«Fairy, Mistol…»

¡Increíble!, vaya partido tan extraño, nada más arrancar el colegiado se ha visto obligado a parar el encuentro, nada serio espero. -¿Qué se ve en la mano de la capitana «moradina» del morado cementerio? Algo lleva, no se distingue. –Espera, mira, mira el monitor del estadio. ¡Fairy, lleva un bote de Fairy! Ni idea, aún no sabemos qué piensa hacer con el detergente. Se va corriendo al medio de campo con una bayeta, echa parte del líquido verde espeso justo en el centro y comienza a borrar la línea que divide el campo.

-¡Leches!, Iglesias decía que en su casa solo utilizaban Mistol. –Comentarista.

-No tenía noticias de eso, pero con un casoplón como el suyo… ¡no cuadra!, nos querrá colocar otra. ¡Ahí va!, ¡salen más burros volando, no van a dejar espacio abierto! –Otro comentarista.

Su consorte se va corriendo en dirección  al banquillo, pide algo, se lo dan y se dirige en dirección a su amantísima.

-¡Se están cambiando los trastos! Ella se queda con el frasco, parece, parece un…, ¡spray blanco! –Comentarista.

-No me lo puedo creer, está pintando una cruz en el punto del círculo  más próximo a su portería y no pasa. ¿Pero qué arbitraje es éste?

-Ambos dicen que eso no se pisa, ¡que no! –Comentarista dos.

¡Coño!, ha pintado el símbolo femenino, en el césped aprovechando el círculo central. ¿Y ahora qué? Se acerca el árbitro a la pareja violeta y algo les dice. Ella parece bufar cual toro de lidia, mira a los ojos del colegiado y…

-¡Vaya hostia le ha calzado, qué hostión en sus partes, madre mía! El árbitro cae al suelo agarrando sus pertenencias, ahora deben ser huevos rotos a plato desparramao, supongo. El ambiente se caldea de nuevo, los jugadores del equipo de la derecha increpan la violenta escena, pero ahí se queda todo, ¡en naaaaada!

El ruido del estadio es ensordecedor, piden la expulsión del pie volador. Aparecen los jueces de línea, solicitan el VAR para tomar la decisión oportuna y vuelven a repetir la jugada a cámara lenta en los dos monitores del estadio.

-¡Vaya leñazo se aprecia, qué efecto!, al colegiado le han operado de un solo puntapié. Esa jugadora debe irse con tarjeta roja para siempre. ¡Y así es, el cuarto árbitro mete la mano en el bolsillo y la saca!

-¡¿Pero qué rayos es eso?!, ¡una tarjeta morada, le ha enseñado una tarjeta morada!, si no existen, ¿esta en el código? Veamos… Pues sí, para este partido sí. Viene a decir que el perjudicado queda expulsado por dañar el pie de la jugadora y no haber apartado a tiempo sus duros elementos naturales. ¡Fíjate!, amparado por el Tribunal Supremo! Vamos por buen camino…

En fin. Los camilleros sacan al castrado del campo, su zona afectada está iluminada, se distingue un amarillo anaranjado terrible. Esa patada debía llevar al menos 5 mil kilojulios y unos agostos de baja.

Uno de los jueces de línea se encargará del resto del partido y aparece otro nuevo para la banda libre.

El árbitro llama a los jugadores, va a tirar el balón al medio para que siga el juego. Cumple con el protocolo y la rosa con el puño se lleva la pelota como un rayo, gira hacia la banda, regatea a varios opositores, está a punto de llegar el solo a la portería, ¡qué velocidad señoras y señoras!, a ellos no les digo nada por si acaso cobro. El jugador solo tiene a verde pistacho enfrente, le hace el amago, un quiebro, otro, le vuelve a regatear, se queda solo frente a la portería, se da la vuelta y… ¡le da el esférico! ¡Sorprendente!, solo le quedan unos centímetros para empujar el cuero…, y les perdona la vida. ¿Cuál será el motivo de semejante hazaña?

Pistachín muy agradecido le da las gracias, es ahora quien manda en el terreno de juego, ve libre al azul imposible y con un pase colosal a sus pies le coloca la bola inflada.  El gaviota ve la posibilidad tira a puerta… y… ¡paradón, paradón de unos conejitos que pastaban por allí!

Algo ocurre, un murmullo extraño se escucha del fondo de una de las gradas, están señalando algo, ¡a ver, a ver! ¡Hostias, varias manadas de jabalíes han entrado el campo. Jugadoras y jugadores corren como pueden, menos los de verde esperanza de Pacma. Se paran y saludan a los cerdos como si fueran compañeros de faena, una de los jabatos corre hacia ellos, los padres le siguen y…

¡Horrible, qué cornadas se están llevando los Pacmeños!, ¡espantoso!, perdón, colmilladas, vuelan y caen como cuerpos sin vida, el público grita, grita, ¿qué grita?, no, no son gritos, es un cántico.

-¡Los de Pacma por sus witos hoy la palman! ¡Qué será, seráaaaa, de veganos sin Pacmá! -Se oye por todo el estadio, todas las voces al unísono, perfectamente sincronizados.

-No sé, no sé, quizá debería ir la guardia civil y acabar con esta sangría, ¿no os parece? Espera, espera, ahí sale Babieca, ¡qué yegua! Sobre su grupa van Pistachín, azul imposible «azulín!, naranjito y algunas rosas «rositas», pero sin puño, todos llevan lanzas. El equino relincha, levanta el morro, las patas delanteras y a por los puercos salvajes…

Continuará…

Si no ha visto el comienzo del partido y le desea verlo en diferido, píncheme aquí. 

«Especial Elecciones 2019»

 

 

 

 

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