¿Monarquía o república?

¿Monarquía o república? Es una pregunta lógica y actual en estos momentos, las RRSS lo demuestran sin aliento. El tiempo nos engaña, corre y pasa como un tren sin silbatos y paradas. Son las cuestiones quienes mandan, la Ley de quien ve los dientes del lobo debajo de la piel de oveja.

La historia es un tesoro, el espejo retrovisor del conocimiento, aliento de ilustrados y enamorados, jardín del Edén para todos, y sin embargo, ¡qué poco gusta leerla! Si la estudiáramos por placer, pondríamos el ojo en un microscopio o al antojo de un telescopio para descubrir los fenómenos y sus resultados.

A Dios y el Cielo doy gracias. Por supuesto, si a estas horas los monarcas hubieran desistido y dejado al amparo de manos sin perjuicios en ésta, nuestra España, estaríamos como en los años 30 del pasado siglo, o tal vez rememorando el desastre de la anterior república, la bananera de los Cantones del 83 al 84 del XIX.

No sé cuantos muertos trajo la primera república, primera desgracia podríamos llamarla un TBO de proporciones asombrosas, tal como lo siento. Me río…, pero por no llorar la pena.

Amadeo I de Saboya decidió dejarnos con las riendas de los temidos  presuntos políticos, la-revolucion-cantonal-1-638valga la traducción del portugués y cómo no, la literalidad del castellano. ¡Manda huevos! No, en esta ocasión no envío los ovalados misterios a ninguna parte, debo guardarlos por temor a que se los coman. ¡Oigan!, no es para menos, vienen tiempos de penurias y de antojos, pero en esta ocasión no serán de caviar o fresas, sino de un poco de panceta o un choricito. Así veo el panorama, en technicolor pero sin horizonte, con montañas de escoria al fondo y enormes dramas, los nuestros.

Si la primera república no fue un éxito, qué podemos decir de la segunda república. Quizá sirva el celo de las diferencias sociales de la época como medida cautelar en su defensa, pero…, 600 mil muertos es una medida que no cabe en ningún envase, tan solo en los miles de libros necesarios para descubrir las calamidades de un pueblo dejándose llevar de la mano del embutido más rancio.images

No, no puedo apoyar la república, entre otras cosas porque somos una democracia, los tiempos del absolutismo se fueron de viaje y ahora vuelven de nuevo, eso sí, de la mano de las zanahorias delante de la frente, un alambre para sujetarlo y evitar que comas demasiadas.Con el tiempo será necesario compartirlas.

Venezuela como muestra del gran beneficio de la gestión bolivariana para los venezolanos y cómo no, uno de los artífices de tan glorioso cambio como segundo al mando del futuro desastre, y hay quien, tal y como está el sarmiento, pide la república, ¡la de su casa!, en la mía soy el Rey, como ha de ser y si usted quiere un comité y asambleas extraordinarias y seguir siendo Ikeano, es asunto suyo.

Por ello y tantas cosas más, vuelvo y repito, en este país la monarquía es la diferencia entre matarnos y seguir vivos, por ello grito a pleno pulmón…

¡Que viva el Rey y la madre que lo parió!

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