Virginia en Ciempozuelos.

Tiempo ha desde que conocí a Virginia de las Heras. Aún la recuerdo de obras en La Casa Bonita de Ciempozuelos, desde entonces 21 años tienen la culpa. Aquel día me llamó la atención el carácter y seguridad que emanaba, amen de la decoración, el café que servía y cómo no, la música, ponía lo mejor de la época en Madrid.

Esa mujer hecha y derecha se recorría unos años mas tardes Marruecos en un Quad cuando los descansos se lo permitían.

Cerró ese sitio que embrujaba con la última crisis, pero mira por dónde, en la misma plaza de entonces, punto de homenaje a Ventura Rodríguez, arquitecto y diseñador de la Cibeles y Neptuno de la capital española entre otras cosas, le da por dirigir otro local pero en sintonía con la calidad que ella lleva en su sesera, eso sí, en esta ocasión trae al pueblo un Galway, cervecería irlandesa especializada en Guiness y otros zumos de cebada, trigo, patata  y a saber.

Si hay alguien capaz de poner esta localidad de moda, es ella, pueden estar seguros, la gente del pueblo lo sabe, como antaño, cuando de las villas de alrededor nos veníamos a disfrutar de la marcha de Ciempozuelos.

Con un par de decenas de docenas y un tanto más de lunas de a 28 días, las cosas cambian, pero en este caso ¡a mejor! El pasado viernes lo puede vivir en color, a oído fino y en directo, tomándome un par de medias pintas de algo que sabía a casera con cerveza, una clara, quiero decir, mientras disfrutaba de un magnífico concierto de los Beatles, un dúo maravilloso de a dos guitarras y una voz donde la música volvía a traer la magia de quien sabe tocar y enviar notas al aire que invitan a soñar.

Esas medias pintas hicieron su trabajo después, mientras saboreaba tan curioso jarabe con un toque dulce a la vez.

-Oiga, esto que me ha puesto sabe a cerveza con casera, le pedí cerveza.

-Pues claro, es desperado. –El camarero.

-Mire, que yo no estoy desesperado, tómeselo con tranquilidad y cuando tenga tiempo póngame media pinta de cerveza.

-¡Que no hombre, que no!, disfrútelo, eso es cerveza con tequila desperado. –De nuevo el barman.

-Y dale con desesperado, ya le he dicho que estoy muy tranquilito y viviendo el momento.

-Es que se llama Desperado, ese es el nombre de la cerveza. –El atendedor.

-¡Anda, jajaja!, y yo sin saberlo, nada, nada, ya me la tomo, ya.

Estaba de lujo, a la segunda hasta bailaba, ¡ya te digo!, y  dos eurillos de ná la media, así sí.

En fin, un concierto maravilloso en un entorno magnífico y con una mujer como directora con temple, arte para dar y tomar y ganas de volver a las andadas, como mandan sus cánones y los de quien gustamos de la buenas ondas y compañía.

¡Bravo Viriginia, bravo Galway, bravo!

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