¡Va!… ¡por el Registro Civil!

Señor Presidente, ¡al de España me refiero!

Hoy por las calles madrileñas calles, de tintes de amarillo canario tenéis paseando a la población. ¡Cuanta devoción para esta triste canción!

Sabed que esa marea gualda es del color de nuestra bandera, ¡si! la que separa las dos bandas de rojo y conforman el símbolo y emblema de ésta, ¡nuestra nación!

No entiendo de política y tampoco me pica, pero sí algo de números, y eso…, ¡me irrita!  Con amor os lo digo, pues seguro estoy que estáis cometiendo un gran error, que verse reflejado primero en el paro de los asalariados interinos que de funcionarios hacen, y que a destajo trabajan en los Civiles Registros aguantando pacientemente y ayudando al ciudadano, a que tenga la documentación pertinente, bien y adecuada en su mano, y luego ¡como no!  en los votos, esos condenados silencios que cuando se cabrean lo mandan todo a tomar vientos.

¡Sabe Dios que sé de que hablo!  pues conocer conozco a varias y muy estresadas personas, que viven su desdicha cara a un público que poco sabe de su crudo trabajo, y esto va por todos, pues hay lugares dónde menos trabajo tienen y sin embargo otros dónde por exceso viven la cruda realidad.

Sesenta son los millones, ¡si señor!  que cuesta a las arcas del público erario un servicio tan notorio y necesario, ¡que no seiscientos!  y por esa ridícula cantidad se quieren cargar la caridad que no es tal, puesto que bien pagado está a base de nuestros impuestos y desde que vemos la luz.  Primero por nuestros padres y luego por los que estamos y vienen haciendo y cumpliendo con lo necesarias costumbres que nos permiten saber de dónde somos y dónde hemos pacido.

Los números nunca se me han dado mal, pues empresario he sido hasta que vino el castigo, primero de los que no supieron controlar, posteriormente la crisis y luego las prótesis de la realidad. Hoy escribo con más o menos atino sobre historia y otras cosas, por ejemplo cuando siento que algo es una injusticia y una barbaridad, ¡y esto lo es!

Eliminando el Civil Registro y enviando las gestiones a los de la Propiedad, no reducís los gastos, creo que además los aumentáis mucho más, pues es de saber que esos personas que se dedican a su misma y notoria profesión y con ello me refiero a su carrera, ¡empresarios son!  y por lo tanto poco o nada dados al capricho del regalo de su propio bolsillo, pues sabido es, que los negocios y estos menesteres no van bien de la mano, más bien lo contrario.

Por lo tanto seguirá siendo un gasto, aunque deducible, ¡todo hay que decirlo!  pero un gasto que de algún sitio habrá de salir, muestra de ello son esos cuatro milloncetes que acaba usted de adelantar para cubrir con parte de lo que está aún por llegar.

El Registro Civil no desaparecerá, pues es imposible que de pronto y fruto del azar no veamos más algo tan vital, por ello no quedará otro remedio que seguir manteniendo los depósitos donde almacenar la información, y este detalle mi querido presidente, ¡no es gratis!

A esto voy a sumar los costes que los registradores de la propiedad tendrán que ejecutar, y entre ellos los desplazamientos, valijas y otros malos alientos a los almacenes de cada central, y mire por dónde, que no sé por qué, ¡no me cuadra!

Por ello y en virtud de lo que encima se viene, tome usted un café bien cargado si le place, o un whisky on the rocks que también le vale, y cambie la dirección de ese desatino que a tantos españoles nos está dando por la popa sin saber si recibimos, o nos están dando muchas más estopa.

Sin más,

Don Ferrando

En el Avapiés de Madrid a 11 de abril de 2.015

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La Venganza del Altozano – Capítulo IV

Capítulo IV

En una soleada mañana de primavera y la cabeza en su sitio, el maestro de la pluma y papel, oteó los primeros rayos del astro a través de la ventana, esperando que aquel nuevo día, tuviera un final feliz, pues su amigo bien lo merecía por todo el amor que desprendía.

Ya vestido y coselete ajustado, con  las armas que un preciado soldado debe tener, bajó las escaleras y torció a la derecha con la intención de dar un paseo y aprovechar aquella magnánima luz que Dios le daba para ajustar sus ideas y de una vez por todas, encontrar al cliente que necesitaba para volver a ser un hidalgo con la bolsa llena…, ya no le quedaba ni para la cena.

Sosegado y en paz consigo mismo, iba disfrutando del bullicioso ruido del gentío que rodeaba los puestos de carnes, pescados, frutas, verduras y flores. Viendo que era la hora de un buen almuerzo, tomo el camino directo al lugar sagrado, aquel donde escribía y daba lo mas amado, donde unos le rendían honores, y otros obligada pleitesía para evitar el temido cruce de espadas y puñales, del que era tan valedor como con la pluma que a él, tan bravamente le servía.

Saludando a izquierda y derecha a cualquier dama o doncella que se le cruzaba, llegó a su acostumbrado figón, en el que le daban buena comida sin quitarle un riñón.

— Buenos días tabernero.   

Éste situó en su habitual puesto, aquel que todos conocían por ser del mas apuesto.

— Buenos días Don Ferrando, hoy se le ve mas fino y relajado.

— ¿Sabéis algo del carnicero?.

— Aún no ha aparecido, pero a buen seguro que lo hará, y de buena cara en esta ocasión

— ¡Eso espero!, merecidos tiene ya los favores de su María, aunque con semejante carácter, puede ocurrir de todo, que lo ame hasta la muerte, que de carestía lo deje inerte o simplemente de un certero tajo,  le cercene sus honores para luego depositarlos y cuidarlos junto a las flores.

— ¡Pues anda bien el patio!, vaya favores que le hacéis entonces.

— En líos de faldas puede ocurrir de todo, que el toro salga ego de victoria, o que la brava le dé una de buenas, en las penas. Servidme unos duelos y quebrantos , que hoy ando con buen  apetito.

— Imagino que con riego.

— ¡Faltaría mas!, ¿que son las viandas si no las acompañas con un buen zumo de vida?

Tomada la comanda, el cantinero llamado por todos José, se fue a la barra, aquella donde tantas veces había servido a todo tipo de gentes, buenas y malas, truhanes y macarras, que de todo viene a este buque, desde un miserable hasta un duque.

El creador de cartas de esperanza, mientras esperaba la chanza, discurría que sería de su gran amigo, unas veces compañero de jarcias y otras valedor. En esas estaba cuando de pronto apareció Don Francisco, humillado, cual soldado que pierde y hunde la rodilla, rogando que solo sea una pasajera pesadilla.

— ¡Por Dios!, ¡vaya pinta traéis!, estáis como si os hubiera pasado por encima toda la carga de la caballería.

— Y así ha sido Don Ferrando y buenos días. ¡Ya no puedo mas!

Ocupó la butaca frente a su amigo, esperando que Dios le diera la sabia definitiva que le permitiera ganar aquella guerra, pues batallas…, todas las había perdido.

— ¡Ponedme al día!, que si seguís así, poco podré ayudaros.

El hundido personaje, cabizbajo y sin coraje, ni hablaba ni sentía, o al menos así parecía aquella masa humana deshecha y tirada y un millón de veces maltratada.

— Don Francisco, ¡poned los arrestos sobre la mesa!

— Pero si ya no me quedan.

— ¿Os los han cortado?

— Peor aún, pues así al menos no tendría la necesidad de dárselos a mi ser amado.

— ¡La madre que os parió!, y ella no tiene culpa. Sabed que así no llegaréis a ningún lado, os falta la seguridad que cualquier mujer que se precie, necesita para saber que su compañero es su hombre, la de esa especie que con sus prestaciones, la deje henchida de vanidad y orgullo, suspirando mientras cocina, compra o trabaja, perdida en su mundo, soñando con verle y volver a sentir el cielo con el mismo anhelo con el que un suspiro le da la vida.

El sermón dio los frutos  deseados, levantó la barbilla alzando la vista, hacia los ojos de su mentor, que tanto interés estaba poniendo en su favor, y pidiendo disculpas…

— Tenéis razón, ¡pero es que ya no puedo mas!, el corazón se me parte y estoy perdiendo la sazón necesaria para dejar de parecer un paria. Ella me puede, me quiere…, pero no me deja, me necesita, pero me da lentejas, y así…, así no puedo continuar, prefiero como vuestro amigo Enrique, convertirme y vivir entre rejas.

El poeta se revuelve en la silla, dando un fuerte golpe en la mesa.

— ¡No, eso no!, a mi no me vengáis con esas, soportaría perderos en lances  de alcoba con vuestra María, ¡pero ni en broma en un monasterio!, debéis volver a recuperar vuestro risueño, aquel que tanto la enamora y por la que pierde el sueño, a mi no me carguéis mas la conciencia con otro amigo pidiendo a Dios clemencia, mientras se azota como un auténtico idiota, ¡antes os finiquito yo! 

— Vamos Don Ferrando, se que no queréis recibir la visita de la Santa, pero no es para tanto.

— Vuestra merced no sabe que ánimos gasta el fraile inquisidor, prefiero cruzar la mar océana a nado, que aguantar dos veces las gracias del aniquilador.

En esas estaban los dos amigos, uno bravo y justiciero y el otro derrotado y perdido el honor del fiero, cuando de pronto una lozana tapada de arriba abajo, entró en la taberna, clavando la mirada en la coronilla del carnicero y sin esperarlo, se lanzó sobre el cogiéndole del brazo con tanta fuerza, que la víctima creyó llegada su hora.

— ¡Venid sinvergüenza!, que dejáis los trapos sin lavar, y ¡eso…, eso no!

— ¡Doña María!, no os esperaba por estos lares, ¡que hacéis!, ¡no tratéis así a un hombre en público!

— ¡Vuestra merced!…, ¡a callar!, si no queréis mancillar vuestro honor y apellido…, que con mi marido, ¡tengo ahora mismo que hablar!

Don Ferrando, viendo lo que se avecinaba intentó aflojar a la casada, buscando piedad en su mirada, pero no la había, mas bien parecía que el carnicero pasaría a ser parte de la carnicería, colgado y abierto como una vaca,  un cordero o un toro mal avenido, porque de esta no le salvaba ni su espada.

— ¡Pardiez, doña María!, no se que os pasa, jamás os había visto con tanta energía. Id con vuestro esposo, pero ¡por Dios os lo pido!, no le hagáis mas daño, su corazón ya no es el de antaño, que a base de tanto sufrimiento como le habéis causado, está casi en el otro lado.

— ¡No aguanto ni mas tonterías ni sandeces!, ¡que este hoy lava!, ¡vamos lo va a dejar todo como la patena!

La herida dama tiró del brazo del casi muerto, solo le quedaba eso, un par de hostias en el huerto, mientras que los allí presentes, callaban y miraban a otro lado, pues a justas de mujeres no estaban acostumbrados. Aquellos valerosos hartos de mil guerras y batallas, agachaban la cabeza, por sin venir al caso, sufrieran ellos las desvergüenza de un tirón de orejas sin saber, ni cómo ni por qué había llegado.

Don Francisco arrastrado por la fuerza de aquella fiera, se tambaleaba como los que sufren la tortura de los inquisidores, sabía que ahora ya no tendría mas vida y mas honores, ella…, su mujer, su dulce, su antojo, en presencia de todos le había dejado hecho un puñetero despojo.

Cuando se hubo ido, los altaneros hidalgos que allí bebían y almorzaban, empezaban a levantar la cabeza, pero con cuidado, no sea que una cornada les viniera de costado, hasta que hizo entrada otro valeroso soldado.

— ¡Vive Dios Don Ferrando!, ¿qué pasa aquí, que no se oye ni una mosca?

— ¡Han salido volando!, solo quedamos las ánimas de los vivos que hemos sido testigos, Don Enrique. Sentaos y hacedme compañía, que hoy os juro que la necesito, nunca jamás había visto semejante ultraje a todo un personaje.

El compañero de lances en batallas y otras chanzas, tomó asiento en la afamada butaca y con el semblante muy serio, interrogó a su colega.

— ¿Que ha pasado para que no se escuche ni siquiera un murmullo?

— El barullo ya lo hubo unos minutos antes de aparecer vuestra merced, ahora ni Dios se atreve a levantar la voz, no sea que le toque a él el demonio que ha pasado y con tantos cojones a Don Enrique se ha llevado.

Don Ferrando puso en antecedentes a su viejo camarada, decidiendo darle el turno al vino.

— ¿Y me decís que se le llevó en volandas?

— Por decirlo de alguna manera, pero os juro que fue mucho peor. No me gustaría estar en su pellejo, si es que le queda algo, ¡claro está!

— Desollado como un pobre cordero, así va a quedar nuestro querido carnicero.

Pasaron las horas hasta que el espíritu patrio empezó a recuperarse, Baco todo lo puede, quitando las penas a base de alcohol en vena, jarra va…, vaso viene, hasta que se hizo la noche, fue entonces cuando Don francisco apareció con brillo en sus ojos, altanero y entero, de una pieza se acercó a la mesa, sirviéndose una copa del caldo que allí estaban tomando y levantándola brindó:

— ¡Gracias Don Ferrando!, hoy he cumplido y arreglado ese corazón herido, restableciendo así la armonía del amor que tanta falta hacía a mi amada, y a mi mismo.

—¡Brindo por vuestra merced!, querido amigo, visto lo de hoy, pensábamos que mañana serías carne de mordisco.

— Traía tanta rabia y amor desmedido, que me ha dejado para el arrastre. Os garantizo que jamás volveré a cometer errores que me impidan amar a mi María de noche y de día. Le dejo una buena bolsa, que bien merecida la tenéis. Gracias a vuestra sabiduría, he recuperado lo que mas falta me hacía. Ahora os dejo, no quiero perder ni un segundo más del cortejo.

— Id con Dios y tomaos las cosas con calma, no es necesario dejarse el alma en la primera batalla, que la guerra puede ser dura y larga.

— ¡Gracias de nuevo!

Y así se despidió el ahora afamado marido, preparado  para lance y  las justas con su mujer, ahora y por doquier, dispuesto de dejarse la vida por tanto querer.

Pasaron los días y Don Ferrando nada sabía de su amigo el carnicero, tal que un sábado como otro cualquiera, mientras a base de vinos y tapas, las mejores del tabernero, brindando como era menester después de la cuarta, quinta copa o yo que sé, escuchó las puertas del paraíso en forma de campanas, aquellas que avisaban que algún alma buscaba el camino de la gloria, esa de la que tanto se habla desde que tenemos memoria, pero que nadie tiene prisa por ver.

— ¡Repica a muertos!, ¿quien será el desdichado?, vaya día para morir, en sábado unos se van y otras a punto de parir.

En esas que el poeta hablaba a solas, consigo mismo, como tantas y tantas veces había acontecido, avistó la puerta y le vio parar, mirar y seguir su camino, entonces dio un fuerte golpe en la mesa, rompiendo la jarra y pronunció.

— ¡Adios Don Francisco!, ¡que Dios te tenga en su gloria!, porque podéis estar seguro, ¡que siempre estaréis en mi memoria!

Dicho esto en voz alta, bajó la cabeza, se cubrió con el sombrero de ala ancha y sin siquiera pagar su deuda con el tabernero, salió de la cantina, sin prisa, sin esmero, de nuevo había vuelto a perder a otro amigo, otro que su ayuda le había pedido y que él no le había negado, y gritando al cielo.

— ¡Dios!…, ¡hoy te he enviado otro siervo!, ¡otro ser humano que de amor a muerto! luchando como un soldado por la noble causa de su esposa. ¡Esta si es forma  dulce y honrada de irse a vuestra diestra!, ¡Amén!

Y así volvió el altozano, a tomarse la justicia de su mano.

Adan y la Eva –

-¡Ayyy!, ¡Dios!… que esto duele, ¡ehhh!, ¡no entiendo por qué me tienes que quitar una costilla!

-¡Cállate! y déjame hacer, ¡hombre!, que es por tu bien, con el tiempo me lo agradecerás.

Y así ocurrió. De la Divina mano de la Providencia, del mejor cirujano y creador jamás conocido, nació la más bella entre las bellas del glorioso jardín del Edén, la Eva, ¡si!…, la de Adán.

Tan finamente tallada la costilla quedó, que el hombre de quejarse dejó, disfrutando como estaba mientras observaba crecer a su símil y futura compañera en aquél paradisíaco lugar.

La Eva creció en el amor de su príncipe, el único azul de aquellos lares, disfrutando de cada momento e instante de sus prietas carnes y del resto de avatares. Hasta que un día, y sin saber por qué, el marino azul cambiando fue de color, hasta llegar al rosa pasión. Ella, la única mujer de la tierra, la que Dios creó a su imagen y semejanza, notóse desplazada, por las flores, árboles, frutas, pájaros y mariposas, ¡que entonces no había mando a distancia! Allí estaba él…, antes osado y ahora amanerado, ¿me habré pasado?, se preguntaba entre sollozos, ¿por qué este cambio? Antes amante en cada rato, esquina o alcornoque y ahora volando va entre el campo, soñando cual pajarillo, aleteando para prender el vuelo y ayudado por la brisa del aire.

-¡Adán!, ¡ven aquí!, ¿has lavado los platos?, ¡siéntate en la taza que de pie salpicas y manchas!

-¡Claro cariño!, pero que buena eres conmigo mi dulce amor, que sería de mí sin ti. ¡Gracias Dios!, que razón tenías.

Nuestra reina cada vez más bella, no entendía por qué aquel mozo tan bisoño que tan bien roncaba, silbaba y bramaba durante la noche…, durante el día así se comportara. Macho dormido… y tan femenino despierto…, ¡qué tierno!

Ella, la más digna y maravillosa fragancia del amor, viendo que los cambios de aquel hombre no le gustaban, decidióse a probar otras filigranas, llamando a su cuerpo por su nombre y llevándole al prohibido árbol de la vida.

-¡A ver si se despierta este jodido Adán!, que me tiene… ¡ay como me tiene!

A la sombra de las ramas estaban observando como caían las manzanas, cuando una voz surgió, melodiosa, dulce y sensual.

-¡Tomad esta fruta y morded con ganas!, y veréis que bien os sienta.

-La Eva tan sensibilizada por aquel tenor que tan bien rezaba, diole a su compañero para que éste el diente hincara, ¡pero no quiso!, no le apetecía, ¡le decía aquél cabrito! Así que dispuesta a todo, mordió primero, masticando el dulce de la esperanza y luego:

-Toma mi amor, un poquitín te vendrá muy bien.

-Como quieras cariñín, pero no debemos. ¿No será mejor, primero hablar con Él? 

-¡Tu come y calla!, mi tierno bomboncito…, a ver si con esto, se te abre un poco el apetito.

Haciendo caso de su amada, Adán el cebo mordió, y de golpe…, ¡zhasss!… todo cambió.

-Mira que te dije que Dios se iba a cabrear, que no comiéramos de la prohibida pasión.

-¡La culpa es tuya!, tendrías que haberte negado, fíjate como estamos ahora por no haberte comportado como lo que eres, ¡solo tú eres el culpable!

Y así empezó el mundo que conocemos, aunque con el tiempo que todo lo puede…, comenzó volviendo a su cauce, los machos menos machos y cada vez más ausentes, muchos de ellos ya machotes… y la hembra buscando a su cacho, que de haberse escondido ya no sabía dónde, y por ello, estudiando los errores que no comprendía, de los sin sabores que la vida le había dado.

Pincha aquí para ver la obra interpretada por Jesús Arias Ruiz.

Réplica a la señora Rubiales por el PIROPO

Señora Rubiales:

Sepa usted que si algo es condenatorio desde cualquier punto de vista, es un piropo bien dicho y en solitario, pues puede quedar en entredicho el honor del bicho que lo ha pronunciado. Bien sabido es que si no es capricho y autorizado por su majestad, a la cárcel puede ir bajo su potestad, pues siendo una hipérbole bella que loa la grandeza de cualquier persona, puede ser mirado como un delincuente que a una mujer ha acosado, esa… mi serenísima, es la auténtica realidad.

Mas pudiera decir con su consentimiento, que solicito y seguro no tengo, o sin su venia y no me arrepiento, que el que piropea en una sola presencia, la del ser que recibe esa bella esencia de la pureza que ensalza las virtudes de su naturaleza, puede interpretar con toda naturalidad que el culpable busca la unión momentánea de dos personas en su justo equilibrio, es decir, y en castellano de toda la vida, pero que se entiende así en todos los idiomas, matar el tiempo rozando los santos sacramentos de las conciencias más espirituales del universo, y no es así.

Cuando un caballero se quita el sombrero al paso de una mujer, no es una intención, es devoción, respeto y esmero en demostrarlo.

Usted está llamando machista al hombre masculino, ¿debo entender que en caso contrario también así es?. Que su serenísima no disfrute con las regularidades o irregularidades del verbo, no quiere decir que las, y los demás tengan su misma y particular forma de ver la vida. Una cosa es el progreso y otra el retroceso, y por lo que veo, seguro que volveremos a pagar por otro mapa como el de Aído, o más.

Las cualidades humanas del masculinismo, y así lo escribo para que se entienda, nada tienen que ver con su machismo, y con esto me refiero a su merced, pues tal forma de evitar la admiración con más represión, así lo es. Curiosa observación teniendo en cuenta siendo quien es, pues es de saber, que quizás la experiencia a algunas no ha llegado, que ejerciendo la hipocresía en la dirección que sopla, no queda otra cosa que estopa, por supuesto la que usted da, que para recibir ya estamos los humanos individuos y que a base de soportar aguantamos como chiquillos las ofensas que nos lanzan hiriendo como auténticos cuchillos.

Ya sólo nos queda un parque cerrado, uno de esos con anillas de caballería, donde poder sujetar al potro y al resto del ganado, con o sin ayuda del otro, y con bozal, ¡por favor y que no falte!, que las metáforas y la rimbombancia de los detalles pueden ser exagerados y mal entendidos, por eso y ya de paso, aproveche y cuelgue un cartelito, cual señal de tráfico que avise con todos los lujos y mucho cuidado a cualquier pajarito, de los animales que allí se hubieren fijados y bien encerrados, creo que bien le quedaría, y de ello casi seguro estoy, un dibujo de un masculino varón con un texto que en grande indique “PELIGRO, HOMBRES”.

Saludos del que se expresa, admira el arte, la gracia y el talento, en vida, con un suspiro y a veces con acierto, otras… C`est la vie.

Luto por el piropo

     Hablando de Roma por la puerta asoma la falta de cultura de algunas miembras del C.G.P.J, en este caso la Presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género, que sin más achaca y tan tranquila se queda, alegando que “la observación y posterior declaración de la belleza es una invasión a la intimidad de la propia mujer”.

     Creo que estoy perdiendo capacidad de entendimiento y de comprensión, quizás los años, el meridiano del centenario me estén dejando fuera de la Ilustración y deba entender que ya no se puede, no se debe, es pecado, no lo hagas, no lo digas, guárdatelo que si no vas al infierno.

     Y digo yo señora Presidenta, ¡perdón!, señorita que si no recuerdo mal, ya no se puede definir a una mujer entre una y otra cosa, así proclamaron hace unos años, y esto se lo digo con todo el amor del mundo, y ¡ojo!, que nada tiene que ver con usted.

     Si conoce Vitoria, ¡sí, la de Álava!, sabrá que por esos lares la costumbre de ensalzar la guapura o el encanto es al revés, es decir, son ellas las que alardean y a veces con mucha fiereza de frases que atentan de verdad contra la integridad de cualquier animal de sexo masculino, “que es al parecer como usted nos ve”, salvo que en los últimos años hayan cambiado, pero créame que lo dudo. En la misma plaza de la Virgen Blanca, cruzando de punto en blanco, conozco a uno que no sabía donde meterse, y es que una cosa es un piropo y otra una sutil arenga de acoso y derribo, pero supongo que como tantas otras cosas este caso es simpático y no hace daño.

     Sepa usted que el arengado no salió corriendo por eso de que “ancha es Castilla y a mi se me hace estrecha”, que si no, hubiera puesto pies por polvorosa. Aún así y después de la experiencia, que no ha sido la única, hay más incluso en otras provincias, el desdichado jamás se sintió ofendido en su interior y por supuesto jamás pensó que aquella manifestación de poder femenino era un atentado contra la integridad de su persona, simplemente entendió que así es la naturaleza, unas veces bonita y otras un poco más basta.

     ¿Qué pasará si a una señorita de setenta y cinco años, por decir algo, que va acompañada con su hijo a uno y yerno a otro lado, un delincuente se le acerca y le dice en presencia de ellos, “pero por Dios, que bien acompañada va usted hoy”, “cada vez que la veo, aparece la primavera”, “si está usted tan guapa que va a provocar accidentes de tráfico”, “cuando veo su sonrisa se me aparece el sol”, “me duele el alma de ver tanta belleza”, “un ademán con el sombrero”, …

     Y es que hay formas y reformas, las de la cultura que envuelve al que suelta una palabrota por piropo y la del que ensalza en una metáfora la belleza exterior e interior de la persona, y solo con una intención, la más cruel de todas, la que asesina, la que pervierte, la más poderosa…, simplemente por dar un poco de felicidad y eliminar las asperezas de la vida.

     Un escritor llamado Fernando José Baró, al que me veo obligado a dar la razón, tiene por título de una de sus obras “Las arrugas del alma”, creo sinceramente y sin intentar hacer daño a nadie, que esas arrugas son las que usted debe tener, ¡sí!, las más internas, esas que no son pliegues de la piel provocadas por el sufrimiento sino por su extraordinaria forma de ver las cosas que no son, las que envejecen a una población, eliminando cualquier tipo de creatividad en su verbo y en su espíritu, en los libros y su mirada, en la tristeza que supone a partir de los cuarenta que alguien no se atreva a mirarte por miedo a una denuncia a todos puntos vista como un atentado, ¡sí señora Presidenta!, un atentado a la libre expresión que además defiende y es uno los pilares sagrados de nuestra Constitución.

     Creo que debe recapacitar, errores los cometemos todos, yo el primero y muchos en la vida, de los que afortunadamente voy aprendiendo limando para no volver a caer en ellos, no juzgue ni prejuzgue a la mayoría por una tremenda minoría, pregunte usted entre las personas si unas palabras bien dichas ofenden o atentan contra su propia integridad y comprobará que no lo es cuando él o la que lo suelta es de su agrado y por lo tanto, si no lo es, ya es un mal bicho, un delincuente que no tiene dos dedos de frente y al que hay que exterminar aislándolo de la sociedad en la que vivimos.

     Esta semana más de medio mundo se ha levantado contra la libertad de expresión y de opinión y a usted eso le va al pairo, que para eso está donde está y por eso hace lo que le sale de la real gana o al menos lo intenta.

     Quizás estoy siendo duro en extremo, pero es que sus intenciones me han llegado al corazón como puñaladas traperas por la espalda, suerte que el coselete y la malla me protegen que si no, a estas horas estaría en la guillotina, en el garrote, en la horca o frente al paredón, gracias a Dios que tenemos nuestra sagrada CONSTITUCIÓN que nos protege de tanta vulgar humillación.

     Por cierto, no se preocupe usted que a estas alturas no habrá dos piernas que suelte “qué bien vestida va”, “ qué bien le sienta ese vestido”, “qué sugerente está usted hoy”, “y llegó la luz”,…

“Carta a sus majestades los RR.MM. de Occidente”

Ahora que el petróleo ha bajado de forma tan notoria, tocando la moral de los inmorales y convirtiendo a los inmortales en lo que en realidad son, añado que aunque los camellos, dromedarios y otros saurios parezcan de oriente, creo que ahora son de occidente, por ello y dadas las circunstancias, me dispongo a rendir pleitesía a esos antiguos magos, que a base de purines llegaron a un destino que durante muchos años sigue siendo cierto, el de los niños que con la Divina gracia de sus inocentes facultades nos da, cede y regala la ilusión que en muchos casos los demás hemos abandonado a su suerte.

Solicito entonces con la dulzura que mi carácter expresa, los dones o panes que la sociedad desea y en la que por cierto, me incluyo como padre al hijo y Santo de mis calzones, para que presten atención a tan simple rogatoria, sin que por ello perdamos la memoria y por una vez no hagan, ¡lo que les sale de los cojones!

Dicho por doquier, les garantizo que no quiero nada en alquiler, y con ello no les pido ni un piso ni lentejas, que para ello tengo dos manos, dos piernas, y dos corazones que mandan en la tierra y en los fogones, pero sí les digo, que tengo interés en ver las cosas de otro color, y con ello no me refiero a los que separan y enfrentan a caballeros, damas, doncellas e ilustres, sino al de la vida, solidaridad, armonía y las ganas de salir sin topar con los muros de las fortalezas que impiden seguir hacia delante.

Vagos siempre los hubo, y nada podemos hacer al respecto, pero donde más se dio el caso de esos pobres maltrechos, deshechos de sus facultades, ilusionistas de las ambigüedades y transformadores de las grandes verdades, fue entre los “ticos”, y son tantos que ya los griegos siendo inteligentes como fueron, en prevención de sus grandes facultades en las matemáticas y otros menesteres, crearon un prefijo para tener en cuenta tanta multitud, y así ayudados con la gracia divina de los falsos dioses le añadieron el “poli”.

Son tantos, que sus excelencias no dan a basto ni con tres camellos por ciudad, por ello y en plena conciencia de mis capacidades, les solicito con mucho cariño, rogando si fuere menester, que en esta ocasión el carbón se lo den a ellos, y que éste sea eliminando al menos ochenta de cada cien de esos puestos de trabajo tan ricamente remunerados y apalabrados.

¡Mas aún!, ¡no es suficiente!, por eso añado más imposibles a mis ruegos, con esos apegos tan característicos de quien ama a su tierra y a sus gentes, rojos, azules, malvas, violetas, verdes, amarillos, e incluso a los incompetentes, que elimine esas diferencias y las vuelva blancas en las personas, que no en la vista, pues sin los contrastes de tanta maravilla, todo sería un nodo.

Así que ya os dejo excelentísimas majestades, que aunque todos sabemos que no sois reyes de corona y sí de trona, vuestro amado pueblo, ese que con tanto esmero tratáis mientras disimuláis que el interés es lo primero, os pide que los requisitos cumpláis y no por nos, sino por vos, o la conciencia, para que el día que os llegue el último suspiro, al menos os surja sin condena, la vuestra y la de todos.

Ending the year with good news!

¡Enhorabuena!!!!!
Felices Fiestas

A Life Singular old site

Season’s greetings!

With everyone winding down now for a well-deserved break, some by the fire and some on the beach, I am humbled to announce three pieces of great news for my writing.

Firstly, “A Life Singular – Part One” has been judged a Notable Indie Book in the 2014 Shelf Unbound Writing Competition (http://issuu.com/shelfunbound/docs/shelf_unbound_december-january_2015), and I have the badge to prove it!Badge notable

Secondly, I was privileged to feature on the Books of Excellence radio show hosted by Bonnie Kaye in Philadelphia.  The interview can be heard at: http://www.blogtalkradio.com/bonnie-kaye/2014/12/15/books-of-excellence-with-author-bonnie-kaye

And thirdly, it was my pleasure to be interviewed by Tim Knox of Interviewing Authors:

http://interviewingauthors.com/lorraine-pestell-fictionalizing-cause-affect-depression/

All in all, another interesting year!

I wish you all a happy and safe festive season, however and wherever you celebrate!

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Relatos históricos, irónicos y sarcásitos de los que soy autor