Mezclando manzanas

Ha comenzado el periodo de elecciones municipales. Algunos dicen que son el ciclo de los próximos imputados y en el fondo así es como nos sentimos la inmensa mayoría. El CIS en su último sondeo deja las cosas más o menos como antes estaban, PP y PSOE dándose y frotándose las manos, seguidos de Iglesias y de Ciudadanos. Pero el caso es que las cosas están igual o peor que antes y les diré por qué pienso así.

En las próximas elecciones y si todo sigue el cauce que estamos viviendo en estos momentos, el PP se verá obligado a pactar con el partido de Albert Rovira, del que personalmente tengo muy buena impresión, y no es de ahora, llevo siguiéndole desde que empezó en Barcelona, y por supuesto el PSOE lo hará a su misma vez con PODEMOS, esa es la triste historia que nos espera.

Se da la circunstancia que los veteranos se verán obligados a alinearse con las fuerzas novatas, esas en las que tanta esperanza tenemos, y he ahí el problema. ¿Cuando se ha visto que en un cesto de manzanas perfectas pongas una podrida y ésta no estropee al resto? C`est la vie.

Si había alguna posibilidad de apretar el cuello a las viejas glorias, nos vamos a encontrar con que no sólo no van a ajustarse las corbatas, sino que lo que viene es más de lo mismo, tanto con Rovira como con Iglesias y esto…, es lo que más me duele.

Como persona que mide, qué puedo recibir y qué perder, no puedo votar a alguien que creo asustará a los dineros, pero sí a quien sé que no lo hará, pero… y esta es la cuestión, ¿para qué?

Otro gallo cantaría si por una vez en la vida de esta nuestra España ambas y rebeldes fuerzas pletóricas, cargadas de juventud y de ganas, llegaran a un acuerdo para desbancar a las generaciones que tanto daño nos han y están haciendo. Y no me hablen que si el PSOE, PP, IU, CIU, UGT, CC.OO…., que me da francamente igual, nada tengo contra ellos y sin embargo todo está en su contra, así son las cosas.

La corrupción está en la sopa, ¡y ya no es de letras!, ya hace mucho tiempo que es de estopa, ¡sí!, la que cada día nos dan con juegos de palabras, de estadísticas a su antojo, imputados en la calle, jueces que hacen lo que deben deshonrados y sin trabajo y mucho miedo, más del recomendable. Ayer sin ir más lejos, una noticia me dejó de piedra de nuevo, tan simple como que el juez paraliza la inspección a Rato y 61 consejeros más por las tarjetas black al entender que el dinerito en negro de dichas tarjetitas, no eran para gastos de representación, sino un complemento retributivo. ¡Vamos!, que las cantidades que no figuraban por ninguna parte en la entidad bancaria es legal, pues a mi, ¡que me lo cuenten!, ¡si!, quiero y necesito saber cómo carajo se pueden manejar los cuartos que no se ven legalmente.

Siempre he dicho que al dinero no se le puede asustar, hay que dejarle ver que puede seguir sumando, ¡pero de otra forma!, y es que el puñetero, ¡es cobarde y tiene vida propia!, por eso no creo en las revoluciones, pero sí en la pesca, en los sedales bien tirados con el que poco a poco va cediendo el contribuyente, ¡al que menos paga y más gana me refiero!, de ahí que me dejara llevar por alguien al que considero inteligente, noble y honesto, pero viendo el percal, creo que he de ir por otro lado, pues como ciudadano de éste país no quiero volver a ver lo que durante estos años y en la época de González, Aznar y Zapatero me ha tocado, ¡oigan, que es desde siempre! y si no ponemos las medidas, así seguirá siendo hasta el final de los días.

Por eso esta pluma les pide que piensen en lo que tenemos, y lo que nos va a quedar si por el mismo camino continuamos, que muy difícil es que los jóvenes puedan con los viejos en terrenos de zorros y en este caso es la de los pasillos y favores, que al principio cuando los mozos lleguen a su destino, se colmarán de orgullo y de vanidad y ahí, ¡créanme!, ¡ahí murió el gato cazador! y por supuesto lo peor de todo, la esperanza de un gran cambio que ponga a esta nación dónde debe con todo sus habitantes y a los que se han dedicado a la política para ganarse la vida, dónde les toca.

¿De verdad piensan que negociando entre viejos y jóvenes se eliminarán los aforamientos a los políticos?, ¡venga ya!, tan simple como decirle al oído…, ¡Oye Antoñito, que mañana te puede tocar a ti!, así de claro y de simple y esto no es más que un breve ejemplo. Dicen que la fruta madura cae por su propio peso, ¡hostias!, ¡pues aquí no, eh!, lo que nos viene encima es el peso de toda ella, incluido los frutales, nada más, que de comer nos quedará mierda a raudales, ¡ya se lo digo yo!

Por eso sé que dónde hayan manzanas frescas, no se debe colocar una pasada, es una de esas leyes fundamentales que ahora debemos respetar, si algo queremos, ¡claro está!

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Crónicas de la experiencia en el Congreso Latinoamericano de Literatura en Toledo

Dulce fue ese día, en el que cinco hidalgos de distintos y curiosos lugares, en compañía de una gran dama y dos extraordinarias doncellas, invitados fuimos al Congreso Iberoamericano de Literatura, celebrado por primera vez en los treinta años de sus anales, en nuestra España, y para esta ocasión en el monumental e histórico Toledo.

Gratamente recibidos y muy sorprendidos por el cariño con el que Don Ismael de la casa de Álvarez de Toledo y Perales, nos recibió, pues no esperábamos tanta atención, de manera que a la primera…, ¡ya nos ganó!

Largas charlas y amenas, muy bien aplicadas y que cortas se hicieron sobre los personajes del Ingenioso e Hidalgo, de la mano de Francisco Javier Escudero, cargada y documentada de confiable información, que destacaron las primeras muestras de la historia del alcalaíno y complutense, en sus periplos mientras en libertad estuvo por tierras de la Mancha y otros lares, donde suponer se dice, se basó para escribir la obra más maestra de la literatura universal, ¡a Don Quijote me refiero!

¡Un poema! esa fue la deducción y relato del cómo fue aquel pobre poeta, ¡sí!…, de Rocinante hablo, al que compraron y denunciaron al vendedor, por hacerlo con un equino corto de vista, cojo y echado para atrás, amén de la montura, que como todos sabemos, prietas carnes tenía, tanto que las costillas y huesos se le veían y marcaban muy bien.

Unos dicen que de éste, el otro dice que quizás, que por aquí pasó, que en la cara no le daba el sol, que era levante, poniente ¡y la madre que lo parió!, así comentó José Manuel González Mujeriego, hablando de su obra Lo que Cervantes calló, el caso es que para seguir el paso, tener deberíamos que andar ese camino, con buenas viandas y buen vino, que en la tierra no falta y con los libros a cuestas, y pensar, ¡válgame Dios!, como hizo Don Miguel, que aunque arruinado, encarcelado y muchas veces vilipendiado, siempre mereció ese calificativo.

Cervantes presente estuvo en todo momento, aunque vérsele ninguno pudiera, si no por una, era por otra, igual daba, que siempre como premio y a Dios gracias las benditas letras de Saavedra, aunque tengo que decir, y lo siento, pero arrepentirme no puedo, que nada se puede hacer cuando hay documentos, y mucho se dice sin ellos cuando faltan, es por esto que rosa vi durante un tiempo, la vida del más genial escritor de todos los tiempos, y es que de algo hay que vivir, ¡digo yo!

Al paso que vamos, sabremos cómo preparaba los duelos y quebrantos, las migas o las gachas, si de pie o sentado, con menos o más oro del verde, o sin los fritos eran los huevos de comer o los suyos de tanto cocer, y al final… ¡verán ustedes!, el de Lepanto nos sale campeón de Mastercheff. Quién me iba a decir que después de evitar la televisión por la información que cada vez más fucsia es, encontrarla iba en un lugar tan especial. ¡Mucho tiempo libre pienso yo!, y ganas de saber más de lo que se puede y se debe de una vida a todos modos suya, que no nuestra, pues seguro estoy que el autor de tan genial obra reiría al principio y con desgana después, plasmando con ironía y sarcasmo tal y como debe ser, a aquellos que ¡enamorados de su obra entendieran que suficiente no es.

Arrancó María Senatore por bellas poesías, escritora y muy buena la de Uruguay, que confundir fui con otra poetisa de la red, y que pensando que quizás la suerte me acompañara, diome una buena trama de confusión, pues uno de esas bellas letras, Si yo pudiera volar, leí por casualidad en un blog de muy alta estima y no siendo ella la que en Internet escribió tan hermosas rimas, llegar tuvimos a la conclusión que alguien prestado tomó tan extraordinarias letras, pues decir tengo que en esa publicación, nadie firma lo que escribe y es posible que lo que se plasma a veces tenga otra pluma, así es la vida, fue y seguirá siendo.

Tiempo nos dieron para las fuerzas recuperar y seguir disfrutando de los congresistas, y a nosotros, que los primeros tocaba al comienzo de tan plácida tarde a las horas de la siesta, ¡pero que no hubo!, pues tomáronse muy en serio el trabajo a destajo, siendo muchos tiempo a fe mía, pero que tal no parecía.

A esta pluma tocó describir quienes y qué hacíamos allí los Alfareros, ¡a los del Lenguaje me refiero! esa asociación que lucro no tiene y hermana a la anfitrión, todo bien, hasta que de unos, que escritores no son, me acordé, ¡si!, ¡de Bill Gates y Steve Jobs! que ambos peleando como estuvieron en vida, que uno ya se fue, olvidaron que las tecnologías compatibles habrían de ser, de manera, que el Power Point en PDF por un lado iba, y por el otro…, mi viva voz, ¡cosas que pasan!, ¡hay que ver!

Suerte que la experiencia sigue teniendo mil grados, que sumados al millón de mi siniestra, a Ismael me refiero, hicieron que la ventura transcurriera como si nada ocurriera, dándole un toque de humor por si cabía, ¡y cupo! ¡se lo digo yo!, a la lectura que por suerte, en otra pantalla estaba plasmada.

Por quince minutos nos invitaron y a cuarenta el tiempo se marchó, jamás imaginamos tanta gracia para unos desconocidos, pero así fue, y Álvarez de Toledo de nuevo mandando sobre la mesa, como ha de ser, aunque no le hizo falta arengar a la tropa como antaño y con esa famosa frase que rezaba, Hijos míos los soldados son para el rey como las naranjas, primero las exprime y luego tira la cáscara. Así pues abrió otro coloquio que interesante y necesario para todos es, y de la mano de Mujeriego, ¡ojo, que del apellido hablo!, quien trató de saber, por qué unos escritores quieren y otros no desean publicar y a los hechos me refiero, pues así empezó a destacar la realidad actual de las editoriales y el mercado tal como está.

Explicaciones di en ese momento de las diferencias que hay en esos tormentos, de Facebook, Twitter y los blogs quiero decir con un simple ejemplo que quizás alguien entendió, al menos así lo pareció.

Las empresas son lo que vemos y padecemos, organismos de lucro incesante que lo mismo te dan por detrás que por delante, así que con el auge de las autopistas de la información, quien más seguidores tiene, vale un montón y quien no los tiene cuesta mucho más y reduce el margen operacional, ¡y como no!, aumentando el riesgo y reduciendo el cahs flow, de las encargadas de editar y vender por doquier las obras de quien proceda, según la misma proporción de recuperación de la inversión y de las ganancias venideras.

Así quedó la breve explicación que nadie, creo, entendió, pero sí las metáforas con las que el lujo me di de explicar, ante tan ilustres e ilustrados personajes, cómo, de qué manera y cual es la función de las distintas sociales redes, por ello y por ustedes vuelvo y repito en su propio  beneficio y en el mismo propio.

Jugando con la imaginación, pensemos que cada uno de nosotros tiene un gran almacén, al tipo de por ejemplo, de El Corte de Toledo, ¡que no hay, creo yo! pero como si lo hubiere.

Paseando hay muchas personas por el exterior, viendo escaparates pero no entran, eso es Twitter, primero hay que hacer que pasen y vean lo que dentro hay, guste y entre ellos te den a conocer, de este modo, la demanda irá aumentando en función de la cantidad de clientes, ¡así es!

Una vez en el interior palpan parte de la cuestión, viendo los vivos catálogos y desarrollan algo de interés, he ahí Facebook, donde empieza parte de la amistad. Pero queda lo principal, les hemos dado, parte del valor vital, al menos ya nos conocen, pero nos necesitan más en profundidad, y ahí está el blog, nuestra auténtica página web, donde podrán deleitarse de algún que otro relato o de algunos versos con comentarios varios y abiertos, participativos y orientados al cliente de verdad.

Esta fue obra y parte de la intervención que tanto interés despertó y es que o nos ponemos al día, o esperamos la lotería para darnos a conocer, pues son muchos los autores, entre los cuales yo mismo me encuentro, con ganas y con hambre, con recursos pues ya los tengo y económicos no son, para hacer llegar mi arte, ¡si lo tuviera!, o un desastre, que también puede ser.

Finalizada la ponencia de la asociación y nuestra revista literaria Horizonte de Letras, tocole el turno a otra escritora, en esta ocasión de Ángela Piña hablo, quien a base de su propia experiencia, plasmó sobre papel una inolvidable novela con mucho talento, dándole empaque al relato, que engancha desde principio al final, con turbias aventuras y desventuras de emoción retocado de la cirujana precisión, de quien lo que escribe es, porque vivido lo ha.

Un tiempo extraordinario tuvimos, escuchando de su viva voz, los motivos que le llevaron a coger la pluma y narrar sucesos tan excepcionales, momentos en los que la emoción tuvo dulce final con palmas de ayuda del público en general, ¡que falta le hizo!, al menos durante unos breves segundos, para seguir expresando las sensaciones y vibraciones que causaban tanta turbación a los que allí estábamos.

De lo que vi y escuché, recomiéndolo todo, no por haber estado, sino por haber tocado tanto genio y talento por todas partes. No obstante entre tanto, me quedo con la totalidad y muy en especial con En otro lugar, de esa mujer, que alado es su nombre y fruta de apellido lleva en compañía, que de todo hay que tener.   

Tiempo nos faltó, pero imposible nos fue disfrutar de más espacios de placer, que el congreso nos dio de la mano de Ismael y de la Sociedad Iberoamericana de Escritores, que con todos los honores, proceden de Uruguay, Chile, Argentina, Colombia, Mexico, Estados Unidos y éste amado país.

Así pues, redundo y mucho, pero falta nos hace, porque agradecido somos, especialmente cuando gratamente hemos vivido tan singular e internacional primera edición en España, de gentes notables e ilustres, lustradas y amantes de las letras, las de casa o las de fuera, siempre y cuando lo que se escriba, fuere con buena pluma y con sesera.

¡Gracias! que corran y no paren, que no hay memoria ni papel que abarcar pudiere, con tanto agradecimiento como el que nosotros llevamos dentro.

¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!! 

Presentación en el Congreso Iberoamericano de Literatura de Toledo

TEXTO Y PRESENTACIÓN CONGRESO IBEROAMERICANO DE LITERATURA

Buenas tardes tengan ilustres damas y caballeros unos andantes y otros volantes. Gracias dóiles y les damos por estar aquí presentes y dispuestos a darnos la oportunidad que tanta ilusión nos face, puesto que nos llena de satisfacción darles a conocer tan entrañable y estimado proyecto.

Gracias, al de la casa de Álvarez de Toledo y a la de Perales, en las manos de Don Ismael, ¡faltaría más! ¡y cómo no! a nuestra entrañable escritora y amiga Ángeles Piña.

Muy breve voy a ser, pues pretender quiero, dejaros con hambre en este congreso, y por eso, nada mejor que las tripas como es menester de la época, es decir, y para todos, a medio placer.

Alfareros del Lenguaje, somos todos los que aquí estamos, ¡Sí! y con esto me refiero, a ustedes, a nosotros, y a los que no vemos, pues constantemente construyendo estamos, esos sueños que tan importante son, para dar a conocer nuestro mundo…, tal y como ha sido…, es…, y seguirá siendo.

En síntesis, componemos ese núcleo que alimenta el futuro de nuestra sociedad, los que cada día uniendo letras, formando frases y recreando ilusiones, emociones y sensaciones, damos un respiro a la humanidad. Por ello y con su venia, ¡si me la dan! ¡y si no es así! ¡se lo digo ya! me permito decirles con toda humildad, que hoy para los Alfareros del Lenguaje, ¡a los del título de la asociación me refiero! nos complace presentarles nuestro sistema vehicular.

Curioso aparato, ¡al invento me refiero! pues no tiene ruedas, tampoco motor y es 100% eficiente y pura humanidad. ¿que será?…

Simplemente, una enorme nave tridimensional y atemporal, donde cabe, todo aquello de quien querer desea, compartir parte de su particular forma de pensar, escribir e ilustrar, por lo que para ello, siempre está abierta a quienes de forma honesta desean aportar tan ilustre y apetitoso manjar.

Somos los que creamos las ideas y posteriormente plasmamos en bellos relatos, poemas o ilustraciones, por lo que para darnos a conocer, falta nos hacía una máquina del tiempo y del espacio, y ¡EUREKA! ¡la conseguimos!

En el tiempo, porque todos los humanos pueden vernos en su horario real…, y en el espacio… porque el sitio, francamente, nos da igual. Para ello y por todos ustedes, creamos el Horizonte, el que nos faltaba como punto de referencia para seguir con las letras, así pues, nuestra revista digital….Horizonte de Letras.

Trimestral la edición es, y veintisiete sus números, de ahí la conclusión de los años que ha de tener, que sumando uno más, siete mágicas veces trescientos sesenta y cinco días ha de ilustrar. 

Por el camino publicaciones se han hecho, unas muy buenas y otras no tan al derecho, pero sabiendo como somos, que no hay mayor tesoro que el de los errores, ¡sí!, ¡si de ellos se aprende, me refiero! seguimos poniendo en la mesa, nuestras plumas de mil amores.

¡Qué decir de las ilustraciones!, ¡he ahí, una de ellas!

Dicho esto, por ahí andan algunos de nuestros socios y colaboradores, quizás incluso de allende los mares, ¡nunca se sabe! pero conocidos sí los tenemos, entre ellos a Ignacio, el León Roldán que allí está, el que tantas veces cierra España, Santiago Miranda Jovellar, Julio Valencia Monestillo siguiendo con el estribillo o nuestro maestre de campo Isidro Martínez Blanco y éste viejo soldado que ha puesto la pluma y la voz, Fernando Cotta con dos tribunos y Pollo, ¡sí! ¡el de la cazuela!

Y qué decir de los que no han venido, Rafa Gálvez, de los Gálvez, ¡de los de toda la vida! y el que honor hace cediendo su gracia, talento y nombre a nuestra tertulia, la de cada último viernes de cada mes, o José Bárcena, que tan buenos y sabios consejos nos da, o nuestro chairman, ¡perdón! ¡presidente quise decir!, Don Enrique Eloy de Nicolás que tampoco pudo estar, o nuestro particular Rey, a ¡nuestra María me refiero!, que siendo ella, por el apellido parece él y no es.  Echamos de menos a nuestro marqués, ¡el de Alféizar quiero decir! que utilizar face otros nombres, tales como Fernando José Baró Terrón o nuestra y muy humilde manchega Matilde Gonzálvez Caballero, y más…, ¡no sigo! ¡he de parar!

Necesario creo que indicarles es, que tanto Alfareros del Lenguaje, como Horizonte de Letras, han sido construidas con todo el cariño y el amor del mundo, y sin ningún tipo de interés comercial, por ello debo recalcar y es importante, ¡sin ánimo de lucro!

¡Va!… ¡por el Registro Civil!

Señor Presidente, ¡al de España me refiero!

Hoy por las calles madrileñas calles, de tintes de amarillo canario tenéis paseando a la población. ¡Cuanta devoción para esta triste canción!

Sabed que esa marea gualda es del color de nuestra bandera, ¡si! la que separa las dos bandas de rojo y conforman el símbolo y emblema de ésta, ¡nuestra nación!

No entiendo de política y tampoco me pica, pero sí algo de números, y eso…, ¡me irrita!  Con amor os lo digo, pues seguro estoy que estáis cometiendo un gran error, que verse reflejado primero en el paro de los asalariados interinos que de funcionarios hacen, y que a destajo trabajan en los Civiles Registros aguantando pacientemente y ayudando al ciudadano, a que tenga la documentación pertinente, bien y adecuada en su mano, y luego ¡como no!  en los votos, esos condenados silencios que cuando se cabrean lo mandan todo a tomar vientos.

¡Sabe Dios que sé de que hablo!  pues conocer conozco a varias y muy estresadas personas, que viven su desdicha cara a un público que poco sabe de su crudo trabajo, y esto va por todos, pues hay lugares dónde menos trabajo tienen y sin embargo otros dónde por exceso viven la cruda realidad.

Sesenta son los millones, ¡si señor!  que cuesta a las arcas del público erario un servicio tan notorio y necesario, ¡que no seiscientos!  y por esa ridícula cantidad se quieren cargar la caridad que no es tal, puesto que bien pagado está a base de nuestros impuestos y desde que vemos la luz.  Primero por nuestros padres y luego por los que estamos y vienen haciendo y cumpliendo con lo necesarias costumbres que nos permiten saber de dónde somos y dónde hemos pacido.

Los números nunca se me han dado mal, pues empresario he sido hasta que vino el castigo, primero de los que no supieron controlar, posteriormente la crisis y luego las prótesis de la realidad. Hoy escribo con más o menos atino sobre historia y otras cosas, por ejemplo cuando siento que algo es una injusticia y una barbaridad, ¡y esto lo es!

Eliminando el Civil Registro y enviando las gestiones a los de la Propiedad, no reducís los gastos, creo que además los aumentáis mucho más, pues es de saber que esos personas que se dedican a su misma y notoria profesión y con ello me refiero a su carrera, ¡empresarios son!  y por lo tanto poco o nada dados al capricho del regalo de su propio bolsillo, pues sabido es, que los negocios y estos menesteres no van bien de la mano, más bien lo contrario.

Por lo tanto seguirá siendo un gasto, aunque deducible, ¡todo hay que decirlo!  pero un gasto que de algún sitio habrá de salir, muestra de ello son esos cuatro milloncetes que acaba usted de adelantar para cubrir con parte de lo que está aún por llegar.

El Registro Civil no desaparecerá, pues es imposible que de pronto y fruto del azar no veamos más algo tan vital, por ello no quedará otro remedio que seguir manteniendo los depósitos donde almacenar la información, y este detalle mi querido presidente, ¡no es gratis!

A esto voy a sumar los costes que los registradores de la propiedad tendrán que ejecutar, y entre ellos los desplazamientos, valijas y otros malos alientos a los almacenes de cada central, y mire por dónde, que no sé por qué, ¡no me cuadra!

Por ello y en virtud de lo que encima se viene, tome usted un café bien cargado si le place, o un whisky on the rocks que también le vale, y cambie la dirección de ese desatino que a tantos españoles nos está dando por la popa sin saber si recibimos, o nos están dando muchas más estopa.

Sin más,

Don Ferrando

En el Avapiés de Madrid a 11 de abril de 2.015

La Venganza del Altozano – Capítulo IV

Capítulo IV

En una soleada mañana de primavera y la cabeza en su sitio, el maestro de la pluma y papel, oteó los primeros rayos del astro a través de la ventana, esperando que aquel nuevo día, tuviera un final feliz, pues su amigo bien lo merecía por todo el amor que desprendía.

Ya vestido y coselete ajustado, con  las armas que un preciado soldado debe tener, bajó las escaleras y torció a la derecha con la intención de dar un paseo y aprovechar aquella magnánima luz que Dios le daba para ajustar sus ideas y de una vez por todas, encontrar al cliente que necesitaba para volver a ser un hidalgo con la bolsa llena…, ya no le quedaba ni para la cena.

Sosegado y en paz consigo mismo, iba disfrutando del bullicioso ruido del gentío que rodeaba los puestos de carnes, pescados, frutas, verduras y flores. Viendo que era la hora de un buen almuerzo, tomo el camino directo al lugar sagrado, aquel donde escribía y daba lo mas amado, donde unos le rendían honores, y otros obligada pleitesía para evitar el temido cruce de espadas y puñales, del que era tan valedor como con la pluma que a él, tan bravamente le servía.

Saludando a izquierda y derecha a cualquier dama o doncella que se le cruzaba, llegó a su acostumbrado figón, en el que le daban buena comida sin quitarle un riñón.

— Buenos días tabernero.   

Éste situó en su habitual puesto, aquel que todos conocían por ser del mas apuesto.

— Buenos días Don Ferrando, hoy se le ve mas fino y relajado.

— ¿Sabéis algo del carnicero?.

— Aún no ha aparecido, pero a buen seguro que lo hará, y de buena cara en esta ocasión

— ¡Eso espero!, merecidos tiene ya los favores de su María, aunque con semejante carácter, puede ocurrir de todo, que lo ame hasta la muerte, que de carestía lo deje inerte o simplemente de un certero tajo,  le cercene sus honores para luego depositarlos y cuidarlos junto a las flores.

— ¡Pues anda bien el patio!, vaya favores que le hacéis entonces.

— En líos de faldas puede ocurrir de todo, que el toro salga ego de victoria, o que la brava le dé una de buenas, en las penas. Servidme unos duelos y quebrantos , que hoy ando con buen  apetito.

— Imagino que con riego.

— ¡Faltaría mas!, ¿que son las viandas si no las acompañas con un buen zumo de vida?

Tomada la comanda, el cantinero llamado por todos José, se fue a la barra, aquella donde tantas veces había servido a todo tipo de gentes, buenas y malas, truhanes y macarras, que de todo viene a este buque, desde un miserable hasta un duque.

El creador de cartas de esperanza, mientras esperaba la chanza, discurría que sería de su gran amigo, unas veces compañero de jarcias y otras valedor. En esas estaba cuando de pronto apareció Don Francisco, humillado, cual soldado que pierde y hunde la rodilla, rogando que solo sea una pasajera pesadilla.

— ¡Por Dios!, ¡vaya pinta traéis!, estáis como si os hubiera pasado por encima toda la carga de la caballería.

— Y así ha sido Don Ferrando y buenos días. ¡Ya no puedo mas!

Ocupó la butaca frente a su amigo, esperando que Dios le diera la sabia definitiva que le permitiera ganar aquella guerra, pues batallas…, todas las había perdido.

— ¡Ponedme al día!, que si seguís así, poco podré ayudaros.

El hundido personaje, cabizbajo y sin coraje, ni hablaba ni sentía, o al menos así parecía aquella masa humana deshecha y tirada y un millón de veces maltratada.

— Don Francisco, ¡poned los arrestos sobre la mesa!

— Pero si ya no me quedan.

— ¿Os los han cortado?

— Peor aún, pues así al menos no tendría la necesidad de dárselos a mi ser amado.

— ¡La madre que os parió!, y ella no tiene culpa. Sabed que así no llegaréis a ningún lado, os falta la seguridad que cualquier mujer que se precie, necesita para saber que su compañero es su hombre, la de esa especie que con sus prestaciones, la deje henchida de vanidad y orgullo, suspirando mientras cocina, compra o trabaja, perdida en su mundo, soñando con verle y volver a sentir el cielo con el mismo anhelo con el que un suspiro le da la vida.

El sermón dio los frutos  deseados, levantó la barbilla alzando la vista, hacia los ojos de su mentor, que tanto interés estaba poniendo en su favor, y pidiendo disculpas…

— Tenéis razón, ¡pero es que ya no puedo mas!, el corazón se me parte y estoy perdiendo la sazón necesaria para dejar de parecer un paria. Ella me puede, me quiere…, pero no me deja, me necesita, pero me da lentejas, y así…, así no puedo continuar, prefiero como vuestro amigo Enrique, convertirme y vivir entre rejas.

El poeta se revuelve en la silla, dando un fuerte golpe en la mesa.

— ¡No, eso no!, a mi no me vengáis con esas, soportaría perderos en lances  de alcoba con vuestra María, ¡pero ni en broma en un monasterio!, debéis volver a recuperar vuestro risueño, aquel que tanto la enamora y por la que pierde el sueño, a mi no me carguéis mas la conciencia con otro amigo pidiendo a Dios clemencia, mientras se azota como un auténtico idiota, ¡antes os finiquito yo! 

— Vamos Don Ferrando, se que no queréis recibir la visita de la Santa, pero no es para tanto.

— Vuestra merced no sabe que ánimos gasta el fraile inquisidor, prefiero cruzar la mar océana a nado, que aguantar dos veces las gracias del aniquilador.

En esas estaban los dos amigos, uno bravo y justiciero y el otro derrotado y perdido el honor del fiero, cuando de pronto una lozana tapada de arriba abajo, entró en la taberna, clavando la mirada en la coronilla del carnicero y sin esperarlo, se lanzó sobre el cogiéndole del brazo con tanta fuerza, que la víctima creyó llegada su hora.

— ¡Venid sinvergüenza!, que dejáis los trapos sin lavar, y ¡eso…, eso no!

— ¡Doña María!, no os esperaba por estos lares, ¡que hacéis!, ¡no tratéis así a un hombre en público!

— ¡Vuestra merced!…, ¡a callar!, si no queréis mancillar vuestro honor y apellido…, que con mi marido, ¡tengo ahora mismo que hablar!

Don Ferrando, viendo lo que se avecinaba intentó aflojar a la casada, buscando piedad en su mirada, pero no la había, mas bien parecía que el carnicero pasaría a ser parte de la carnicería, colgado y abierto como una vaca,  un cordero o un toro mal avenido, porque de esta no le salvaba ni su espada.

— ¡Pardiez, doña María!, no se que os pasa, jamás os había visto con tanta energía. Id con vuestro esposo, pero ¡por Dios os lo pido!, no le hagáis mas daño, su corazón ya no es el de antaño, que a base de tanto sufrimiento como le habéis causado, está casi en el otro lado.

— ¡No aguanto ni mas tonterías ni sandeces!, ¡que este hoy lava!, ¡vamos lo va a dejar todo como la patena!

La herida dama tiró del brazo del casi muerto, solo le quedaba eso, un par de hostias en el huerto, mientras que los allí presentes, callaban y miraban a otro lado, pues a justas de mujeres no estaban acostumbrados. Aquellos valerosos hartos de mil guerras y batallas, agachaban la cabeza, por sin venir al caso, sufrieran ellos las desvergüenza de un tirón de orejas sin saber, ni cómo ni por qué había llegado.

Don Francisco arrastrado por la fuerza de aquella fiera, se tambaleaba como los que sufren la tortura de los inquisidores, sabía que ahora ya no tendría mas vida y mas honores, ella…, su mujer, su dulce, su antojo, en presencia de todos le había dejado hecho un puñetero despojo.

Cuando se hubo ido, los altaneros hidalgos que allí bebían y almorzaban, empezaban a levantar la cabeza, pero con cuidado, no sea que una cornada les viniera de costado, hasta que hizo entrada otro valeroso soldado.

— ¡Vive Dios Don Ferrando!, ¿qué pasa aquí, que no se oye ni una mosca?

— ¡Han salido volando!, solo quedamos las ánimas de los vivos que hemos sido testigos, Don Enrique. Sentaos y hacedme compañía, que hoy os juro que la necesito, nunca jamás había visto semejante ultraje a todo un personaje.

El compañero de lances en batallas y otras chanzas, tomó asiento en la afamada butaca y con el semblante muy serio, interrogó a su colega.

— ¿Que ha pasado para que no se escuche ni siquiera un murmullo?

— El barullo ya lo hubo unos minutos antes de aparecer vuestra merced, ahora ni Dios se atreve a levantar la voz, no sea que le toque a él el demonio que ha pasado y con tantos cojones a Don Enrique se ha llevado.

Don Ferrando puso en antecedentes a su viejo camarada, decidiendo darle el turno al vino.

— ¿Y me decís que se le llevó en volandas?

— Por decirlo de alguna manera, pero os juro que fue mucho peor. No me gustaría estar en su pellejo, si es que le queda algo, ¡claro está!

— Desollado como un pobre cordero, así va a quedar nuestro querido carnicero.

Pasaron las horas hasta que el espíritu patrio empezó a recuperarse, Baco todo lo puede, quitando las penas a base de alcohol en vena, jarra va…, vaso viene, hasta que se hizo la noche, fue entonces cuando Don francisco apareció con brillo en sus ojos, altanero y entero, de una pieza se acercó a la mesa, sirviéndose una copa del caldo que allí estaban tomando y levantándola brindó:

— ¡Gracias Don Ferrando!, hoy he cumplido y arreglado ese corazón herido, restableciendo así la armonía del amor que tanta falta hacía a mi amada, y a mi mismo.

—¡Brindo por vuestra merced!, querido amigo, visto lo de hoy, pensábamos que mañana serías carne de mordisco.

— Traía tanta rabia y amor desmedido, que me ha dejado para el arrastre. Os garantizo que jamás volveré a cometer errores que me impidan amar a mi María de noche y de día. Le dejo una buena bolsa, que bien merecida la tenéis. Gracias a vuestra sabiduría, he recuperado lo que mas falta me hacía. Ahora os dejo, no quiero perder ni un segundo más del cortejo.

— Id con Dios y tomaos las cosas con calma, no es necesario dejarse el alma en la primera batalla, que la guerra puede ser dura y larga.

— ¡Gracias de nuevo!

Y así se despidió el ahora afamado marido, preparado  para lance y  las justas con su mujer, ahora y por doquier, dispuesto de dejarse la vida por tanto querer.

Pasaron los días y Don Ferrando nada sabía de su amigo el carnicero, tal que un sábado como otro cualquiera, mientras a base de vinos y tapas, las mejores del tabernero, brindando como era menester después de la cuarta, quinta copa o yo que sé, escuchó las puertas del paraíso en forma de campanas, aquellas que avisaban que algún alma buscaba el camino de la gloria, esa de la que tanto se habla desde que tenemos memoria, pero que nadie tiene prisa por ver.

— ¡Repica a muertos!, ¿quien será el desdichado?, vaya día para morir, en sábado unos se van y otras a punto de parir.

En esas que el poeta hablaba a solas, consigo mismo, como tantas y tantas veces había acontecido, avistó la puerta y le vio parar, mirar y seguir su camino, entonces dio un fuerte golpe en la mesa, rompiendo la jarra y pronunció.

— ¡Adios Don Francisco!, ¡que Dios te tenga en su gloria!, porque podéis estar seguro, ¡que siempre estaréis en mi memoria!

Dicho esto en voz alta, bajó la cabeza, se cubrió con el sombrero de ala ancha y sin siquiera pagar su deuda con el tabernero, salió de la cantina, sin prisa, sin esmero, de nuevo había vuelto a perder a otro amigo, otro que su ayuda le había pedido y que él no le había negado, y gritando al cielo.

— ¡Dios!…, ¡hoy te he enviado otro siervo!, ¡otro ser humano que de amor a muerto! luchando como un soldado por la noble causa de su esposa. ¡Esta si es forma  dulce y honrada de irse a vuestra diestra!, ¡Amén!

Y así volvió el altozano, a tomarse la justicia de su mano.

Adan y la Eva –

-¡Ayyy!, ¡Dios!… que esto duele, ¡ehhh!, ¡no entiendo por qué me tienes que quitar una costilla!

-¡Cállate! y déjame hacer, ¡hombre!, que es por tu bien, con el tiempo me lo agradecerás.

Y así ocurrió. De la Divina mano de la Providencia, del mejor cirujano y creador jamás conocido, nació la más bella entre las bellas del glorioso jardín del Edén, la Eva, ¡si!…, la de Adán.

Tan finamente tallada la costilla quedó, que el hombre de quejarse dejó, disfrutando como estaba mientras observaba crecer a su símil y futura compañera en aquél paradisíaco lugar.

La Eva creció en el amor de su príncipe, el único azul de aquellos lares, disfrutando de cada momento e instante de sus prietas carnes y del resto de avatares. Hasta que un día, y sin saber por qué, el marino azul cambiando fue de color, hasta llegar al rosa pasión. Ella, la única mujer de la tierra, la que Dios creó a su imagen y semejanza, notóse desplazada, por las flores, árboles, frutas, pájaros y mariposas, ¡que entonces no había mando a distancia! Allí estaba él…, antes osado y ahora amanerado, ¿me habré pasado?, se preguntaba entre sollozos, ¿por qué este cambio? Antes amante en cada rato, esquina o alcornoque y ahora volando va entre el campo, soñando cual pajarillo, aleteando para prender el vuelo y ayudado por la brisa del aire.

-¡Adán!, ¡ven aquí!, ¿has lavado los platos?, ¡siéntate en la taza que de pie salpicas y manchas!

-¡Claro cariño!, pero que buena eres conmigo mi dulce amor, que sería de mí sin ti. ¡Gracias Dios!, que razón tenías.

Nuestra reina cada vez más bella, no entendía por qué aquel mozo tan bisoño que tan bien roncaba, silbaba y bramaba durante la noche…, durante el día así se comportara. Macho dormido… y tan femenino despierto…, ¡qué tierno!

Ella, la más digna y maravillosa fragancia del amor, viendo que los cambios de aquel hombre no le gustaban, decidióse a probar otras filigranas, llamando a su cuerpo por su nombre y llevándole al prohibido árbol de la vida.

-¡A ver si se despierta este jodido Adán!, que me tiene… ¡ay como me tiene!

A la sombra de las ramas estaban observando como caían las manzanas, cuando una voz surgió, melodiosa, dulce y sensual.

-¡Tomad esta fruta y morded con ganas!, y veréis que bien os sienta.

-La Eva tan sensibilizada por aquel tenor que tan bien rezaba, diole a su compañero para que éste el diente hincara, ¡pero no quiso!, no le apetecía, ¡le decía aquél cabrito! Así que dispuesta a todo, mordió primero, masticando el dulce de la esperanza y luego:

-Toma mi amor, un poquitín te vendrá muy bien.

-Como quieras cariñín, pero no debemos. ¿No será mejor, primero hablar con Él? 

-¡Tu come y calla!, mi tierno bomboncito…, a ver si con esto, se te abre un poco el apetito.

Haciendo caso de su amada, Adán el cebo mordió, y de golpe…, ¡zhasss!… todo cambió.

-Mira que te dije que Dios se iba a cabrear, que no comiéramos de la prohibida pasión.

-¡La culpa es tuya!, tendrías que haberte negado, fíjate como estamos ahora por no haberte comportado como lo que eres, ¡solo tú eres el culpable!

Y así empezó el mundo que conocemos, aunque con el tiempo que todo lo puede…, comenzó volviendo a su cauce, los machos menos machos y cada vez más ausentes, muchos de ellos ya machotes… y la hembra buscando a su cacho, que de haberse escondido ya no sabía dónde, y por ello, estudiando los errores que no comprendía, de los sin sabores que la vida le había dado.

Pincha aquí para ver la obra interpretada por Jesús Arias Ruiz.

Réplica a la señora Rubiales por el PIROPO

Señora Rubiales:

Sepa usted que si algo es condenatorio desde cualquier punto de vista, es un piropo bien dicho y en solitario, pues puede quedar en entredicho el honor del bicho que lo ha pronunciado. Bien sabido es que si no es capricho y autorizado por su majestad, a la cárcel puede ir bajo su potestad, pues siendo una hipérbole bella que loa la grandeza de cualquier persona, puede ser mirado como un delincuente que a una mujer ha acosado, esa… mi serenísima, es la auténtica realidad.

Mas pudiera decir con su consentimiento, que solicito y seguro no tengo, o sin su venia y no me arrepiento, que el que piropea en una sola presencia, la del ser que recibe esa bella esencia de la pureza que ensalza las virtudes de su naturaleza, puede interpretar con toda naturalidad que el culpable busca la unión momentánea de dos personas en su justo equilibrio, es decir, y en castellano de toda la vida, pero que se entiende así en todos los idiomas, matar el tiempo rozando los santos sacramentos de las conciencias más espirituales del universo, y no es así.

Cuando un caballero se quita el sombrero al paso de una mujer, no es una intención, es devoción, respeto y esmero en demostrarlo.

Usted está llamando machista al hombre masculino, ¿debo entender que en caso contrario también así es?. Que su serenísima no disfrute con las regularidades o irregularidades del verbo, no quiere decir que las, y los demás tengan su misma y particular forma de ver la vida. Una cosa es el progreso y otra el retroceso, y por lo que veo, seguro que volveremos a pagar por otro mapa como el de Aído, o más.

Las cualidades humanas del masculinismo, y así lo escribo para que se entienda, nada tienen que ver con su machismo, y con esto me refiero a su merced, pues tal forma de evitar la admiración con más represión, así lo es. Curiosa observación teniendo en cuenta siendo quien es, pues es de saber, que quizás la experiencia a algunas no ha llegado, que ejerciendo la hipocresía en la dirección que sopla, no queda otra cosa que estopa, por supuesto la que usted da, que para recibir ya estamos los humanos individuos y que a base de soportar aguantamos como chiquillos las ofensas que nos lanzan hiriendo como auténticos cuchillos.

Ya sólo nos queda un parque cerrado, uno de esos con anillas de caballería, donde poder sujetar al potro y al resto del ganado, con o sin ayuda del otro, y con bozal, ¡por favor y que no falte!, que las metáforas y la rimbombancia de los detalles pueden ser exagerados y mal entendidos, por eso y ya de paso, aproveche y cuelgue un cartelito, cual señal de tráfico que avise con todos los lujos y mucho cuidado a cualquier pajarito, de los animales que allí se hubieren fijados y bien encerrados, creo que bien le quedaría, y de ello casi seguro estoy, un dibujo de un masculino varón con un texto que en grande indique “PELIGRO, HOMBRES”.

Saludos del que se expresa, admira el arte, la gracia y el talento, en vida, con un suspiro y a veces con acierto, otras… C`est la vie.

Relatos históricos, irónicos y sarcásitos de los que soy autor