«Revueltos de…»

Fin de semana al remojo de los caprichos de Santa Tormenta de Aguacero y a tomar vientos frescos por soleares, perdón, nubarrones de grises y oscuros deseos.

Días al amparo del aire un poco más fresco y de la gota, no por la caza, marisco o cervezas, sino del capricho de los vórtices creados por orden Divina en el Atlántico y en el Mediterráneo.

Entra el otoño antes de su tiempo con templadas corrientes, chubascos pendencieros y la fuerza de Seth lanzando rayos de fuego.

Quizá sea la ayuda esperada para retener en sus fueros al invasor de todo el planeta, unos cuantos calambrazos al aire y los bichos aerotransportados se quedan fritos, cual alitas de pollo bien crujientes. No estaría, mal, no.

Estos cambios siempre son buenos, la tierra se riega, baja la contaminación, el humus se expande y renacen las floridas setas del otoño, si antes no vienen las tempraneras heladas que todo se llevan.

También es el punto de partida para dejar las viviendas en su plenitud espiritual, limpiezas generales de todo aquello que puede guardar el crisol de la enfermedad y la batalla para seguir con vida. Son los avatares de unos tiempos complejos y dispuestos a enseñarnos “cuánto vale un peine”. Dicho viejo que los chavales no conocen. Aún recuerdo cuando tus padres te decían, o te portas bien, o te vas a enterar de lo que vale un peine. Hoy el artilugio nadie lo lleva encima, no sé cómo se las apañan, aunque he de decir que yo jamás lo llevé, para eso están los dedos y el superglú que sujeta hasta en la testa el sombrero.

Con o sin peinador, la historia se repite, pero con nuestros chavales desacostumbrados a la dura tarea de forjar el acero, y les digo, en tiempos revueltos se descubren los buenos forjadores y herreros, así es el tormento de nuestro paso por las diferentes vidas o dimensiones, según se preste el creyente, para quien en nada cree, igual le da.

Verdes son las siegas del corazón, tanto como el colorido campo cuando San Chubascos el Prudente reparte la simiente en los áridos terrenos veraniegos. Es la transformación, el renacer de la tierra y la cercana transmutación de contrastes y colores. Otoño es el surgir de la belleza, es la cuarentena y cincuentena de quien las conoce, floración de felicidad y por supuesto, añoranza por los demás.

Es la estación para la meditación, el comienzo de un nuevo recorrido ya la botella medio llena de quien sabe que ya falta menos para la estación de las flores, perfumes y aromas de Santa Primavera de Aquíestoyyo cuando llega, para deleitarnos con las tonalidades y los calores de los primeros rayos de un sol que empieza a coger fuerza.

Por medio el invierno, el tupido velo de las lluvias frías, y temperaturas gélidas hasta que un día Santa Blanca del Manto nos regala con alegría las nieves de sus adentros, pureza de miles de sinsecretos y gloria de grandes y pequeños.

Con pantera o sin ella, con gato o sin él, el negro se irá pronto por los caminos del anochecer para dejarnos hermosos caminos, senderos de placer a vuelta y vuelta con el esfuerzo y la mecha inagotable de un jardín de esperanza en el gran bosque de los risueños. Felices sueños, estén o no despiertos.

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