La torre de Babel.

Y Dios viendo la construcción de la Torre de Babel decidió que los humanos no pudieran comunicarse en el mismo idioma.

Casi todos conocemos el origen y consecuencias de esta construcción. Podría consensuarse como una metáfora de la vida, una realidad que estamos viviendo en estos días, el resultado del vacío actual de los hechos históricos en nuestros chavales y el interés de quienes desean a toda costa ser reyes de su propia tierra sin reparar en las secuelas.

La Unión Europea es el primer afectado tras España y cómo no, esos puntos donde prima la desunión e intolerancia frente a la necesaria hermandad.

En el siglo VIII España tuvo su torre de Babel. Fueron tiempos de guerras entre los reinos de la península ibérica, la ambición, envidias y rencores entre hermanos y familiares nos dejaron a la virulé frente a los invasores. En esta ocasión los árabes y ocho siglos para recuperar nuestras tierras a base de pasar la guadaña por los brotes verdes de tan maravillosa tierra. El trigo, cebada, centeno y a saber, ya no eran del color de la primavera y del oro en verano, sino rojo, colorado como la sangre derramada para volver a ser libres ante el villano, y resulta, señoras, señores, señoritas, señoritos, damas, damiselas, domos, damos, caballeros, gentes de mal vivir, gentiles y el carajo la vela también, que volvemos por las mismas andadas.

La Torre de Babel es una bella metáfora para explicar y exponer hasta dónde llega el ser humano, en lo bueno y malo. Somos capaces de unirnos con un fin común y también disolvernos para destruir el objetivo comunitario. Así es la vida, salvo para quienes están formados en la historia, psicología y sociología e idiosincrasia de nuestras gentes.

Europa toca a su fin y no soy negativo, tan realista como las noticias de cada día cuando las lees y te das cuenta de cómo nos manipulan las manos de los titiriteros.

No hay más que leer la prensa cada día, los diarios no son independientes, en consecuencia sus asalariados no pueden informar como debieran o se quedan como tantos otros profesionales, con las posaderas al aire y viento fresco por detrás y delante. Siendo consciente del panorama, algunos, por no decir, casi ninguno, decidimos utilizar nuestro tiempo en informar de algunos detalles, tales como por ejemplo el tren que nos va a arrasar a todos, Europa incluida, por supuesto. Con esto me refiero a esos jueces de corte progre miembros del CPJ o del Tribunal Constitucional.

Progresar es ir hacia delante, colocar un objetivo en el horizonte e ir a por él. Eso es progreso. El nacionalismo  y separatismo es todo lo contrario. Si entienden bien la  metáfora de La Torre de Babel, se darán cuenta hacia dónde vamos y qué deriva nos espera, miles de reinos de taifas a lo largo y ancho de nuestras fronteras de la desunida comunidad actual.

Todos somos progresistas, al menos eso pienso, pero progres, queridas amigas y amigos, ¡ni en broma!, al menos yo.

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