Una agradable sorpresa

Visita programada, venían a verme desde el otro lado de la provincia, San Sebastián, pero de los Reyes, era uno de esos días en los que aquel famoso anuncio de cuchillas de afeitar que rezaba, cuando un hombre se la juega, ¡la clavada realidad!, tienen mi palabra.

El punto de encuentro en la estación de ferrocarriles de Ciempozuelos, llegaría tarde por motivos laborales, pero ante manjares de negocios tan suculentos, debía jugármela con una escalera de color, cartas que a esas horas no tenía. Por la mañana me dediqué a buscar un restaurante que me diera la garantía de tener la cocina abierta sobre las 16 horas, algo poco habitual y además, que cumpliera con los cánones típicos de quien quiere entrar y salir por la puerta grande.

Un sitio era el único que cumplía con los requisitos, casualmente en el que dos o tres veces por semana paraba a tomar Arrea, un ribera de marca Pepe al que sus propietarios y otros profesionales habían añadido tan singular nombre y que por cierto, viendo ayer una peli en mi portátil, averigüé el motivo.

Se acercaba la hora, el tren con puntualidad extrema se presenta en la estación, el negociador sale de él, nos saludamos efusivamente y ¡hala, a comer!, que son unas horas, a Las Pirámides de este pueblo. No piensen que se las trajeron porque no es así, simplemente un nombre que no sé qué pinta en tal taberna. Curiosidades y caprichos de la vida.

Llegamos tras el paseo, nos sentamos en la pertinente mesa de la mano de una rubia camarera, no añado su nombre porque entre otras cosas no lo pregunté. Me habían dicho que la futura cocinera estaba a unos días de llegar, por lo que hice caso a alguien que me chivó un secreto.

-Si vienes a comer, el menú está de lujo. –Doña Tecla el día anterior mientras le daba un par de Arreas al vientre.

Lo normal en los negocios es comer a la carta, pero como tenía la excusa de la hora, me quedaría bordado.

-¿Desean comer a la carta o menú? –Me preguntó la señorita, o señora, ¡vaya usted a saber!, a lo que contesté que estábamos dispuestos a deleitar e ingerir la simpleza de las viandas que tienen elaboradas como comida habitual. Nos cantan la breve melodía a viva voz y nos decantamos por la Ensalada de Asadillo con Ventresca de primero y Albóndigas en salsa de segundo. Para beber ella prefiere el líquido elemento que nos brinda la naturaleza cuando llueve y el pájaro, prefiere ser compañero de Baco durante la comida, pero con suavidad, con un par de copitas salimos Arreando, jajaja. ¡Vaya con el vino!

Nos traen la ensalada y… ¡qué sorpresa!, muy buena presentación, no me esperaba que ante un simple menú pudieran utilizar tanto tiempo, pero quedaba lo importante, probarlo.

-¡Caray!, parece que en este sitio no se andan con bromas a la hora de tratar la comida. –Comenté.

Mi acompañante degustó lo que tenía en frente y disfrutó, ¡qué les puedo decir yo!, tan solo que cuando me llevé esa simpleza tan rica de pimientos asados a la boca, volé por el cielo. Aderezada con unas gotas de excelente aceite de oliva y un golpe de Módena bien reducido, quedaba perfecto.

Finiquitada la experiencia llegaron las pelotas de carne con su salsa, espesa y rosada, tirando a rojo, como si fuera una crema densa. La probé y voilé, de nuevo estaba de lujo y què decirles de la carne, ¡extraordinaria!

De manera que ya saben, si alguna vez pasan por los Ciempozuelos de Dios, en la plaza el arquitecto que hizo entre otras cosas La Cibeles y Neptuno, Don Ventura Rodríguez, nacido y fallecido por la gracia de Dios, tienen un lar de confianza para dar rienda suelta a su paladar, ya sea a base de ¡Arrea chato!, ¡cómo está el vino!, o ejerciendo los placeres de la mandíbula y dándole a la húmeda, como antes se decía en los castizos foros de las madrileñas plazas de toda la vida, para disfrutar de los honores de una buena comida.

Restaurante Las Pirámides, he ahí su web por si quieren conocer el sitio. Como siempre este blog está abierto a comentarios críticos ya sean de diestra o siniestra, nada mejor que una mano abierta para seguir cumpliendo con parte de mi cometido, darles seguridad y garantía a la hora de elegir el placer de el arte de la gastronomía.

Restaurante las Pirámides

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3 pensamientos en “Una agradable sorpresa”

    1. Si vuestra merced se digna a venir por estos lares perdidos de Dios, no tengo inconveniente en enseñaros tan bello lugar, pero andaos con cuidado, que el El Duque duerme por estos sitios y últimamente anda un tanto revuelto, debe ser el olor a primavera, jajaja.

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