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“Siete minutos para amarte!

Ayer vi subir cinco estrellas al firmamento, ¡perdón! hay que sumar tres más, empiezo y nombro a ese universo que lleva por título “Siete minutos para amarte”

Nunca me pude imaginar que llegaran a levantar al público durante casi treinta minutos, media hora de aplausos de pie de unos espectadores que habían vivido lo mismo que yo, un auténtico espectáculo, un musical que ya llevaba camino de ser un éxito, pero que sobrepasó los límites de la imaginación.

Quienes tuvimos la suerte de estar allí sufrimos el hechizo de unos auténticos fenómenos de la interpretación y de una obra que debe exponerse en los mejores teatros, ¡no de España!, sino del mundo entero. Más del cuarenta por ciento del tiempo a risas y carcajadas. ¡Increíble!

Empiezo por el creador, Don, porque merecido se lo ha. Él y el resto de los cuerpos celestes. El pasado lunes a las 8 horas de una tarde y noche, todos fueron propietarios por reales derechos de dos orejas y rabo por persona, vuelta al ruedo y salida por la puerta grande del Alfil templo. En este caso Esteban García Valdivia, que ha sido capaz de escribir y plasmar sobre el plató una MAGNA obra, con mayúsculas y mi más sincero respeto.

A Expresando por haber visto lo que tenía entre sus manos. En ocasiones las cosas pasan de largo sin puesta en escena, pero no, vieron lo que tenían en sus manos y con ¡sus cánones lo llevaron a cabo! ¡Gracias!

Y ahora voy por los actores, dejo a la gran estela para el final, ¡y ojo!, que todos los son, pero hay cosas que se ven y oyen y jamás se podrán olvidar.

Marusella Oviedo, quien supo poner e imponer un toque de picardía de la vieja escuela, amén de ingenio y sus talentos. Sara Teleña, otra sorpresa, tablas y qué maneras, destreza, coraje y genio. Ana Camino, luces, chispa, actitud y pericia. Jesús Sanz, ¡tela y el telón! La voz en off, a Jesús Alcañíz me refiero, siempre a la altura de las circunstancias, mandando y ordenando cual torero a un bravo astado, y falta, ¡el astro rey!, ¡Don Jesús Arias, y me quedo corto!, soltura, ganas, coraje, participios, ¡perdón huevos quise decir!, interpretación, gesticulación y voz. Aún sigo sorprendido por lo que puede ver, sentir y oír ayer.

Sin olvidarme de ese grupo musical que nos trajo las delicias del rock, los Bullys quiero decir, banda que supo cuadrar en todo momento la extraordinaria gala.

¿Han surgido nuevas estrellas? ¡No, toda una constelación!, “La de Siete minutos para enamorarte” Habrá que hablar con los astrónomos para que la busquen, que ahí está, en un universo plagado de cuerpos celestes donde los mismos luceros se han visto obligados a dejar sitio en el firmamento.

Chapó Esteban, Chapó Expresando, Chapó Marusella, Chapó Sara, Chapó Ana, Chapó Jesús Alcañíz y chapó, chapó y chapó a Jesús Arias.

Gracias, un millón de millones de gracias por crear y plasmar sobre el escenario, ¡tanta genialidad! ¡Siete minutos para amarte!