavera de aquellos lares, ¡hermosa, muy hermosa, por cierto!, quien no conozca la comarca de la Vera, no sabe lo que se pierde.

Antes de que acabara con el pitillo apareció el ventero, que resulta no era tal, ¡sino ganadero!

-¡Aquí lo tiene!, ¿le gusta éste?

-¡Oiga, que está vivo! ¿Qué quiere que haga yo con él?, pero, pero, pero si le miro a los ojos, ¡me lo llevo de copas!

Y así fue, esta es una historia tan real como la vida misma, nos quedamos sin comer gorrinillo y por supuesto esta pluma sin nuevo compañero de vinos, ¡faltaría más!

El Duque del Altozano es lo último que editado, ¡un mirlo! y no por casualidad, sino porque El duque con más colorllevo años observando su gracia cuando corretean, ¡que lo hacen! y lo bien que cantan. Son una maravilla venida del cielo, de ahí que un día publicara un artículo que está en este blog sobre las cotorras. Están invadiendo territorio que no es suyo y ciertas asociaciones y organizaciones las defienden con uñas y dientes, sin tener en cuenta que por donde pasan, no queda nada, terminan cargándose hasta los pinos donde anidan, siendo además un peligro constante de los paseantes cuando uno de esos enooormes edificios de paja y barro familiares que construyen, se cae por su propio peso.

He ahí la diferencia entre una persona que ama y quiere a los animales, pero que sabe hasta dónde llega el límite.

He estado buscando en el diccionario de la R.A.L.E. la palabra “animalismo”, y no existe, lo más próximo que te da es canibalismo y extremismo, no me extraña, porque los animalistas ya hace tiempo que no saben dónde está la frontera entre lo humano y el reino animal.

En verdad pienso que es como decir machista, una palabra que suena como debe hacerlo, ¡muy mal!, porque es el extremo de una persona tratando a otra, ya sea ganadero o ganadera, ¡que lo mismo da! Con el amor por los animales ocurre lo mismo,  no soy nada lista y les quiero, cuido y protejo, pero hasta el límite de la razón.

Ayer por la mañana en Facebook, después de la que se había montado con los desgraciados Niño acariciando un toroque faltaron al respeto del fallecido y su familia, hubo quien colocó a un niño de entre seis y ocho años acariciando un choto, un toro que tendrá un par de años y algo. Tengo que decirles que me indigné, porque ese astado ha sido criado con la familia, por lo tanto siendo así, es inofensivo para ellos, que no para el resto.

Todos los días se ven vídeos como esos, y la verdad, ¡gusta verlos!, ¿pero se han parado a pensar si eso es posible de verdad? Solo hay que ir a Soto del Real u otro sitio a coger unas setitas entre ellos, se lo digo a los animalistas, paseen tranquilamente por allí, pero ¡tengan cuidado!, que soy setero desde años ha y cuando voy me juego el tipo. Alguno ya perdió la vida por una cornada traicionera. ¿No se lo creen?, ¡vayan, vayan y hablen con los toritos!, ¡sí!, díganles lo hermosos que son al oído. ¡Esa es la realidad!, y lo demás, ¡ciencia ficción señorías!, ¡por favor!, que no me he caído del árbol, habrá quien sigue saltando de rama en rama y no ha evolucionado, pero éste que narra, ¡no!

O un paseíllo en zona de tiburones blancos a nado, o entre cocodrilos, leones, panteras, tigres, serpientes y luego, ¡si sobreviven me lo cuentan! y lo publico, ¡palabra! y vamos a pachas con los ingresos.

También resulta curioso ver como se utiliza el amor por los animales políticamente hablando, ¿qué no? Miren ustedes. ¿A qué partido pertenecen la mayor parte de esas personas que defienden con tanto ahínco a los bichos? ¡No, no seré yo quien se lo diga!, ¿qué tiene que ver la velocidad con el tocino? ¡Nada, pero ahí está!, por lo tanto una señora o señor pudiente que tiene sus Yorkshire Terrier, a los que quiere con locura, mima, les viste, coloca zapatitos incluso una correa de brillantes para que se sientan felices, también debería ser del mismo partido, y si no lo es, es que nos está engañando y no ama a los animales. ¿No es así?

Hay muchas maneras de adoctrinar y una de ellas se basa en hacer creer que todo está mal. Llega un momento en que los estudiantes de esa universidad de la calle y de la vida se lo creen. ¡Claro que sí! y luego viene la manteca en forma de todo va mal, esto es un desastre, hay que hacer algo, vamos a luchar y esas cosas tan típicas de las personas a las que sin darse cuenta, han estado utilizando en un solo beneficio, ¡el suyo!

Lo vengo viendo en las redes sociales desde hace más de dos años, ¡por supuesto!, siempre es la misma historia, ¿no lo han visto?, pues observen a partir de ahora y ustedes mismos lo verán y comprobarán.

Se puede estar a uno u otro lado, defender esto o aquello, lo que sea, que lo respeto todo, pero cuando veo cretinos, “porque no tienen otro nombre”, engañando a las personas, se me revuelve el estómago, y con ello no quiero decir que todo el que cuelgue temas de animales lo sea, ¡válgame el cielo que no!, entre otras cosas porque yo mismo lo he hecho y seguiré haciéndolo cuando me plazca, me refiero a quienes sí utilizan la sensibilidad de los humanos para llevárselas a su lado. ¡A eso me refiero!

Por otro lado somos inteligentes en gran medida por haber ingerido proteínas animales, ¡no lo digo yo!, ¡busquen en Internet y lo verán!, está científicamente demostrado, de ahí que los simios se quedaran dónde están y los demás, hallamos evolucionado.

Ahora que me he quedado en paz con el mundo animal y conmigo mismo, redundante pero a propósito, les digo, debemos analizar lo que se ve y dice en las redes, es fácil colgar cartelitos o cartelones con publicidad engañosa, tanto que se ve con frecuencia, tan solo hay que pinchar y comprobar si el escenario es o no realidad.

Contesto a todos y cada uno de los comentarios, es una sana costumbre que sigo desde siempre. Gracias y un fuerte abrazo, ¡que no falte!

Amo a los animales, ¡sí!

pero no los antepongo a las personas.

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4 pensamientos en “Animalismo, animalistas. ¿Dónde está el equilibrio?”

  1. Creo que hemos perdido la sensatez en muchos aspectos de la vida y esta es una de ellas. Quien te conoce sabe de tu amor por los animales y también la línea que separa lo humano de lo animal. Y lo olvidamos. Te he reencontrado otra vez en tus historias, anécdotas y pienso que muchos deberían aprender de tus experiencias.

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  2. Entonces del veganismo ni hablamos, ¿no? Bromas aparte, tienes toda la razón, Fernando. Te entiendo, no se debe llevar nada a los extremos. Ea! , a seguir siendo tan vehemente.

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    1. El secreto de la balanza no está en los platos, sino en el palo de enmedio, ese siempre se queda firme, tieso y seguro de lo que hace, jajajaja. La vehemencia es parte de la locura de quien cree que debe dar a conocer lo que de alguna forma no tiene sentido, así que has ganado un tanto de chicas a pares y un millón de gracias por visitar esta casa, que de humilde solo tiene el corazón y el agujero de los bolsillos, jajajaja.

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