«Los sin escrúpulos»

El amor al prójimo no tiene nada que ver con la Biblia, sino con la bondad y en teoría, con la humanidad. Con ello me refiero a toda, o al menos a una inmensa parte. En ella debo incluir perros, aves de crianza, algunas de paso e incluso a los humanos, pero entre ellos siempre hay quienes ese Don tan maravilloso sufre los avatares de otro gen. Digamos el poder y el dinero, por tanto, se han visto alterados. Ahora son un defecto genético. Dichas mutaciones por eliminar, alteran la gran dádiva del Universo. Son los llamados para San Martín.

En esta ocasión no seré quien ponga el nombre a los responsables. Por norma vienen de la mano de sindicatos acostumbrados a las buenas mesas, prostíbulos, otros mejunjes para la nariz, o partidos políticos radicales con la necesidad de destruir. Para dichos caprichos y errores de la naturaleza, siempre hay sinónimos para dar, regalar y empapelar todas las cárceles del planeta, o bien, si me lo permiten, frases perfectas para definir el bicho en cuestión una vez pasado el matadero, como por ejemplo: “del… están buenos hasta sus andares”

El Santo en curso de todos los 11 del 11 de cada año, justo el momento cuando las bestias pasan por la guadaña para por fin, servir de algo. Son alimañas que en vida solo han sido de utilidad para sus propósitos, despreciando el bien de los demás.

Por norma, aunque no todos, suelen reunirse en parlamentos, senados o grandes sitios, incluso en momentos de pandemia sabiendo que detrás viene el «coronapoder». Por poner otro ejemplo, los insectos rastreros protagonistas de sabotear un hospital, cuando el rey de los virus ataca sin piedad. ¿Cómo podrían definir dicha perversidad de la sociedad?

El mal existe, quien no sea capaz de verlo, o no quiere, simplemente es uno de ellos. Son personajes sin los valores necesarios para compartir y entender el respeto a la vida, igual da el credo o índole de cada cual. Sujetos donde el odio gana a la razón, o la cartera al corazón. Tan solo así, se pueden entender los sabotajes efectuados en el Hospital Enfermera Isabel Zendal. Carros de parada vacíos, comidas con retraso y frías, cables cortados, agua de la ducha helada, y a saber. Ahora y si mi lo permiten, mis queridas y queridos lectores, tengo una pregunta para ustedes, no es necesario responderla en directo, háganlo para sí mismos. ¿Qué castigo pondrían a los responsables y culpables de intentar hundir la imagen de un centro de salud vital, a base de poner en peligro la vida de los enfermos internados?

2 comentarios en “«Los sin escrúpulos»”

  1. En función de la gravedad, trabajos comunitarios para reforzar aquello del amor al prójimo, o cárcel si han puesto en peligro la vida de alguien. Es bien fácil. Así a alguno se le quitarían las ganas de sabotear nada.

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