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«La retasca»

Estos días ejerciendo labores poco habituales de mis profesiones, he podido disfrutar de un sitio espectacular en la calle Ibiza de Madrid en todos sus conceptos. Las tapas muy al estilo, pero sin serlo del «Jaleo» de Washington, y con esto me refiero no al tipo de tapas, sino a la envergadura y calidad de proyecto que considero punto y referencia de la hostelería en este país. «La Retasca».

Todos hemos y estamos viviendo el cambio generalizado de estos profesionales desde hace unos años, pero aquí se vive de otra manera, sin las consecuentes prisas típicas de una tasca y por supuesto, con la debida paciencia de quien disfruta con mesura del sabor, estilo y el conjunto de grandes y pequeños detalles del establecimiento, y esos grandes profesionales de un sector que los iba perdiendo a goteo de un grifo enorme.

El café o los caldos de Jazz al calor de la presión aquí me saben a gloria. El fondo acompaña, música especialmente seleccionada en su punto exacto para mantener una conversación sin elevar la voz.

De la tortilla para qué vamos a hablar, ya se han encargado muchos periodistas de plasmar los merecidos piropos a tan sutiles maneras de transportar el paladar con algo tan típico en España, y a la misma vez tan suculento y diferente en La Retasca.

Sin duda alguna esta tasca castiza diseñada a los nuevos tiempos, es eso, un lugar de tapeo y bienvenida al sonido del silencio cuando escuchas a Paul Simon y Art Garfunkel mientras saboreas esos tiempos volando entre las nubes del placer terrenal.

Ahí les dejo el sabor intenso de la gracia divina, eso sí, tendrán que probar en sus fueros, si en verdad desean transportarse durante un breve momento al confín de Baco y todos sus manantiales. Con o sin sus tapas, por supuesto.

«La Retasca» C/ Ibiza, 38 – Madrid

www.laretasca.com

«El reventón»

El reventón. Y no es para menos, un restaurante en Valdemoro donde con un bocata IMG_20190915_143445revientas. Si te lo comes todo, por supuesto. Jamás vi algo igual. El caso es que esta mañana pasaba por dicha localidad a por la nicotina habitual y mira por dónde. Me apetecía un café en mi cafetería de costumbre. Visto que San Pedro ya no tiene problemas de próstata y suelta agua en abundancia y sin temeridad, no tuve otro remedio queIMG_20190915_143854 cambiar de sitio, si no quería terminar empapado. De manera que, buscando otro lar donde elevar el espíritu a base del líquido negro y su maravillosa cafeína, encontré el lugar, con la ventaja de aparcar justo a la puerta de “Kandela”, así se llama el culpable del reventón.

El olfato me decía que allí se cocía algo. Viendo la carta te das cuenta de si hay o no amor en los fogones y mira por dónde, me enamoró el titular de cada ristra de viandas.

“Tengo prisa”, “Proteínas saludables”, “Endulzando la vida” son algunos de esos títulos indicadores de los manjares según tiempo o placeres. Cuando lo vi, me acerqué a hablar con el dueño para preguntarle algunas cosas. IMG_20190915_151039Aún no me había percatado de la otra carta.

Roberto, así se llama su propietario, me comentó que el nombre al local le parecía hermoso, “Kandela”, fuego, fogones, marcha, todo va unido en esa palabra.

Cuando le dejé y vi la otra carta, tomé la decisión de comprobar hasta qué punto podría ser cierto. “Bocadillos Supergigantes” reza el soporte anunciador, pero no fue ese calificativo, sino el contenido, todos iban acompañados de “patatas a lo pobre”, algo extraño.

Después de darme un paseo por Torrejón de Velasco, Parla y Pinto, camino ya de casa, no podía quitarme de la cabeza esa particularidad. En Gran Canaria, Santa Brígida, para serIMG_20190915_151200 más exacto, mis padres tenían un restaurante muy famoso por aquellos entonces y aún recuerdo desde que era niño, antes de echar un cable los fines de semana, como era de Ley en aquellos tiempos, nos comíamos un par de bocatas de patatas fritas para aguantar el trabajo, eso sí, recién hechas y naturales, la comida vendría después, cuando el zafarrancho hubiera acabado. Aquellos tiempos flotaban en la imaginación de esos maravillosos recuerdos, de manera que avisé y me fui a ver qué carajo era aquello.

Pedí el «bocata de Pueblo», picadillo de chorizo, huevos fritos y las patatas con una cervecita por compañía. Mientras, hice algunas fotos de platos que me gustaron por su presencia.

Cuando llegó el bocadillo no me lo podía creer.

-¿Pero esto qué es?, eso no hay quien se lo coma, es para dos. ¿Es el bocata?, pero mujer, IMG_20190915_151014antes se avisa, ¡a dónde voy con semejante zapatilla!

-Es que son así –me contestó.

Le pedí que me dejara hacerla una foto con el cirio y luego hice otras para que vean de cerca y se hagan cargo de las dimensiones de semejante entrepan, ¡teeeeela!, y todo por 7,95 € incluyendo la cerveza. Me comí la mitad, no pude con todo, los añitos pesan.

Están muy de moda esos bocadillos enormes, pero por norma llevan mucho pan y poca chicha, en este caso debo decir, ¡que pesa!, ¡hostias que si pesa, antes y después!

Por supuesto tienen una carta amplia de platos, no los probé, solo faltaba acabarIMG_20190915_145213 finiquitado por un infarto.

Les sugiero que se acerquen, comprueben y disfruten de estas causalidades de la vida, no es muy frecuente encontrar sitios así.

Ahí les dejo la dirección. Aún no tienen Facebook, Twitter o web, de manera que la única manera de conocerlo es ir por esos lares y eso sí, llévense compañía o no podrán con todo. Salvo que estén en la edad de zampar, ¡por supuesto!

Aquí les dejo el enlace de Google Earth. Restaurante Kandela

Cuesta de Valderramata, 6 – Valdemoro.

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Anclado a la peseta. “El Bocata”

Anclado en la peseta. ¡Qué bien suena, caray!

Me habían recomendado que fuese a ver este restaurante «Bar Tapas El Bocata». Tal y como me lo comentaron no podía ser, algo no cuadraba, hasta que, como diría Julio Cesar; ¡fui, comí y verifiqué!

Y ahora vean, hice fotos del menú y otras esquinas diseñadas para dar a conocer el trabajo de este establecimiento situado en la avenida de La Laguna, número 5 de Parla, IMG_20190906_140518en Madrid.

Entré y de espaldas a la barra me senté en una de las mesas. Enseguida trajeron la carta y el vino con casera. Cada mesa tiene una botella de litro de aceite de oliva con otra de vinagre de inferiores proporciones. El truco del aceite es maravilloso. Pinchan el tapón y sale lo justo para ir regando la ensalada con el líquido de oro de los Dioses.

He aquí el menú. Seleccionas, y marcas un primero y un segundo de tu gusto…, pero alto, IMG_20190906_140354¡me traen una ensalada para ir haciendo boca! Lean, y observen los platos. Hay solomillo, chuletón…, en fin, una carta inmensa para ser menú puro y duro.

Llega la ensalada, ahí tienen la prueba del delito, el aperitivo para ir abriendo el apetito y a los cinco minutos, los guisantes. No tuve suerte con las alcachofas, se habían agotado, pero…, verde era la verdura.

Comía tranquilamente y el lugar comenzó llenarse, incluso paisanos de “amalillo IMG_20190906_140528colol puesta de sol en Singapul” entraban al establecimiento, y sin faltar, es una de tantas bromas necesarias para darle salsa picante al argumento.

Finiquité el primero, perdón, el segundo y primero, “ensalada y las canicas verde esperanza separadas de sus vainas salteadas con jamón”. Esperé el que se supone sería mi segundo apellido, pero en tercera posición, eso sí, al ajillo, del asado estoy un tanto aburridillo.IMG_20190906_141612

Llega el manjar, fotografía y a darle al tenedor y cuchillo con gracia y talento, pero sin alevosía, no había prisa, salvo la que yo mismo me metía en el cuerpo tras ver entrar más estómagos en su justo momento al sitio apropiado según el espacio tiempo y gusto de cada cual.

Me puse en marcha con uno de los descendientes del gallo Manué, «ahora está de moda, ya saben, quieren eliminar su raza por ser violadores de las gallinas». Estaba en su punto, bien salseado y acompañado de tubérculo IMG_20190906_143453blanco de no sé qué zona, patatas fritas, ¡vamos! Acabé la cuestión y este comensal no es de postres, pero…, necesitaba saber si tenían algo casero de los menesteres y placeres de golosos, y sí, puding al cuerpo.

Hora de abonar “la suelta”, que no la “dolorosa”, no es el caso, a estos precios nadie le pone peros, eso creo, aunque ya saben, a veces hay quien le mira el diente a caballo “regalao” y le piden alojamiento, sustento y IMG_20190906_145129veterinario.

Voy a ser muy franco. Nada se puede decir en contra de este restaurante llamado Bar Tapas El Bocata, nada. Quien conoce el sector sabe y conoce los costes del producto y cómo no, del personal en mesas, barra y fogones. Haber comido ahí a esos precios, con tanta cantidad y buenos alimentos ha sido una auténtica gozada, me ha recordado a los tiempos donde el menú normal costaba 1.000 de las antiguas pesetas, 6 eurillos de para quien no conoce la paridad de la cantidad, y no ha faltado de nada, todo lo contrario, he acabado los platos porque así me enseñaron mis padres.

Por cierto, miren, el argumento del arroz con bogavante en las paellas colgadas en la pared. Cuando son muchas salerosas y salerosos a la mesa, salen a menos de 600 pesetas por barba, ¡tela!, 3,60 € IMG_20190906_151611comensal. ¡De risa!

Carlos, el artífice del milagro, comenzó con una empresa de todo a 100 cuando los chinos en este país solo les veíamos en los restaurantes con las especialidades típicas que entonces nos vendían. Fracasó por motivos lógicos siendo el tercero en apostar en el polígono industrial Cobo Calleja. Cuando llegaron los de ojos rasgados con esas fantásticas ayudas del Estado Español en impuestos, le ocurrió lo que a tantos otros, era imposible luchar contra ellos. Hoy y para mí, Carlos es un bastión, el estandarte de la Ibérica Península, un soldado de los viejos tercios del siglo XVI, de otras maneras, por supuesto, un aguerrido luchador, con mayúsculas, y lo digo con razón, nuestros autónomos y pequeños empresarios se quedan fuera del mercado ante los recién llegados, esas ventajas fiscales les hacen polvo, amen y como es de Ley, las consecuencias de las horas de apertura de los negocios regentados por los nacidos en oriente, algo que en este país estaba prohibido hace 40 años.

En fin, gracias a Carlos Moreno González, el Don Quijote de la hostelería, Carlos junior, su hijo, con buenas dotes para seguir el camino del nacido en el año de la mejor cosecha del siglo XX, ¡pero no te olvides que la uva era de la añada anterior, jajaja! Y cómo no, a Talía y Quino en las mesas, Use y Eugenia en las altas temperaturas de los fogones.

¡Gracias, chapó por vuestro esfuerzo! ¡Y fuerza, que no falte!

Su dirección de Facebook, por si desean conocerles. El de la Avenida de las Lagunas.

Bar Tapas El Bocata

 

EL QUIJOTE

Ciudad Real, 14:30 horas de un viernes de marzo con un frío que corta el aliento, voy buscando un sitio en el que darle algo de alimento a este cuerpo serrano. Al lado del hotel veo un rótulo que reza EL QUIJOTE con diseños modernistas del hidalgo viajero. Desde la calle se distingue el interior de un local claro y cálido.

Entro y pido un tinto de la tierra, costumbre sana que durante todos los viajes practico con ganas y gracias a la cual descubierto he en muchas ocasiones caldos sorprendentes, tal y como me ha vuelto a ocurrir en esta ocasión. Tempranillo, syrah y IMG-20170304-WA0008merlot tienen la culpa, una mezcla de uvas que no es fácil, no, pero con la que de vez en cuando te llevas una grata sorpresa, tal y como me ocurrió. Harto de saborear maderas en el interior del vino, ahora prefiero las añadas, que cuando el contenido es bueno, el sabor de la fruta que da la vid, bien que se disfruta.

Espero a que me atiendan, no sé si es costumbre en la zona el tapeo, aunque me habían dicho que sí, pero…, por costumbre y educación siempre aguardo a que me den la sorpresa y la hubo, ¡vaya que sí!

-Aquí tiene su tapa caballero. –Comentó el camarero que tan atentamente me IMG-20170304-WA0005había servido el tinto, jugo de la vida con el que acertó, y de nuevo lo hizo.

Algo en gabardina acompañado de una muestra de ensalada agridulce o si lo prefieren vinagreta en fina juliana. Corto un trozo del aperitivo y cruje, ¡buena señal!, ahora queda lo más complejo, que el interior no se les haya pasado. Me llevo un trozo a la boca y ¡voilé!, la masa para el rebozado a base de tempura, pruebo el pescado, ¡rediez, si es bacalao y en su justo punto! ¡chapó!

IMG-20170306-WA0010Se preguntarán el motivo de esta nota, es muy simple de explicar, la tempura necesita bastante tiempo de aceite hirviendo para que quede en su punto, ese tiempo es vital, puesto que si te pasas el contenido se queda más seco que la mojama de atún, por lo tanto quien sabe darle el toque a esa masa de harina para que se quede en su punto y además sea capaz de que el interior quede como debe estar el pescado, es que sabe de alta cocina, ¡se lo digo yo!

Acabo la tapa y me quedan ganas para otro caldo de Baco y la compañía de la próxima sorpresa. Sirven el líquido elemento y espero de nuevo. Mientras tanto voy jugando con la imaginación, ¿qué será el próximo encanto?

Sorbo va, el otro también y viene un plato grande, como si fuera el casco de Don Quijote pero al revés, en el interior hay un huevo frito. Lo dejan en la barra, cojo los cubiertos y cuando voy a darle un tiento a base de pan veo que hay algo entre colorado y marrón que bordea a un lado, apenas se aprecia. Levanto un poco de la clara y veo el granIMG-20170304-WA0009 secreto, ¡pisto manchego!, ¡vaya tela!, ya es complejo que en el mismo establecimiento te pongan dos tapas de calidad, pues créanme, no solo estaban riquísimas sino que además el trato al cliente es excelente, así que ni corto ni perezoso pregunto por el propietario y resulta ser ella, Paz se llama y que paz transmite, no solo su persona sino por la calidad de lo que allí te dan, amor en formas de viandas y caldos maravillosos de los que no había oído hablar.

¡CHAPÓ a EL QUIJOTE!, ¡CHAPÓ a Paz! y por supuesto y que no falte, que bien lo merecen, ¡CHAPÓ a quienes con tanto cariño y profesionalidad me atendieron!

Por si lo desean y yo, con todo el amor lo recomiendo:
EL QUIJOTE, en la C/ Paloma, 2 de CIUDAD REAL, en el centro.

De tapas por Ciempozuelos

Cada día paseando por el mismo sitio, justo al lado donde medito por las tardes y empleo ese preciado tiempo en relajarme, que estando un cuerpo y alma en estado de relax, vuelve a absorber la energía necesaria para volver a tener esa chispa tan vital para crear, veía en una esquina un sitio al que nunca entraba.

El caso es que he pasado por delante de esa puerta tantas veces que no lo recuerdo, hasta que una vez algo me llamó la atención y decidí tomarme un vinito, era de noche y el frío daba igual por oriente que por occidente.

Ya puesto y visto que a esta pluma nunca le faltaron las ganas de comunicación, con la tapita que me pusieron de magro de cerdo con tomate, tomé conversación con Alberto, uno de los propietarios de este establecimiento conocido por el nombre de CERVECERÍA CIEMPO.

Igual me da un menú, comer a la carta, que una tapa, cuando el producto ha sido tratado con amor y a conciencia, la sorpresa puede ser mayúscula, y así fue, ¡vaya con el magro!, un plato tan simple que a veces no le prestamos atención, pero que cuando lo preparan en condiciones, vuelas cada vez que te llevas un trocito a la boca.

Nos hemos acostumbrado a que nos den las tapas que llevan tomate o las raciones, a que el tomate esté tan guisado que sabe a una excelente salsa, pero del rojo fruto, ¡nada!, por eso cuando vas a un sitio y cada uno de los ingredientes guarda su sabor, ¡veo el cielo! Es ni más ni menos que lo que me ocurrió en esta cervecería del pueblo, que no por ello pierde en su esencia, la de quien trata lo que hace con el cariño que el paladar requiere.

Cuando me llevé el primer trocito de carne para degustarlo lo hice despacio, sin prisas, por saber qué calidad había dentro de sus fogones, que no todo es novedad cuando de un plato se trata, pero sí si son viandas que te hacen volver a otras épocas, a esas en los que la tradición se medía en tiempo, el que empleaban para dar rienda suelta a uno de los placeres más agradables de la vida, la comida.

Como les decía, en el primer tiento me quedé extrañado, no me esperaba el regalo, de manera que por segunda vez me llevé el tenedor de nuevo a los sitios donde la intensidad del sabor nos permite soñar, y de nuevo…, ¡vole!

-¡Hostias Alberto!, la carne está de película, pero es que el tomate, ¡sabe a lo que es! – comenté.

Me miró como quien mira a quien no entiende, y no me extraña, él está acostumbrado a deleitar esas delicias y son tan normales como para mí los desayunos con tostadas y aceite, o como para los madrileños pasear por el paseo del Prado sin saber lo que tenemos.

Como es lógico del aperitivo no quedó ni la cazuela, de manera que otro vino y dale manteca Fernando, ¡que se acaba!, y Verónica, la jefa de cocina me ha soplado que no hay más. A la tercera ya no había magro que si  no, me tomo todo el caldo de Baco de la dichosa cervecería.

Llegan unos chavales, se piden una hamburguesa y otra sorpresa, ¡rediez!, vaya plato, no lo he probado, pero he visto esas caras y ojos cuando dejaron la bandeja vacía en menos quefacebook_1486152928554 canta un gallo, ¡qué digo!, la intención de cantar.

De manera que les sugiero que si son del pueblo o bien andan por estos lares, se acerquen por la plaza de la ermita del Consuelo, miren al lado de uno de los supermercados estrella de nuestro país, y al fondo verán un cartel que reza CERVECERÍA CIEMPO y no duden, porque lo visto y probado merece la pena, ¡si señor!, ¡qué sorpresón más agradable!

Pero si algo me duele, es que mañana mientras esté en EROSKI firmando los Duques de img_20170203_205533Altozano para San Valentín, las tapas que me han enseñado, ¡se las van zampar otros! Como están aquí al lado, la próxima no se libra ni Baco, ¡se lo digo yo!

¡Chapó por ese magro, señores!, ¡vivan las tapas y la madre que me parió!

Una agradable sorpresa

Visita programada, venían a verme desde el otro lado de la provincia, San Sebastián, pero de los Reyes, era uno de esos días en los que aquel famoso anuncio de cuchillas de afeitar que rezaba, cuando un hombre se la juega, ¡la clavada realidad!, tienen mi palabra.

El punto de encuentro en la estación de ferrocarriles de Ciempozuelos, llegaría tarde por motivos laborales, pero ante manjares de negocios tan suculentos, debía jugármela con una escalera de color, cartas que a esas horas no tenía. Por la mañana me dediqué a buscar un restaurante que me diera la garantía de tener la cocina abierta sobre las 16 horas, algo poco habitual y además, que cumpliera con los cánones típicos de quien quiere entrar y salir por la puerta grande.

Un sitio era el único que cumplía con los requisitos, casualmente en el que dos o tres veces por semana paraba a tomar Arrea, un ribera de marca Pepe al que sus propietarios y otros profesionales habían añadido tan singular nombre y que por cierto, viendo ayer una peli en mi portátil, averigüé el motivo.

Se acercaba la hora, el tren con puntualidad extrema se presenta en la estación, el negociador sale de él, nos saludamos efusivamente y ¡hala, a comer!, que son unas horas, a Las Pirámides de este pueblo. No piensen que se las trajeron porque no es así, simplemente un nombre que no sé qué pinta en tal taberna. Curiosidades y caprichos de la vida.

Llegamos tras el paseo, nos sentamos en la pertinente mesa de la mano de una rubia camarera, no añado su nombre porque entre otras cosas no lo pregunté. Me habían dicho que la futura cocinera estaba a unos días de llegar, por lo que hice caso a alguien que me chivó un secreto.

-Si vienes a comer, el menú está de lujo. –Doña Tecla el día anterior mientras le daba un par de Arreas al vientre.

Lo normal en los negocios es comer a la carta, pero como tenía la excusa de la hora, me quedaría bordado.

-¿Desean comer a la carta o menú? –Me preguntó la señorita, o señora, ¡vaya usted a saber!, a lo que contesté que estábamos dispuestos a deleitar e ingerir la simpleza de las viandas que tienen elaboradas como comida habitual. Nos cantan la breve melodía a viva voz y nos decantamos por la Ensalada de Asadillo con Ventresca de primero y Albóndigas en salsa de segundo. Para beber ella prefiere el líquido elemento que nos brinda la naturaleza cuando llueve y el pájaro, prefiere ser compañero de Baco durante la comida, pero con suavidad, con un par de copitas salimos Arreando, jajaja. ¡Vaya con el vino!

Nos traen la ensalada y… ¡qué sorpresa!, muy buena presentación, no me esperaba que ante un simple menú pudieran utilizar tanto tiempo, pero quedaba lo importante, probarlo.

-¡Caray!, parece que en este sitio no se andan con bromas a la hora de tratar la comida. –Comenté.

Mi acompañante degustó lo que tenía en frente y disfrutó, ¡qué les puedo decir yo!, tan solo que cuando me llevé esa simpleza tan rica de pimientos asados a la boca, volé por el cielo. Aderezada con unas gotas de excelente aceite de oliva y un golpe de Módena bien reducido, quedaba perfecto.

Finiquitada la experiencia llegaron las pelotas de carne con su salsa, espesa y rosada, tirando a rojo, como si fuera una crema densa. La probé y voilé, de nuevo estaba de lujo y què decirles de la carne, ¡extraordinaria!

De manera que ya saben, si alguna vez pasan por los Ciempozuelos de Dios, en la plaza el arquitecto que hizo entre otras cosas La Cibeles y Neptuno, Don Ventura Rodríguez, nacido y fallecido por la gracia de Dios, tienen un lar de confianza para dar rienda suelta a su paladar, ya sea a base de ¡Arrea chato!, ¡cómo está el vino!, o ejerciendo los placeres de la mandíbula y dándole a la húmeda, como antes se decía en los castizos foros de las madrileñas plazas de toda la vida, para disfrutar de los honores de una buena comida.

Restaurante Las Pirámides, he ahí su web por si quieren conocer el sitio. Como siempre este blog está abierto a comentarios críticos ya sean de diestra o siniestra, nada mejor que una mano abierta para seguir cumpliendo con parte de mi cometido, darles seguridad y garantía a la hora de elegir el placer de el arte de la gastronomía.

Restaurante las Pirámides

EL SOPLO de «EL PALIQUE»

Son las 19:45 de un día que llueve según le viene en gana a la naturaleza, como es de Ley, ella es quien manda y los demás, meros inquilinos y espectadores. Me acaban de dar un soplo en un sitio llamado El Jardín del Edén, en Ciempozuelos, -mi rincón de recreo y ventura-rodriguez-ciempuzuelspluma cuando necesito algo de inspiración en vivo, -algo tan importante que no me queda otro remedio que comprobar. Me voy a toda prisa en dirección al Capitán Trueno, abro la puerta, me siento y le doy a la llave que hace crujir con ganas el motor. Treinta kilómetros de  lluvia intensa me separan del punto en el que se supone hay un restaurante recientemente inaugurado con un chef de la escuela del Palace, y eso queridos amigos y amigas, es algo que no puedo resistir, probar, comprobar y verificar si lo que dicen es verdad o un cuento de Michelón.

Es de noche, sigue cayendo agua, gotas caen en alemán, me dice mi hijo por teléfono, un golpe de risa y otro de tos. La carretera es una gozada, voy circulando solo ante la luna que empieza a resurgir, la superluna con más notoriedad, luz y fuerza desde el 48 del pasado siglo. El coche se desliza disfrutando de la calzada y el momento, lo noto en el volante, suave, dulce y amable.

Necesitaba algo nuevo, como investigador que he sido toda mi vida, me alimento de la creatividad, de esa misma que me ha dado durante mi trayectoria profesional tantas alegrías, dolores de cabeza y desilusiones, porque de todo hay, y ésta, podría ser una de ellas.

Dejo Titulcia a mi izquierda, me guio las estrellas que no se ven y llego a Chinchón, lo bordeo pasando al lado de la Benemérita, sigo el camino y en diez minutos más me he plantado en Colmenar de Oreja, un pueblo que para el que no lo conozca, tiene historia para dar tomar y regalar, Apios Aureliae, rezaba el nombre por el que se conocía a esta población en los tiempos de Roma.

Me encuentro una glorieta y el cartel que indica a la Plaza Mayor, ahí está el supuesto lar donde veré el firmamento o el tormento, cualquier cosa puede ser. Encuentro la plaza y el restaurante, pero el que veo responde al nombre de El Palique y me han dicho que era El Penique, se habrán confundido o quizá sea mi teniente oído. Aparco en la puerta, cierro el si-vCapitán Trueno y entro. La primera impresión es buena, la barra a la izquierda, hay gente en ella dándole a la lengua a base de prosa y vino. Me acomodo…

-¡Buenas noches!, ¿me puede servir un tinto de la tierra por favor?

Espero un poco y vierten el caldo de Baco en una hermosa copa, grande y de cristal fino, perfecto para menear, oxigenar, olfatear y saborear. Me llama la atención el momento en el que lo están vertiendo, su espuma es violácea y grácil. Espero y cuando ha finalizado el ritual, cojo el recipiente muevo dulcemente de manera circular y acompasada en el mismo sentido que el eje de rotación de nuestro planeta…, observo la lágrima, ¡es buena! Acerco mis napias para que llegue el aroma…,  acompaña. Me lo llevo a los labios, un sorbo pequeño, pruebo y confirmo que el caldo se deja llevar…, es de la tierra y bueno.

Traen el aperitivo, parrochitas fritas y bien servidas. ¡Ummm!, he ahí una primera prueba digna para saber si la cocina es de confianza o no. Uno de mis pescaditos preferidos y resulta que los bordo en mi fogón.

Cojo una, aún está caliente pero me da igual, con cariño separo el primer filetín y…, ¡voilé!, de muerte, ¡está de locura!, saben tratar el pescado, creo que aquí voy a disfrutar de lo lindo, pero… no tiremos cohetes, que las cosas pueden cambiar. Están crujientes por fuera, cocidas por dentro, en su punto y jugosas, con todo el sabor que el mar les dio.

Apuro el zumo de la vid, pido mesa y espero. Al par de minutos aparece el que se supone será el cheff, me saluda e invita a subir unas escaleras, he ahí el restaurante. ¡Qué sorpresa!, cocina a la vista, tan solo unos cristales lo separan de los fogones, arte y quehaceres de la gastronomía al ojo del consumidor. ¡Me place!

si-xiSolo hay una mesa libre, pero afortunada, enfrente de la pantalla en cinemascope y auténtica realidad virtual, un emplazamiento único para el que le guste observar el trabajo y cómo se mueven los artesanos dándole vida a las viandas en su mundo real.

-Tenga, la carta, si necesita ayuda no tiene más que decirlo. –Me comenta y deja.

Aparece una señora, viene a tomarme la comanda, no me he decidido, prefiero que sean ellos quienes rompan y sorprendan.

-¿Podría indicarme qué recomienda el cheff? –Pregunto.

Me observa con una sonrisa de quien sabe que con cualquier cliente se la juega, y contesta…

-Cualquier cosa, está en buenas manos, ¿pero qué prefiere, carne o pescado?

Pescado, Dios de mis amores, el fruto del mar que tanto me apasiona y que tan mal tratan en la mayor parte de los restaurantes, decido jugármela, que las sardinitas estaban de escándalo.

-Frutos del océano, usted dirá y en función de la selección, el primero.

-El atún rojo de la almadraba lo trata con tanto amor como los demás, pero hoy ha llegado un lomo con el que seguro disfrutará, entre otras cosas porque éste lo fríe al revés.Atún rojo de la Almadraba.jpg

-¿Frito al revés?, si me lo explica se lo agradezco.

-Se coloca el carpaccio en el plato y se vierte el aceite de oliva hirviendo por encima y con cuidado, solo se hace la parte superior. Va acompañado de algas wakame y huevos de pez volador de guarnición.

¡Hostias!, un restaurante en Colmenar de Oreja donde fusionan la cultura culinaria. –Pensé sin decir esta lengua es mía.

-Me parece perfecto y de primero… algo suave por favor.

-¿Qué le parece una ensalada de jamón de pato, queso de cabra y confitura casera de tomate?

¡Rediez!, otra mezcla que a priori no me cuadra, ya me pasó en La Cueva de la Luna y me llevé un sorpresón muy agradable, de manera que…

-Estupendo y por favor, tráigame de ese tinto de cabernet, syrah y tempranillo de la tierra que me han servido en la barra, he disfrutado con él.

-Buena elección. –En lo que el gallo abre el pico lo tiene en la mesa.

Al minuto escaso abrió una botella del caldo, sirvió y desapareció. Aproveché para volar con la imaginación dentro de la cocina. Ahí estaban dale que te doy, que te quites de en medio, ten cuidado, que se caen los tomates, aparta la bandeja, cuidado con el aceite, coloca el mango y el melón, dale candela, ¡cuchara!, bien esto sale correcto, ¡vaaa!, ¡la si-xiicinco, que pasa con la cinco!, esas cosillas que se ven dentro de los fogones y que la gente por lo común no ha disfrutado, sin contar a lo que se conoce come “la puré” y otros nombres menos acordes a una mesa en la que estaba a punto de comenzar a cenar, solo se apreciaba comunicación, buen hacer, concentración y a veces, cuando le daba el punto, ¡felicidad! He ahí la perfecta televisión en 100 D.

El tiempo se va contemplando la excelencia en el origen de las manos de las viandas que estoy esperando, el restaurante lleno pero el servicio puntual y tranquilo, como si allí no pasara nada, indudable señal de la calidad de los profesionales.

Una sonrisa destaca en la cocina, creo que es mi ensalada, sale la camarera con un plato, pero no es el mío, según lo veo, la boca se me hace agua. ¡Dios, llevo menos de diez jesus-en-los-fogones-del-paliqueminutos esperando y no puedo más!, como la cena esté igual que eso que acaba de pasar frente a mi nariz, voy a disfrutar como un enano.

Abren la puerta de la cocina, una ensalada viene de camino, ¿será la mía?, unos segundos de intensa espera y… ¡lo es!

-Aquí tiene la ensalada de jamón de pato con queso de cabra y confitura de tomate

-Gracias. –No alcancé a decir nada más, la presencia era perfecta, un círculo con mano magistral de confitura caramelizada indicaba que lo que estaba por ver, era el interior, el auténtico secreto, diversas lechugas partidas a mano, como rigen las normas de los reales sitios del placer, cherrys a la perfecta mitad indicando las coordenadas, los filetes de jamón de pato repartidos con amor sobre el verde hogar, en medio el rulo de queso de cabra, sobre el que posa la confitura casera de tomate y para darle un toque de vanidad y si-2suerte, el símbolo del dólar a base de la misma base caramelizada. ¡Vaya tela!, no estoy conforme, ¡rediez!, podían haber puesto la peseta o el euro, que me place más, pero por ese detalle, no me voy a quejar.

Cojo el tenedor con la siniestra, el cuchillo con la diestra y me ayudo con él, con cariño, que con las cosas de comer, ¡no se juega!, arrimo una porción, me la llevo a la boca… ¡Umm!, un 9,25 de media, el 0,75 lo resto por la moneda elegida, que por lo demás, ¡perfecta!

Dale que te doy, subo y bajo el tenedor, sigo paladeando la ensalada y al punto de finiquitar el primer esbozo, veo que el cheff levanta una sartén, vierte el contenido sobre algo que no distingo, hay una cazuela en medio, ¡puñetas!, ¿qué será? Se escucha un schiii muy suave, casi un murmullo, como cuando te quemas un dedo con la plancha o una sartén, creo que todos entendemos ese sonido, sale un poco de vapor del sitio donde volcó la salsa y en ese momento, otra sonrisa, señal de que el resultado es el que el jefe quería.

Acabo el manjar, recogen lo que queda, solo el plato que el pan también estaba de toma y moja, y vienen con el siguiente.

-Parece que el primero le ha cuadrado. –Me comenta mi atenta servidora, pero callo y veo lo que jamás habría de creer si no fuera porque el que estaba allí, era yo. El plato casi cubierto de carpaccio de atún de la Almadraba con el aceite dándole el brillo que le quitó la muerte, algas y huevas tiradas a lo Miró por encima del rojo placer. No puedo más y vuelvo a las andadas, pala, tenedor, empujo, coloco, sitúo y al paladar…cojonuda

¡Joder, joder, joder!, pero qué bueno está esto, ¡leches! –A baja voz y sin poder impedirlo, el atún en su punto, el aceite… ¡Dios!, las algas templadas y las huevas, ¡hostias con las huevas!, estaban tan perfectas que al caviar le dan morcillas, era como si el pez volador se hubiera despistado, le hubieran dado permiso y autonomía de pulmones para descargar sobre mi plato su amor por aquel lar. ¡Fantástico!, ¡qué placer!

Deleité poco a poco el amor que habían depositado sobre mi mesa, el arte que le habían dado, cerrando los ojos para volar y disfrutar de unos momentos que parecían eternos y sabía que se iban a acabar, hasta que no quedó ni la ilusión.

-¿Le ha gustado?

-¡Que va!, tenía hambre, ¡nada más!

¿Qué podía decir?, dos platos sin nada son dos medallas de oro, de manera que como lo saben, ¡a callar!, que luego suben los precios.

-¿Qué le apetece de postre? Hoy tenemos milhoja de crema con coulís de mango.

Mire, seguro que está de muerte, ¡pero no puedo más!

-Insisto.

-¡No por favor!, que luego me lo como.

Recoge el plato, cubiertos, migas de pan, se va y aparece con el dulce manjar, ¿y ahora qué?

-Esto va de parte del cheff, que le ha visto observar y disfrutar de la cocina.

-De acuerdo, pero luego tráigame un orujillo blanco que ayude con la digestión, que ya no están las cosas para abusar.

Meto la cuchara, y… ¡olé!

El chupitín de aguardiente llegó en su debido momento, ¡gracias doy!, que empujar tanto alimento por muy bueno que esté, cuesta trabajo.

Al pedir la dolorosa, no fue tanto, una cuenta que no dice lo que vale, pero supongo que será porque están empezando. Saludo al cheff, me da su nombre, Jesús y a la jefa que lo es, Lidia responde por nombre, y les digo.

-Hoy no he venido cámara fotográfica, me ha pillado de sorpresa, pero mañana vengo, hago unas fotos y revivo la experiencia de hoy sobre mi teclado. No saben que entre otras cosas, escribo sobre lo que disfruto y cuando no es así, se lleva su estrella Michelón.

¡Vaya soplo!, ¡mereció la pena!

¡Chapó!

Si alguien quiere conocer tan excelso lugar, recuerde que está en la Plaza Mayor y que responde al nombre de El Soplo, ¡perdón!, EL PALIQUE en Colmenar de Oreja, quería decir, el resto… sus ganas de vivir.

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LA CUEVA DE LA LUNA

Fran una persona que conocí hace poco y con el que he trabado amistad, insistió en que fuéramos a comer a un restaurante llamado LA CUEVA DE LA LUNA, en Titulcia, curiosamente un lugar que ya conocí siendo un chaval, tendría sobre los veinte añetes de vida. Un sitio que por aquellos entonces se estaba haciendo famoso por una cueva que su dueño ya fallecido, había descubierto y  con las que el Doctor  Jiménez del Oso, especulaba con orígenes templarios, extraterrestres y a saber cuántos después de él. El caso es que conocía el bar, algo parecido a una mezcla  entre bar de pueblo y copas, algo muy típico en la mayor parte de la Ibérica península.

Tenía pendiente visitar de nuevo Chichón para comer en un restaurante del que ya les hablaré, de manera que le propuse esta otra opción, pero me preguntó si ahí nos tratarían bien. El caso es que como era muy tarde, sobre las 15 horas era posible que cuando llegáramos estuviera cerrada la cocina, así que con buen criterio nos decidimos por ir al sitio recomendado por mi compañero de discusiones, en especial en todo lo que se refiere a la Fe, él tiene unos puntos de vista y como es de Ley, esta pluma otros, y que siendo diferentes al final y aunque no lo parezca acaban con unas risas y un “no des tanto caldo”.

Nos subimos en el Capitán Trueno destino Titulcia, a tan solo nueve kilómetros de dónde estoy viviendo temporalmente. No nos dio tiempo a poner el coche en marcha cuando ya estábamos en la puerta del lar donde se supone nos darían las viandas que íbamos a disfrutar.

En la entrada nos recibió su propietario quien con amabilidad y cortesía nos sentó en la mesa que quedaba libre, solo buena-ivuna y entre semana, muy buena señal, en especial en estos tiempos en los que la restauración está sufriendo los coletazos de una crisis que a todos nos ha afectado, o a casi, ¡perdón!, que hay quien sabe aprovechar estos momentos y saca fabulosas tajadas, desde luego pueden estar seguro que no soy yo.

Nos ponen un curioso vino de la casa, con sabores afrutados y distintos a los que hasta el momento había probado con una gaseosa al lado, para quienes no conozcan las costumbres en éste país, entre semana se suele tomar vino de mesa mezclado con agua gasificada y dulce, algo parecido al Sprite o Seven Up de toda la vida, de esta manera se bebe menos y la siestabuena-iii no llama con tanta intensidad a los que tienen la jornada de trabajo por medio.

Como les decía probamos el vino y nos llamó la atención por lo que al saborearlo tan diferente dejamos el refresco cerrado y proseguimos catando el caldo, con la esperanza de que no fuera cabezón, y por cierto, calló la botella entera sin queja por ninguna de las partes.

Carlos, parte de la matrícula de identificación que sus padres le pusieron, nos trajo buena-iiun aperitivo sorprendente e inusual para un menú, algo parecido a un mus de foie, con sardinas peladas y sin espinas en la parte superior y además bañadas con mermelada de frambuesa y aceite de oliva de la tierra, que por cierto, tiene de todo, Titulcia está situada en la famosa vega que llega hasta Cuenca y Guadalajara.

-Vaya pinta tiene el aperitivo, ha mezclado un foie con pescado azul, curiosa combinación. –Comenté a mi compañero de mesa, que no dijo nada, tan solo metió el tenedor y disfrutó lo que se veía en sus gestos. Procedí a seguir con el ritual y qué sorpresa, el invento estaba de lujo, el chef había conseguido que la experiencia fuese muy grata.

-Qué tendrá ese pueblo que tan pequeño es y sin embargo tantas cosas ofrece, me sorprende y no es para menos. -Comenté a mi vecino de mesa.

-En esta zona todo se elabora con el trabajo de sus tierras, de manera que salvo las buena-vsardinas, puedes estar seguro de que el resto es del pueblo.

Fran habla poco, pero cuando lo hace es contundente y con razón, salvo en otros menesteres dónde tenemos el tiqui-taca. Finiquitamos el aperitivo y nos llegaron los primeros platos, unas sencillas alubias con chorizo y panceta que estaban de lujo. Esperamos el segundo y más de lo mismo, bacalao rebozado sobre patatas paja naturales y de la zona, que las tienen y muy buenas.

Pruebo el pescado uno de los que más me gustan y ¡touché!, ¡buenísimo!, la masa de harina en su justa medida, crujiente y el bacalao, ¡mamma mía!, cómo estaba el pez, jugoso y en su punto, ese textura tan compleja y en que tan pocos sitios saben darle el toque especial, algo así como el punto del arroz.

Finiquitamos las viandas y un postrecito, arroz con leche de la casa, ¡y pardiez que img-20161103-wa0062sí!, al estilo del País Vasco, cremoso y delicioso.

-Caballero, he de decirte que me has sorprendido y que teníais razón, si en esta casa se come de esta manera un simple menú, la carta debe ser extraordinaria, ¡vive Dios que sí!, que cuando se cuidan los detalles de la cocina con tanto amor, difícil es y complejo que salgan las cosas mal, ahora entiendo por qué en un sitio que no es de paso casi nos quedamos sin mesa, y eso que ya era tarde, si venimos antes seguro que tendríamos que haber ido a otra parte.

No creo que ese día tuviéramos suerte, sino que la cocina es de buen paladar, palabra de honor, de hecho si tienen la oportunidad de conocer tan digno restaurante y no son las cosas como parecen, dejen sus comentarios en este mismo blog, si quedan conformes  también se agradece, que para algo sirvan estas críticas que mezclan la gastronomía, el turismo y el placer.

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«EL FESTÍN»

¡Ring, ring!, suena el teléfono, le he cambiado los tonos, el ¡burub, burub! Me traía frito y hay que evitar la monotonía, que no trae nada bueno.

-¿Mande?

-Mandamos, que hemos quedado a comer, te recojo en cinco minutos.

-¡Ok, McKay!, alto, claro y conciso.

La llamada era de Eusebio, más conocido por Pepsicolo por estos lares, hombre cuadrado, fuerte y rudo en apariencia y destacado en elocuencia, habíamos quedado en ir a un restaurante de Titulcia, dónde al parecer, el cordero lechal al horno de leña entraba bien. Vestido a la usanza que me caracteriza nos vimos en la plaza de la ermita de la Virgen del Consuelo, en Ciempozuelos y de allí en su vehículo particular de camino a darle placer al paladar.

A los nueve kilómetros y unos metros más, llegamos al famoso lugar, bajamos del coche y entramos en el Rincón de Luis. En la misma puerta estaban los sellos de cam00304recomendaciones Michelín, un buen augurio y un sinfín de artículos de prensa que hablaban de su buen hacer. El sitio en apariencia agradable con barra corta a la derecha al estilo mesón. Pedimos una par de extractos de la vida de Baco, pero de la tierra, que la zona da buenos caldos.

Mario, su propietario nos llamó cuando el turno tocó y ya de paso de camino al comedor aproveché para hacer unas instantáneas a esos cuartos traseros o delanteros que tanta fama tenían por la zona, cam00298¡ojo!, de los corderos, ¡por supuesto!, pero dentro y fuera del coso dónde a través de calor y amor le dan ese toque que dicen por ahí, es un milagro.

Sentados en nuestras mesas esperamos lo justo y pertinente, la comida ya había sido encargada con antelación, lechal al horno de leña y ensalada de la casa, con ello tendría que ser suficiente y vino de las cepas de la comarca, ¡que no falte! Llega la ensalada, solo lechuga y cebolla, pero con buena pinta.

-¡Rediez!, qué sabor tienen estas verduras, tanto la verde como la blanca y el aceite que lo baña está de lujo, cómo se nota el sabor de la primera prensa. –El que lo narra.

cam00303  -No te lo había comentado que todas las verduras son de la vega, frescas y de temporada, y en este caso estamos justo en ella. –Eusebio.

-El vino me está sorprendiendo también, ya veremos cuando llegue el grueso de la caballería, la verdad es que tenía una pinta lo que he visto fuera…

-La comarca da buenos zumos de la vid, de hecho éste que estamos tomando es un cosechero de tempranillo, pero de cepas viejas y muy bien amadas.

Mientras seguíamos charlando de nuestros asuntos, llega el plato principal, el que da tanta fama a este rincón.

-He ahí el cordero señores, ¿se lo parto o lo hacen ustedes? –El mesonero.

-Haga vuestra merced la gracia, ¡por favor!, que place ver cómo divide el asunto en cuestión. –Solicité.

-¡Crunch!

-¡Válgame el cielo!, ¡cómo cruje!, si está igual que suena, va a ser un festín al paladar. –El ruido me enamoró.

Eusebio no habría la boca ni para deleitar el placer, fijó sus ojos sobre éste que narra, esperando que pinchara y me llevara un trozo del asado a la boca.

-¡Leches!, no me mires así, que me derrito, jajaja. –Le comenté. Así no había img_1491manera, era como tener un juez delante de mí, o algo más duro, un jurado esperando que le comentara si había merecido la pena o no aquella visita. Para quienes no lo sepan, me he recorrido este país entero, los negocios y el placer permitieron que visitara y disfrutara en casi cada lugar, su gastronomía. Cuando mi compañero de mesa me sugirió lechal, qué quieren que les diga, sencillamente que harto estaba de comerlo en los mejores asadores de Segovia, Ávila, Madrid y otros lares, en especial pueblos, que es dónde mejor y más disfruto, no solo por los avatares de la restauración, sino de sus amables y gentiles gentes. El aroma del sacramento me estaba volviendo loco, de manera que tomé la decisión y pinché sobre la paletilla con el tenedor, separé un poco de la carne, que cortar no pude, estaba tan tierno y jugoso que no me lo permitió, me llevé un pedacito a la boca y…

-¡Voilé!, cómo está el bicho, ¡mamma mía!, si da la impresión que lo han cuidado a base de buenos pastos y melodías de amor.

-¡Jajaja! Ya te lo había dicho, que no hay mejor sitio que este rincón de Titulcia para comer el mejor cordero de las Castillas y las plazas de Madrid.

-No digo , la verdad es que… ¡está de mil amores!, has subido tanto el listón de este restaurante, que obligado me veo a decir su nombre y escribir en mi blog las sensaciones que en estos momentos estoy sintiendo. EL RINCÓN DE LUIS en Titulcia, un sitio dónde estoy disfrutando lo que no está escrito y que por supuesto, al que invito de sus propios bolsillos a conocerlo y si luego no les place, en éste mi blog y su casa, estoy para cobrar lo que falta hiciere.

¡ENHORABUENA familia del RINCÓN DE LUIS de Titulcia! ¡Menudo festín!

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¡¡¡¡¡SORPRESA, SORPRESA!!!!! –EL GRAN TOMATÓN DE ARANJUEZ-

Hoy así, como un día cualquiera, mientras estaba dale que te doy al teclado y otros menesteres de las redes sociales, entre ellas Twitter y Facebook que le tengo abandonado por cabezón que soy y un objetivo pendiente, me llamó un amigo al que voy a llamar el pájaro Chulín, no por pájaro sino por compañero del Duque que tanto conocen.

El caso es que dicho emplumado de dos patas y sin alas, que volar no hace, pero a veces lo parece, me pía al zapatófono que está un tanto depre, y como es de Ley, un amigo es lo que se siente y padece unas veces, y otras las que se disfruta, que para eso está la amistad, así que con el ánimo de echar un cable y después de los requeridos auxilios inalámbricos, quedamos en vernos a eso del mediodía y noventa minutos más de la costumbre europea y otros lados, ¡menos la española!, que para eso siempre hemos sido diferentes.

-Chulín, que no te preocupes, que la luna aún está en creciente, ya verás cuando se llene, estarás como siempre. -Le digo y es normal, al menos para el lunático que narra los acontecimientos, vengo estudiando los fenómenos lunares desde tiempo ha y puedo afirmar que por algún motivo, son parte de la astrología desde tiempos inmemoriales y no de mis particulares caprichos.

-Es que no sé lo que me pasa, estoy, que no estoy. –Me contesta, y a lo que añado como es muy natural entre personas que se conocen desde el último tercio del pasado siglo y han compartido sus problemas, culpas, gracias y desgracias durante tanto tiempo.

-Si quieres nos vemos, creo que te vendrá bien piar y expiar un poco. –Estos son los momentos en los que hay que estar, que para copas otros vendrán.

-Venga, te recojo y te invito a comer, estoy en el pueblo que no reconoce el GPS de mi coche sobre la docena y una y media más.

-Ok, alto y claro, cierro, tango, charly que me pongo medio guapo, si es que se puede y parlamos de lo que fuere menester.

De manera que con tiempo suficiente, me dediqué a mis labores cotidianos a base de golpe de teclado, imaginación y tesón con desparpajo para la promoción del pájaro de verdad, al mirlo y Duque del Altozano me refiero, ¡faltaría más! y a la colaboración entre otros tantos compañeros y competencia, ¡qué lo somos!, pero de buenas lides y batallas.

Antes de la hora prefijada, algo muy normal en maese Chulín, y por supuesto también costumbre de un servidor, recibí la notificación a viva voz de que ya estaba por estos lares, de manera que deprisa y corriendo, este vaquero no, que ya está demasiado desgastado, este otro y la camisa azul a cuadros tipo mantel de seda más vieja que la madre que lo parió, chanclas al estilo de toda la vida, esparto y que no falte en verano, ¡viva la libertad del calor!, un tanto de perfume, eso sí, que no se diga que el hábito del monje no huele bien y rodando, ¡que es gerundio!

-¡Buenos días de nuevo!, ¡pero si tienes buena cara!

-Nos vamos a los Aranjueces de Dios, que ahí tengo dos visitas y aprovechamos para comer algo en el centro.

-Alto y claro. –Por el camino me va contando sus cosas, que como es de Ley son suyas y suyas son, yo solo escucho, analizo y veo dónde está el posible cruce de irrealidades que le están causando el estrés de agosto y llegamos a la ciudad del Príncipe, pero por otro camino, que de autovías y otras pistas estamos hasta el cogote, en especial si vives en el campo y puedes darte esa suerte de libertades.

-Hay un restaurante al lado de la plaza de toros que está bastante bien.

-Cualquier sitio me parece perfecto, para un menú lo mismo da, que da lo mismo, pero conozco un sitio que te vendrá de perlas, está entre una larga carretera muy recta y frondosos y altos chopos centenarios, camino de Chichón, se come bien y estamos lejos de zonas civilizadas, ¿te place? –Di una alternativa que le diera otro cariz a la depre que el caballero llevaba encima, pero  se empeñó en ir al sitio que tenía en su cabeza desde el principio y ahí nos presentamos, no sin antes…

-¡Coño Chulín, que te has vuelto a pasar!, tira de frente que hay un cambio de sentido y volvamos a intentarlo, que tampoco pasa nada, ¡hoy no hay prisa!

Hay que reconocer que mi inestimable amigo y compañero de batallas estaba algo descentradillo, de todas formas puedo decirles, que desde que cumplí la mitad de la temperatura necesaria para que el agua entre en ebullición, a mí me pasa lo mismo, lo que ocurre es que el que disfruta es el copiloto y el que cobra el que lleva el volante, cosas de varones y nuestros…

Llegamos al lugar idealizado por mi camarada de mil batallas, situa el transporte especial justo al lado de manera milimétrica y nos vamos a un sitio que reza “EL TOMATE DE ARANJUÉZ”.

Ya en el interior, nos sentamos tranquilamente por orden y gracia del caballero que de negro nos atendió, trajo la carta de vinos y viandas, y estudiar la faena.

-Aquí está muy bueno algo que lleva tomate, el arroz y el rabo de toro. ¿Cómo lo ves? –Tiró de la muleta el anfitrión.

-Lo que te plazca, pero arroz…, en cualquier lado lo comemos, sin embargo el rabo de toro no es muy poco frecuente y si lo hacen bien, tanto mejor. –Respondí.

Viene el atendedor y nos pregunta qué vamos a comer, así que visto que el pájaro Chulín no se acordaba del nombre del afamado plato atomatado…

-Dice mi compañero que tienen ustedes algo con tomate que es una gozada. –Afirmé y como es normal, el camarero soltó la retahíla de colorados ilustrados de Aranjuez.

-Tomate con anchoas, con bacalao, con… y con cebolletas y guindillitas.

Chulín entra al trapo cual maestro en medio de la plaza y a punto de recibir al astado y le indica…

-Perfecto, la ensalada de tomate con cebolleta y guindillitas de primero y ¿alguna cosa más?

-Pues mire, tenemos una ensaladilla especial de la casa que es una obra de arte, a base de bacalao y langostinos, deberían ustedes pedir esa delicia.

¡Hostias!, un plato frío con un pescado que a los dos nos encanta y algo de marisquiño. Nos miramos y sin decir este pico es nuestro, se dio la aprobación por amplia mayoría, y eso que los dos somos de la oposición.

-También una de rabo de toro, y para mí…, ¡no sé!, ¿qué me recomienda? –Preguntó el toreador acostumbrado a dicho lar.

Que si entrecot, albondigón, ¡oiga que eso rima!, todo de buey y un pisto de la madre que lo parió de lo rico que está. El caso es que después de haber cantado la carta a viva voz y sin atascarse, mi vecino de mesa pidió el pisto manchego y cuando pensábamos que todo estaba visto para sentencia…

-Hay unas cosa que quiero decirles, saben ustedes que el rabo de toro es una carne muy delicada y hoy no la hice, y que de un día para otro se va.

¡Ay va la hostia!, nos miramos los dos perplejos por lo que habíamos visto salir de aquella boca supuestamente profesional sobre un guiso que está mejor al día siguiente, ¡vaya tela!, pero mejor callar y entender que no tenía, y el caballero no supo decir la verdad, ¡que ya es decir!, total que no le hicimos caso, pero se quedó con la cara de los dos, de eso pueden estar muy seguros.

-Dígame entonces que otra cosa puedo pedir.  –En este caso me tocó a mí por ser la parte interesada afectada.

-El albondigón de buey con boletus edulis y fua le encantará.

-Pues eso mismo, supongo que si dice edulis, ¡será edulis!, ¿verdad? –No por molestar, es que me sabe muy mal que me den gato por liebre y con las setas es muy frecuente, en especial en esta época del año, aunque pueden ser congeladas y no digo nada, pero ese hongo tiene un sabor muy fuerte, fino y penetrante, tanto que es inconfundible entre sus congéneres gastronómicos, por algo es la seta rey junto a la amanita cesárea.

-Por supuesto. –Respondió y se marchó a por el vino, el agua para mi afectado Chulín y nos trajo un aperitivo que estaba de auténtico lujo, creo que debe ser pasta del wan tun, rellena y frita en forma de cucurucho delgado, sobre un fondo brocheado de ajoaceite.

Proseguimos con nuestra charla y apareció el transportista, “así es como llaman en cocina a los camareros”, con la ensalada, que todo hay que decirlo, la cebolleta de lujo, las guindillitas también y el tomate y para mi gusto, simple y llanamente bueno, para un sitio que se llama así, no puedo decir otra cosa.

¡Tatachá, tachán, tachán!, y llega el plato tan recomendado, recién salido de un molde circular, con cuatro patatas chips clavadas encima con los márgenes y distancias bien situados a las 12, 3, 6 y 9 horas, un reloj de los de antes y una ramita que no probé, pero que muy bien podría ser un brote de ajo tierno cruzada de lado a lado, como la manecilla del que marca el horario.

-¡Te sirvo! –Y Chulín con buena intención procedió con el intento.

-¿Te molesta si cojo directamente del plato? –En especial porque algo me decía que aquello de ensaladilla tenía lo que el Duque de virgen. Se puso lo que considero pertinente y yo tiré directamente del lado más próximo.

-¿Qué le ha pasado a la patata?, ¿se le habrá pasado al jefe de cocina y ha decidido que es mejor batirla? –No es exagerado, es que era como comer un pastel o pudding de supuesta ensaladilla y digo supuesta, porque llevaba mahonesa, que si no habría puesto otro mejunje para comparar lo que estaba llevándome a la boca.

-Ya te lo dijo, que el bacalao estaba desmigado. –Acentuó mi compañero, de manera que callé y volví a probar aquello, era posible que estuviera perdiendo el paladar, ¡que nunca se sabe!, hasta que harto de intentar saborear el… “lo que sea con mahonesa”…

-¿Pero esto te sabe a algo? –Estaba comprobando si había sufrido algún ictus en el lado del cerebro que controla el gusto y el olfato, empezaba a preocuparme seriamente.

-La verdad es que no, no sabe a nada, pero es lo que hay. –Contestó mi querido amigo del alma y ave que no vuela y parece y por fin me sentí aliviado, no era yo, sino el invento que se les había ido de las manos y que sacaron a la venta por no tirarlo, ¡ya me parecía!…

Chulín sigue con la enseñadilla de inos y ha calao, que no bacalao y sí gambones, pocos, pero no me meto con eso, que ya se sabe, hoy con el aroma a veces es suficiente, el entre mes y años para que se me olvide la afrenta, ¡vaya tela! y qué difícil y complejo es hacer algo con bacalao y que no sepa a nada, tan solo por eso hay que darles una estrella michelones, que además rima con sus…

El caso es que llegan los segundos tercios y sin la cola de toro, ¡por supuesto!, que también es posible que se hayan pasado por aquellos lares los animalistas y consideren que esa parte que se le da al diestro cuando se lleva las dos orejas, es un humillación y no debe servirse en los restaurantes, ¡a saber!, que a estas alturas, me lo creo todo.

-¿Les han gustado los entrantes? –Pregunta el tabernero y Chulín que me mira. Si algo hay después de tantos años de batallas, es que bien nos conocemos y una simple vista, ¡lo dice todo!

-La ensalada muy rica, ¡pero oiga!, lo de la ensaladilla, ¿no cree que ha exagerado un tanto con la calidad del plato? –Le comenté cortés y educadamente, que para picas, ya estaba Flandes y nuestro cuerpo, ¡ni en broma!

-¿No le ha gustado? -¡Hostias!, que me lo volvió a preguntar, no me lo podía creer, seguro que, o bien no lo había probado, o el jefe de cocina le había puesto un machete en la garganta, que es algo más habitual de lo que parece en los momentos llamados de “la puré o la mierda”, según quién y dónde se exprese.

Callamos y afrontamos el juicio de los siguientes tercios de varas, pisto manchego con huevo frito y la famosa rima, ¡sí señores y señoras!, el albondigón de los… con edulis y fua del pato que se fue a tiempo porque se dio cuenta lo que le esperaba. Ese plumífero sí que es inteligente, tanto que aún vive por ahí, disfrutando de su hígado a base de buenos vinos y viandas de maíz por tierras de Titulcia, porque allí ni en broma, ¡se lo digo yo!

El pisto con el mismo molde que el de la famosísima enseñailla y el huevo frito colocado a lo COE, es decir con boina caída hacia un lado y buena pinta, ¡pardiez que sí!, chulo era como los soldados del siglo XVI, el resto lo veríamos después.

Y el bolón, un peaso canica de cuarto y mitad de peso, sobre cuatro o cinco patatas chips caseras o quizá al horno, con las setas laminadas alrededor en un plato. Que por cantidad no sea, en esta ocasión juzgo a su favor, pero…

-¡Hostias Chulín!, el pato se fue por peteneras cuando vio la mala leche del jefe de cocina y los edulis tornáronse de pronto en pinícolas, champán o similar. Ya sabía que algo no cocía bien, ¡pero veamos!, es posible que el balón que está en medio del plato sepa a algo.

Sitúo el cuchillo calculando una duodécima de la parte del cilindro, justo en un centímetro por encima del ecuador y le doy un tajo por el meridiano de Aranjuez.

-¿Qué tal el pisto?, tiene buena pinta. –Animo a mi fiel colega de muchas andanzas.

-¡Está frío! -Me contesta y procedo a probarlo.

-Está templado pero es normal, hace calor y es posible que lo sirvan así, la verdad es que me gusta, entre otras cosas porque la verdura está en pequeños trocitos que puedes masticar, pero toma la temperatura al huevo y sabrás si se han despistado o no.

Coloca un dedo sobre el epicentro de la yema y le da como resultado…

-Está caliente, pero se me ha pasado el hambre.

-Espera, espera, prueba un poco de la nueva mezcla de cemento armado.

-¡Que no, que no quiero comer más!

-¡Hostias!, pruébalo ahora que dentro de unos minutos se habrá ajustado y ya no se podrá masticar. –Conseguí que deleitara la nueva configuración de superglú antes de armarse y le vi la cara, no dijo nada porque siempre ha sido tan sumamente educado que no se queja, y yo con los tiempos, sin embargo he aprendido que si no lo haces, el que venga detrás pagará por algo que no vale nada, ¡el mismo tercio de varas!, así que pienso que si todos hacemos lo mismo, mañana no nos darán liebre por gato o pan por queso.

No estaba el día para bollos, en especial por mi amigo, que desde hace ya un tiempo me tiene preocupado, pero creo que aún no se ha dado cuenta que cada día está mejorando tanto de manera profesional como personal y humano, esa es una batalla que hay que afrontar, en especial cuando los cambios en tu vida son importantes, así que pronto caerá la fruta por su peso, su autoestima se pondrá dónde por Ley le pertenece, y todo habrá quedado en agua de borrajas.

-¿Algún postre?

-¡No!, un par de cortados y la dolorosa, por favor. –Chulín.

-¡Perdón que uno de ellos sea un italiano, pero café, ¡ehhh! –El Duque.

-Da igual, si trae dos cortados me los tomo yo. –El pájaro.

Y nos traen lo prometido, el mío en su sitio y como en pocos lugares lo ponen, ¡válgame el cielo que sí! y el de mi vecino de mesa también, pero ahí no quedó la cosa…

-Por cierto, nos están felicitando por la ensaladilla, me lo ha dicho el cocinero.

¡Ay va la rehostia!, y nos que nos íbamos a marchar sin decir este pío es mío, al menos el mirlo, por supuesto, pero no podía ser, si algo me ofende es que me traten de tonto, así que…

-Mire si esa ensaladilla la hacemos cualquiera de nosotros tendría sabor, dígaselo de nuestra parte al señor que está en el interior de la cocina, porque el profesional debe estar de vacaciones y ya de paso, si este fuera mi negocio, retiraría esos platos de las recomendaciones y de las mesas pidiendo disculpas, porque la imagen de Aranjuez se puede ir al traste, que la de la taberna, ¡es lo de menos! Por cierto, ¿sabe usted lo que es la ironía y el sarcasmo?, mire a sus clientes y se dará cuenta de lo que le digo.

-Ahora sé a qué se dedican ustedes. –Nos soltó y se marchó tan pancho el caballero, posiblemente pensaría que éramos de la competencia, ¡manda narices!

Salimos de allí y se lo dije a Chulín, una afrenta de este calibre no podía quedarse sin las justas adecuadas, porque entiendo y él también, que es posible que el día no fuera el adecuado, ¡pero oiga!, ¡no insista!, que si le están avisando por algo será y eso que no le dije lo del hormigón armado con sabor a ajo y perejil, ¡que si no!

Hoy a las tantas y con un artículo que debería ser corto, se me ha ido la pluma por el mismo camino que el fua del pato que debía llevar el bolón de carne prensada y pasada, ¡por peteneras! En otra ocasión les contaré cómo funciona el nuevo GPS del coche de mi querido y entrañable amigo Chulín.

Voilé.