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Dos de Mayo con Soberano

Dos de mayo, ¡cómo suena la sirena!, ¡sí!, la que cada año rememora aquel día en que partiendo de Móstoles y luego Madrid, el país se levantó contra el Soberano, a la botella me refiero, ¡eso, a Don José Buenas las Partes que se llevó!

Una mañana se levantó el petite Cabrón, como declararía nuestro ilustre escritor Pérez Reverte en El Águila Imperial, obra que por cierto leo al menos tres veces al año y por supuesto recomiendo, entre otras cosas porque esas formas de narrar, el caballero las envió por bulerías, pero amén de la tristeza que me pesa por haber perdido tan insigne forma de la expresión histórica, que tan solo es un punto de vista, sigo con la cuestión del alcohol.

Nos la quisieron colocar como al Duque, ¡sin avisar!, vaya tela, que campeón, el señor emperador de las francesas maneras, de unos tiempos en los que ya estaba florecida la revolución de un país entonces y ahora republicano, por eso, ¡sí!, señoras y señores, como nos quería tanto y enseñarnos pretendía la liberté, igualité y fraternité, pero como le salía de sus perales, nos trajo ni más ni menos que a otro Soberano, copa incluida en la mano, tal y como fue.

Tres de mayo

Reyes, zuelos,  y otros apoderados se vieron en un jardín sin flores, y las que había se las llevaba el petit de los… de manera que después de haber sufrido los desencantos del que fue el Gran Nefasto, nos pusimos de acuerdo beatos, curas, señoras de alta alcurnia en menesteres de placer, panaderos, cuchilleros, señoritos sin femenino apetito, monárquicos, republicanos, todos los anos, y otros dones para expulsar los vapores, que con tanto cariño caían en el vaso del hermano del imperator, y así ocurrió, Goya tuvo su honor y gloria con aquellos 2 y 3 de mayo, en el que en la madrileña plaza que hoy lleva el dos por sayo y mes, las tropas francesas incurrieron en el primero de sus grandes errores.

Y hay historiadores que pretenden razonar con la importancia de esas tres palabras que componen el éxito de la guillotina, y que con tanto cariño nos regaló el que al suelo no le llegaban los pies, ¡tela, tela, tela, tela y vaya tela! ¡sí!, como lo digo y  otro telón de fondo, el de la aspiración de conquistar todo lo que es redondo, pero la democracia, a su manera, claro, solo a la patria de nuestro vecino, que por cierto, a pesar de sus andares, me caen bien.

El “Napo” León, nos trajo la pérdida de los mares, en una encrucijada donde con almirante español los hijos de la Gran Bretaña se habrían comido lo que debió ser, otra derrota, pero… el destino es tan cretino, que gracias a los afrancesados y al peor de todos los monarcas que tuvieron estas Españas, nos dieron jarabe, ¡y de palo!, traidores a un país de mujeres, niños y hombres forjados a luchar por lo que es suyo.

Hoy queda quien pretende decir que el que en Córcega terminó, pretendía instaurar similares formas de gobierno para nuestro bien. ¡Pardiez!, ¡Víve Dios que no!, que al caballero de la mano en el pecho, lo que le interesaba son nuestros desechos, y si no, ¿para qué nos envió otro monarca?

Pero bueno, libre es la opinión y sobre todo, las ganas de vender, así que ahí lo dejamos, recordando una historia que al frente nos llevó a todos de la mano, menos a los que fueron engañados y por supuesto, quienes como siempre ha ocurrido, los que dineros y poder querían para el fondo de sus bolsillos.

El petite era tan… como dice Pérez el Reverte, que nos devolvió al único que no merece llamarse Fernando, por eso y si vuestras mercedes me lo permiten, voy a nombrarle sin mayúsculas y en tono que se merece, así pues se queda en ferdinand aquel cobarde, que haciendo alarde de su poder restablecido, nos trajo de sus raíces un gran regalo, como es de Ley, a los Cien Mil Hijos de San Luis para degollar, violar, matar a nuestros paisanos como si animales de granja fueran, así que al “Napo” si ustedes me lo permiten, le voy a dar dos en lugar de una, el título que se merece, acompañado de la imaginación de todos los que conocen la real historia, por tanto, señoras y señores, en sus manos dejo tan peculiar y particular forma de la expresión que siendo breve todo lo dice y que falta no hace plasmar. Voilé.

¡Feliz día de la española Libertad!, a nuestras maneras, ¡claro está!

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