ANDAYQUELESDÉN – 4º Fragmento – Las constitutas y la Prostitución

Viene del tercer fragmento, en el que el escritor toma la decisión de escribir sobre el tema en cuestión:

Media hora después el artículo estaba escrito, por lo que si quedaba algo en entredicho, el primero que tuvo la tercera palabra del rótulo del restaurante, solicitó recetar la monserga en viva voz, por lo que haciendo unas señales, todo el mundo prestó la debida atención y así comenzó con el pregón.

—¡De parte y orden del señor Ulises, y con la autorización de nuestros santos sacramentos, comienzo con los enmiendos!

¡Señor presidente!, ¡Soraya!, ¡por Dios!, ¿no se dan cuenta que todo lo que nos cae es metralla?, si no es por un lado es por otro. Ya no es suficiente con el coselete y la cota de malla, por sotavento, barlovento, proa y popa, y en esta última…, ¡ya duele!

     Ahora la Pantoja, contratada para su Mío Cid se me antoja, y del público erario…, del que casi no queda,… ¡vaya paradoja!

     No hay para la “C”, a la hepatitis me refiero y solo es cuestión de dinero, pero si es menester de los Cantares a los reos, ¡por supuesto!, ¡es lo primero!

     ¡Válgame el cielo!, porque a vuestras mercedes les llegará el infierno, y con la estela al resto. Proclaman amor a su país, y les digo, ¡que no son las tierras!, son las personas que ahí pacen y como pueden viven, aguantando y tirando de las carretas, ¡de mierda llenas!, que es lo que cada día florece.

     Es de cobardes dejar que la tropa se hunda en el río, en el océano o allende los mares, y ese ejército somos todos, además los que pagamos y os permitimos llegar a vuestro destino, el mas hermoso que cualquier andante caballero hubiere deseado.

     No sigáis ese camino, cambiad el rumbo, llevad a todos estos marineros con los buenos vientos, que si bien lo hacéis y los mares se tuercen, a todos nos tendréis a diestra y siniestra, defendiendo la justicia con pericia, con justas o sin ellas, pero a vuestro lado.

             Finalizada la lectura comenzó la tertuliana costumbre de los ruegos y lamentos. El primero en alzar la mano y a palma abierta, y como era habitual fue el proveedor de los recursos de la salud, y el interpretador del contenido don Sinvaselino el cual aprovechó su curioso nombre para añadirlo en la farmacia pero con un poco de más gracia y en femenino, por lo que la botica quedó siempre con el nombre de Sinvaselina.

—Entender, entiendo el contencioso, pero mal me sabe que siendo humor tan gracioso empleado sea para dar de hostias a tan bella flor.

Nadie habló ni comentó la situación, pero si otro brazo que alzando a puño cerrado pidió ser el siguiente en cotizar la información. Propietario era del paraíso de la juerga, el único negocio establecido para dar rienda suelta al movimiento del cuerpo, y ya de paso enseñar las piernas descubiertas y alegrar la vista con su mejor esencia, las virtudes todas ellas dispuestas y preparadas para dejarte solo con la ilusión. El Sablazo se llamaba la discoteca, y su regidor, Don Gorrón.

—¡No entiendo a qué tanta queja!, pues todos sabemos que siendo tan artista como es, con guante blanco te cuida la ceja, mientras canta y baila la Beltraneja, que todo quiere para ella dándole igual que el líquido esté o no dentro de la Botella.

—¡Complicado me lo ponéis! estimado Gorrón, sabed que esa mujer pidiendo ha estado por toda la nación, y curioso el tema, porque gente había muy bien dispuesta para suavizar la pena de ese alma tan generosa en coger y no repartir.

Respondió Don Prostituto, dueño de las Iglesias de morado color con bellas damas y doncellas, siempre a la entera disposición del contribuyente a la causa de su satisfacción.

—¡Por supuesto caballero!, poderoso es don dinero, más si cabe cuando llega a manos llenas por echar un cable. Vos sí que sabéis de estos prohibidos manjares, si no, que se lo pregunten a esas candelas que no reparan en daros lo que os haga falta con tal de retribuir parte de lo recaudado, en su propio menoscabo allá en vuestros negocios, y ambos con el nombre de La Prostitución. Pena me dan esas constitutas tan mayores y que seguís machacando a piel y canto.

Sinvaselino no solía castigar con tanto ahínco, pero los calores del jarabe que tanto estaba disfrutando también hacían su trabajo, así que la jornada prometía lo que cada uno quería o entendía, respondiendo con cortesía, buen ánimo y mucha ironía.

—¡Válgame Cristo!, ¿tan grande os parece el mordisco de tan simples criaturas?, ¿qué culpa tienen mis chicas que a tan dulces nombres responden siendo además las de toda la vida? Gaviota, Rosa, la Herramientas, la Ugete, la Comisiones y mis Más queridas, la Divergencia y la Separación, la Gurtel, la Noos y las dos gemelas Eres y las que están cuando no se las necesita, que de esas mucho se yo.

Solo faltaba escuchar a Prostituto pidiendo ayuda al redentor, por lo que sin esperarlo levantó las carcajadas de muchos de los que allí se entretenían viendo los tejes y manejes de uno y cualquier otro lado. El ambiente se caldeaba pero con un solo tema en cuestión, y no era pertinente pues había más de que hablar y criticar, así que Pepe rompió empezando con otra historia que merecía su mención.

Anuncios

ANDAYQUELESDÉN – La Pantoja – III er. Fragmento

Continuación del IIº Fragamento –     “Recuerda que puedes ir al primero simplemente bajando la pantalla.

Como tantas otras veces los vecinos de Andayquelesdén, solían llegar sobre la hora de la sobremesa al restaurante Hasta los Cojones para el mús, pero no el de los naipes, sino el de la tertuliana costumbre de llamar a cada cual por su merecido nombre.

—¡Pepe, Ulises! ¡buenas les traiga Dios! –reverenciaban suavemente con la cabeza según pasaban. Así saludaban.

Todo cliente que entraba repetía la misma escena, daba la impresión de haber sido ensayada durante años, o que lustros llevaban memorizando la misma letra, ¡a saber!, el caso es que tras el desfile de jugadores de versos, estrofas y estopas que entraban a pedir su buena ración, de orujo, café mojado, mejor dicho coñac con una nube de café, anís Pal Payo, ¡que tampoco hay!, pero así rezaba la botella que tantas y tantas veces rellenaban con el Mono, Castellana o la Castaña, la que cogían, quise decir con la tercera o cuarta o escuchando la Novena con Aquino o Beethoven, según le vaya al individuo después de los cuarenta grados a la sombra del licor si era normal o sesenta y siete si era de ese seco con tapón plateado. Pero vayamos al grano que se me va la pinza y no es menester que a estas horas no se me vea de buen ver.

De gritos y otras faltas, las mesas y la barra se iban llenando, pero como si la cosa no fuera con él, así que visto que la tripulación nada hacía por servir a todo el batallón de honorables andayquelesdeños, y algún que otro de por ahí, uno de ellos, al que tocaba el turno, envió la solicitud de abastecimiento por aire y acompañado de un sonoro talento.

—¡Pepe!, ¿toca joder?

—¡Ya sabes, tú mismo y de paso a los demás!, que no quede nadie sin jodienda, pero pagando…,¡ehhh!

Así que el boticario del pueblo tocole la tercera palabra del rótulo y se puso a servir un poco aquí y otro allá muy en silencio y con buena letra, no porque escribiera, sino por la cantidad de líquido e indispensable elemento que echaba en los recipientes de los allí presentes, pero bien que le merecía la pena. Por las tardes no ganaba, tampoco perdía, pero disfrutaba con toda la plana que allí se presentaba, que el resto del día ya estaba para trabajar, así que siguió con su fiel cliente manteniendo la original conversación y aprovechando para subir el tono de la voz, que era la hora de compartir.

—Ahora que ya están todos los que cumplen con el respeto de la sagrada visita de siempre, puedo decirle que en cuanto a la señora referida antes de la llegada de mis fieles peregrinos, no está en Ocaña, Valdemoro o Soto del Real, para ella reservando están un hotel más acorde y especial a sus encantos, que conste que no me refiero ni al pecho ni al… ¡perdón!, que se me iba la letra, y con esto sí que acierto, pues pagar a nuestra Real recaudadora pretende dando uno que otro concierto, es decir y para que os conste, canta a los penalizados por delitos y otros quitos a cambio de un generoso tributo que dicho ya sea de paso, ¡ponemos todos!

—¡Hostias!, ¡no me diga más!, visto que la solicitud de el euro por nacido en estas tierras, a las reales me refiero, no le ha sido concedido por la mayoría, y que de nada le ha servido hacer de Lola Flores, ahora pretende con tan generoso gesto que ella cante y los demás pongamos el resto, ¡al carajo!, ¿hay algún pueblo en la comarca que así se llame?, si me dejas un par de hojas y algo que tinta lleve y sirva para plasmar una idea sobre el papel, aprovecho y escribo unas cosillas, que con un poco de suerte me las publican en El World o El Country y si no, en el Abcdario, La Lógica, La Retaguardia, El Buzón, El Isleño6, Las Autonomías, El Subterráneo, La Prensa, etc, etc.

Sabiendo que de vez en cuando la pluma no se la daba mal, fue presto a por el encargo al El Empapelador, que así se llamaba la papelería del pueblo. Tras breves minutos soltó la promesa sobre la mesa, quizás un poco exagerada, pues dos pidió y le trajo quinientas, a las láminas de blanco papel quiero decir, pero como es de saber y siempre se ha dicho, mejor que sobre a que nos falte. Así que mientras el recién metido a escritor dibujaba la idea en bellas y tiernas palabras sobre los folios, el silencio allí se extendió, pues todos querían dejar al entendido en letras llegar a su inspiración y para eso nada mejor, que beber y callar, que ya vendría la sal de la metralleta de letras del autor.

ANDAYQUELESDÉN – El restaurante, Ulises y Pepe – IIº Fragmento

Aquel medio día como era costumbre, el cliente más fiel de todos sus tiempos, y que respondía al nombre del afamado conquistador de la Troya de Homero, se sentó en su mesa de siempre, según se entraba a la izquierda y junto al ventanal que le permitía sentir y ver la vida como si delante de un televisor estuviera.

Sin decir nada, pues el mesonero todo lo sabía, sirvió el pan, el vino y un vermout de la zona, que ni había ni existía, pero como el tabernero era querido por casi todos, así lo hacían ver y poco costaba seguirle la corriente.

Tal y como era costumbre desde años ha, le llevó los dos pertinentes periódicos. El primero y el más importante, del que sólo y de una profunda ojeada controlaba la contraportada, y que gracias al cual cada día repetía:

—¡Éste es el único que siempre trae una buena noticia!, querido amigo, lo demás es vano, pero déjame el otro, que aún siendo de esta manera, de algo me habré de entretener mientras matas el bicho que hoy me he de comer.

Ahí se quedaba el susodicho, abriendo el apetito a base de leer y releer primero las grandes palabras que llamaban su atención y luego el aparente contenido del titular en cuestión.

Cuando al dueño y señor de aquel negocio le salía de la última de las célebres palabras que componían el rótulo de su fachada, llevaba las pertinentes viandas a las mesas ocupadas, así que dicho ya sea de paso, le tocó el turno al personaje de la Ilíada.

—¡Dios!, ¿pero Pepe, esto qué es?, ¿no habíamos quedado en que el chuletón de un buen marrano habría de ser?

—¡Y así es Ulises!, pero últimamente el ganado está engordando en Valdemoro, Ocaña, y Soto del Real, así que toca esperar a que se ceben más, cuando lo estimen oportuno y pasen por el matadero, con una chuleta de esas come el mundo entero. Por eso y para que vuestra salud no se enturbie, en el plato le traigo un polluelo de aroma similar.

—¡Toma y retoma!, usted si que sabe, hoy pollo y mañana porcino, así es la vida de esos que a base de verbo y diarrea, mandan a cualquier a freír cominos, mientras aprovechan y empiezan queriendo simular una hazaña, para luego regalarnos una gran guadaña, una de esas que siega brotes dorados y verdes, con la misma facilidad y devoción, que en la de aquellos gloriosos tiempos, en los que a base de calor nos mataban de amor, los de la Inquisición.

—Fíjese usted lo que dice hoy el papel, ¡al del vater me refiero!, que últimamente las letras de la opinión se disfrutan mejor en esos lares, que tomando café en los bares.

Las noticias como las de cada día, desesperaban a cualquiera. El dueño del restaurante negro tenía el cabello cuando le conoció y gracias al milagro de los divinos seres de la política, esos que de tanto meter la mano en el ajeno bolsillo del contribuyente, viven como mandan los Santos Cánones de la Iglesia, y de la voluntaria apostasía de los creyentes, que fe en todo tienen, menos en lo que debe ser, el pelo plata se le quedó, ¡que no blanco!, pues este otro color con cariño lo guardaba para sus reales facetas, ¡a su cara me refiero!, que así se quedaba cuando leía los enormes titulares que en este caso, y con mucho esmero este fiel a su palabra explica, tan bien utilizaba para limpiar las penurias que después de una buena digestión, aprovechaba y soltaba en la taza de la actual democracia.

Demagogia, blanqueo, choriceo, favoritismos, morcillas y morcillos todos ellos juntos, y de la mano, ¡que está bien visto!, de lado, frente o de espalda, que hasta de eso hay retratos de tan gran infamia y traidores a la patria. ¿Pero qué digo?, si suya es toda la superficie de la ibérica península, incluyendo las hermosas tierras de Canarias y Baleares. En fin, sigamos con el cuento, a ver si encuentro a Caperucita, ¡a la de antes!, ¡claro está!

—¡Tela!, de manera que ahora Blesa la cárcel deja, y ¡fíjate! pinta tiene mejor, que se notan los buenos cuidados de la tranquilidad que emana un encierro tan corto para tan grande y birlada ganancia. ¿No podrías ponerme un costillar de éste sujeto a la brasa?, que luego lo remato con un buen Black Label on the rocks y a la vieja usanza, que me place mover el hielo con un dedo o dos, ¡perdón quería decir Black Card!, que así no aflojo el bolsillo, últimamente ando mal de calderilla y me vendría bien una de esas de las de Madrid, a las tarjetas me refiero.

—¿No prefiere una copa de Pantoja?, quizás le de por bulerías, coplas, seguidillas o fandangos, que falta nos hace un buen cantaor de desventuras, a las de todos los españoles quiero decir.

—Vuestra merced no tiene oído, en cuanto brame el primer sonido me diréis que no es día de matanzas. Por cierto, ¿qué se sabe de la tal y tal?

ANDAYQUELESDÉN – La comarca de La Joda – 1er fragmento

ANDAYQUELESDÉN

Capítulo I

La comarca de La Joda, situada en la serranía de Medieronsinavisar, es una zona muy peculiar, tanto que a su vez se divide en dos partes, el sur, el este y nada más. Verde una como la selva tropical y árida la otra como el desierto, pero cubierto de sal. Los pueblos de las pedanías llegaron a un importante acuerdo con el fin de cambiar el nombre de las poblaciones y reflejar la actualidad. Después de un breve consenso, para el que mucho tiempo no hizo falta, los alcaldes de dichos municipios convocaron un referendum con la buena intención de que cada localidad adoptara la nueva denominación. Amen de dichos asuntos, también se habló de mejorar las dialécticas formas de la expresión, pudiendo decir palabras mal sonantes si lo requería la cuestión, o versos sin rima final, donde cada uno y según su fuente de inspiración, pusiera lo que le apeteciera para a capricho, rematar la cuestión, pero siempre intentando darle un toque de simpatía y evitar las ofensas de los prendas que podrían escuchar la conversación. ¡Y así pasó!, que con el tiempo incluso los lugareños tomaron por suyas tan bellas y sanas costumbres, cambiando también sus partidas de nacimiento y con consentimiento de la Santa Sede, que todo hay que decirlo por otras características enseñas, que hacían referencia a las crónicas de hoy y de ayer, y por supuesto, a las que aún quedan por venir.

Para recibir a los visitantes a la región, lo primero que el conductor o viandante se encuentra es un gran cartelón, que reza:

“Wellcome a la comarca de La Joda” y debajo, un gran mapa destacando el nombre de las villas y sus carreteras de unión, entre los que se encuentran, Quetedoy, Haciendanosjodió, Lamultapatí, Marianicoelcojo, Cojocajapamí, Elpepetedá, Elpsoetambién, Iujodiendolaformación, Matolasanidad, Comisionestodaspamí, Ugetecojeyvete, Montandoeltoro, Guindoestoymuchomás, Brotesverdessantotomásaquinó, Aídoysumapa, Vertlajodió, etc, etc.

En una de estas villas se puede visitar el rincón de Pepe, el más típico de los restaurantes. “Hasta los Cojones” que así reza su flamante nombre en el cartel de la fachada. Especializado en todo tipo de chanzas, pero muy en especial en aquellas que se habían obtenido del sabroso cerdo, tiene su ubicación en un conocido pueblo por todos llamado con tanta sabiduría, Andayquelesdén.

ANDAYQUELESDÉN – Portada – D. P. M-19675-2015 – REG 09-RTPI-04424.1/2015

Queridos amigos y amigas:

Dados los grandísimos cuidados con los que nuestros afectuosos políticos nos miman y tratan, visto me he en la obligación, de gratificar esa humana gracia y talento con la que nos gobiernan desde años ha. Para ello esta irónica pluma se ha puesto de manifiesto y a mi lado, dándome la divina inspiración, que falta me hacía para plasmar en este satírico relato la historia plasmada tal y como es, desde el 78 del siglo pasado hasta el 15 de este dos mil.

Así pues y sin ofender a nadie, pues quien así se sienta, lo será por los ajos y no por el contenido, dóiles las gracias y envío un fuerte y caluroso abrazo y dicho ya de paso, que vuestras mercedes disfruten la vida tal y como es. ¡C`est la vie!

Un millón de gracias a esta magnífica ilustración del mapa de La Comarca de la Joda con la que Rafael Gálvez ha tenido la gracia y talento para cuadrar perfectamente la intención de esta breve obra. ¡Gracias Rafa!, ¡eres una mostruo!

                                                                                                        Fernando Ulises

“Anónimo”, pero me veo obligado a publicarlo.

Estimados señores políticos.

Soy un soldado español que todos los años desfila, si no con mi presencia si con mi corazón, en este día de nuestra Fiesta Nacional. Este año como no podía ser menos y a pesar de los recortes (desfilar con el corazón es gratis), también he desfilado por el paseo de la Castellana, feliz por estar arropado por mis conciudadanos, pero al llegar a la tribuna de autoridades y volver mi vista a la derecha he visto apenado muchos huecos entre los presidentes autonómicos, diputados, senadores, sin distinción de partidos políticos…y no solo apenado, señores, si no también ofendido, y me imagino que querrán saber por qué.

Porque son ustedes los que me llaman cuando arde el monte, cuando una riada causa estragos o cualquier otra desgracia en la que sea necesaria mi presencia y mis conocimientos.

Porque son ustedes los que con el solo gesto de pulsar un botón en el parlamento deciden que vaya a jugarme la vida en Afganistán, Kosovo o el Líbano… y algunos de nosotros la pierden.

Porque son ustedes los que esperan que en caso de necesidad (ojalá no la haya nunca), yo esté preparado para darlo todo en defensa de mi país y mis conciudadanos, incluso la vida.

¿Les parecen a ustedes suficientes motivos?. Algunos de ustedes han alegado problemas de agenda, otros que esta no era su fiesta….pero cuando ustedes me llaman yo no miro mi agenda ni si para mí es fiesta o no; simplemente voy.

Ustedes me piden a mi la vida si fuese necesario, a cambio de un sueldo irrisorio para lo que se espera de mí, y yo en cambio solo les pido una hora de su tiempo al año para que demuestren respeto y reconocimiento por mi labor… Es una pena que ustedes, que dicen representar al pueblo, no estén a la altura de este pueblo que sí sabe reconocer y agradecer mi esfuerzo. Pero estén ustedes tranquilos, que cuando por desgracia me llamen para solucionar cualquier estrago, o para que vaya a un país extranjero a ponerme delante de balas que no son mías, allí estaré, no por ustedes, si no por mis conciudadanos.

Hoy era mi fiesta y ustedes no han estado allí; así que con el debido respeto…¡¡¡que les zurzan!!! Por cierto,  hemos recortado un 65% el gasto del desfile de la Fiesta Nacional, en atención a la grave situación que atravesamos. Aplíquense ustedes el cuento y… ¡ya va siendo hora de que hagan lo propio! ¡Que recortarles a los demás no tiene ningún mérito!

El cuento de nunca acabar

Queridos amigos y amigas:

Me apetecía escribir algo diferente, una parodia de la vida misma, y por una de esas y aprovechando un pequeño relato de mi puño y letra con el que respondí a otro sitio, comencé la idea. He de decir al lector, que aunque parezca rebuscado es un acertijo entrecruzado, un requiem a la muerte y al olvido, un cuento, que para el que me conoce, sabe lo que digo, pero eso sí, analizando cada paso, como cuando buscas algo y te cuesta. Una realidad más de nuestra vida hecha jirones por los amargos y dulces sabores de la travesía en la que estamos.

Que ustedes lo disfruten, ¡si es que pueden! 😉

El cuento de nunca acabar

Con el tintineo de las copas, una tras otra, empezábamos a recuperar las ropas, que perdidas en otros tiempos y lugares lejanos a conciencia o sin ella dejamos.

Esa piel invisible para unos y palpable para el aventurado, estaba de memoria colmada de momentos complejos de la historia, de la que duele y de la que el bien consuele, pues en unas no había justas, las mas dolorosas y en otras que sí, con sonrisas el gallo de mañana acontecía.

Hoy a mis años en la reserva, nada me enerva más, que vivir de mis gloriosos recuerdos, de las añoradas tierras en las que de niño, aún un poco desvalido, al vecino le quitaba el maíz, zanahorias y patatas para compartir con mis aguerridos compañeros en la brasa de aquellas enormes fogatas, soñando cuando nuestras largas sombras veíamos moverse en las paredes, ¡que ya éramos mayores!

La melancolía y el anhelo de volver a vivir las experiencias, en aquel entrañable pueblo, a veces me desbocan la furia y el recelo, pero en otras, encuentro el consuelo de haber disfrutado de la hospitalidad de aquellos que me la brindaron en esta capital.

Somos de donde pacemos, eso reza y dice el famoso dicho, ¡mas os juro que ahora mismo!, ¡el que pace no reza! y si hace falta ¡se come el bicho!, pero luego… al rato… mas tarde, repasando la frase, voy y me digo, ¡pero por Dios!… !si esto es un nicho!

Y así es, porque viviendo del recuerdo no nos queda nada que vivir del futuro, pues solo miramos atrás, cuando debemos alzar la cabeza como chulo por Castilla, que es ancha, pero para mí, ¡no lo suficiente! Esta dichosa mente que se va y vuelve de repente, a traerme la tristeza y la añoranza cuando delante de mi tengo a Sancho Panza, y si no es él, ¡pardiez!, lo creo.

Soñando así, luchando con el final y con el destino, tomo un café, otro, que no es hora del vino, ¿que será de Baco?, fiel compañero de todos y todas durante algunas temporadas, en las que en ocasiones de buenas andanzas, se nos antojaba abstemio. ¡Vaya toalla!, y en aquellos tiempos no estaba de moda el bocadillo de caballa, que el zurrón llevaba queso, pan y chorizo, que si la necesidad era de pescado, ¡íbamos a otro lado!

Mirando al alba, compungido y herido por los tiempos pasados, de recuerdos hendidos y urdidos eternamente en mi conciencia, repaso la enciclopedia, desde la primera hasta la última encíclica de esta vida en la que estoy, y en la que estuve. ¡A lo hecho pecho!, ahí va el mío, asumiendo los errores como el que asume el divino pecado, perdonando la magnitud de una obra aún sin acabar.

—¡Hostias, que carajo!, anda y que le den al grajo, que vuele más alto, que ya está bien de quejas sin sentido y sentido sin quejas. Dicen que el que no llora no mama, pues que empiece el primero, ¡leches!, que ya veremos a quien le toca luego, pero a mí…, ¡a mí no!

Y así discurriendo las miserias de la vida, hablando conmigo mismo, un ojo abierto y el otro al descubierto, observando el general plano y el estrellado horizonte, dóime cuenta que viajando estoy o quizás en el otro lado, en la solar barca camino de los tribunales de los dioses. Es entonces cuando por el trayecto, un ave se presenta en la mitad de mi destino, cantando, balando, ladrando, rebuznando, vamos por el… y me dice:

—¡Id con Dios!

Cruzo la mirada de esos rapiñados ojos, y aprecio que hay un incandescente destello en ellos, es la furia de los míos y me doy cuenta que ya se sabe la respuesta.

—¡Id vos, que yo no tengo prisa!, y ya da paso le decís que me dé más tiempo, pero rogando. Así el del mal agüero se marchó, sin decir ni más ni menos, relinchando graznidos de locura, la del negro corcel halado que torna su forma según quien le haya llorado, pero que cuenta se ha dado que el que la pone, sigue vivo y con el cirio preparado.

Ya en la firme tierra, medito, pienso y al tiempo otorgo un prologando plazo de aburrimiento, aún no estoy jubilado y ya estoy medio pirado, ¡manda huevos! Esta puñetera desidia me está cabreando.

Salgo a la calle, soñando con la primavera, para adorar la belleza, el arte, la perfección de la arquitectura, y recoger el bálsamo de la sabia y el vigor de la existencia.

—¡Sí!, la que me hace falta, ¡y no me andes con chorradas!, que a la vista nada malo hace disfrutar del paisaje en movimiento, el de las esculturas finamente talladas, a mano, cincel y lija, pero de la Divina Gracia. Ave que vuela a la cazuela, aunque con esas pintas, no hay quien coma ese despojo, así que fuera, inmundo ser malvado, ¡anda y que te den!, por donde quieras, pero déjame saborear la vid, el jugo que me da vida, que hoy solo voy a estudiar catetos.

Unos catetos que van, otros que vienen, ¡si supiera lo que son en realidad!, ¡tela!. Todos ellos unidos en un punto, el de siempre, el culpable y creador de las pirámides. Esos egipcios sí que sabían lo que hacían, ¡sí!, una enorme escultura femenina, una hipérbole de la física, y no precisamente de la relacionada con las matemáticas.

—Esto es vida, y lo demás cuento, tocar no puedo, pero volar y soñar… ¡hasta el firmamento!

De uno al otro lado, pero el punto firme y en buen estado, sujeto justo debajo del ecuador por dos reales cordilleras.

—¡Eso es monte! y lo demás…, ¡orégano!

Ángulos que van otros que vienen, pero, pero… ¡por Dios!, qué vértices, ahora entiendo a Pitágoras, ¡ahora sí, coño!, ese sabía más que los indios coloraos, ¡la madre que lo parió!, Newton con la manzana y el otro midiendo áreas. Ese pedazo cabrito era sastre, por eso aprendió tanto y tan deprisa, si me lo hubieran explicado así en el cole…, a la primera lo habría entendido, pero claro, en aquellos tiempos una exposición tan realista, y el cura salía hecho una fiera a ver a la caridad, y estudiar mejor la teoría con un poco de práctica.

¡Mira por dónde!, si es el pajarraco de las narices, pero viene blanco, ¿habrá sido por naturaleza divina o por tan evidentes cuestiones?

—¿Qué te trae de nuevo?, de nada te sirve el cambio de traje, que el hábito no hace al monje. ¿Por qué cantáis tan plácida y de melodiosa manera?

—Es vuestra clemencia la que me ha llamado, la inocencia del alma, vuestra candela llama a la esperanza y clama al cielo con el mismo anhelo con que Dios os dio la vida.

Ese bicho estaba empezando a caerme un poco mejor, pero que no se haga ilusiones, que esas me las quedo yo, ¡faltaría más!, solo faltaba compartir los deseos, ¡pero bueno!, ¡qué se habrá creído!, antes negro como la muerte y ahora ¡blanco, vivo y con gracia!

—No puedo fiarme de vuestra merced, en los días grises traéis ponzoña y miseria, cruel desatino que ahora negáis en esta plaza.

Desplegó las alas mostrando todo su cuerpo y batiéndolas habló de nuevo.

—No soy paloma, gorrión, águila o cuervo, soy Fénix en su mismo nacimiento, tú me has salvado de la hoguera, del mismo infierno del Averno, vengo a disfrutar de los conceptos que ya había perdido, de la gloria de los sabores, olores y vista, así que aquí me tenéis, a vuestro lado, esperando que me aceptéis como compañero de alegrías, vinos y placeres, con o sin quereres que para eso estamos dispuestos.

¡Pobre chaval!, quién lo diría, a estas alturas y empezando a saborear la existencia de la creación, gozando del ocaso de cada día como el que ve el comienzo de una noche que nos devuelve un renovado sol. Habrá que darle esa oportunidad, que le quitaron los egipcios cuando era Benuu, para que los griegos y los árabes le dejen en la paz, que por una vez venga y no se vaya y no se cumpla esa maldita presencia del fuego y su agonía.

—Ponte a mi lado amigo, pero prometer no te prometo nada, vuestro entusiasmo me agrada y como compartiendo se aprende más y mucho antes, aprovechemos y a cantar vayamos, pero primero es necesario un bautizo, ¡el tuyo!, para que esa ilusión te permita ver la realidad como un sueño, ese que muy pocos somos capaces de sentir, volando hasta el recóndito paraje, el más escondido en la imaginación, ese universo engalanado de diminutos puntos blancos para unos, y enormes y vivas estrellas para nosotros.

Hablando de sus experiencias y mientras en dirección a la iglesia marchábamos, el recién llegado fue cambiando su física presencia por la de un ser más honrado, a mi vera se dispuso la feliz compañía de aquel animal de verdad halado, cuatro piernas tiene el gato, pero no era tal.

—¡Que no!, que no me engañas, que lo haces fatal.

La transformación surgió y del resultado de esa metamorfosis total, un animal empezó lamiendo y corriendo de par en par, saltó a mis brazos y no pude más, por su corazón me había ganado el muy cabrón y en un puñetero pispas, dándome lo que me faltaba, compañía y felicidad.

Una vez en la iglesia, la del parque la de toda la vida, donde la curia ni reza ni se tira todo el día, a Baco me encomendé, que nunca hubo Dios más comprensivo que el que dejar… te deja hasta con la vida fornicar.

—¡Camarero!, un par de vinos y los que se tercien, ¡coño!, que somos dos y los que vengan.

Acompañado de aquel chucho de tres al cuarto y mitad, me acordé del pájaro y caballo que graznaba, relinchando el mal agüero, ese que te da por un lado y por el otro, siempre con el mismo esmero, que viendo lo puro que era en sus principios y a Dios rogando para que no cambiara, con el tiempo tornó en lo que precisamente no quería, intentando además que por sus santas quietudes todas las virtudes que amé se fueran de verbena, la de la Paloma o la procesión de los borrachos, ¡manda huevos!, pero por correo, los aprietas y que no se rompan. Qué pena me da San Donato, es cosa de mujeres atarle con fuerza los atributos, ¡si señor, con dos!…, hasta que su pobre Santidad, que culpa ninguna tiene, buscando tenga que andar lo que la fémina perdió, ¡tela! y luego dicen que no dejan cicatrices, hasta en las más sensibles y nobles partes del hombre.

—Perro, tú a mi lado, ¡eh!, a ver si alguna bendita perruna le va a dar por engañarte como a los demás, que el patio está harto complicado para los varones, ¡por mis talentos! que no es poco, redondos, duros y apretados, como mandan los cánones, ¡a los míos me refiero! y que al final, son lo mismo.

—¡Guau!

—Lo sé, y tienes razón.

Entre vino y copa, vino la estopa, allí andábamos más felices que en los cuentos de hadas, nadie nos decía ni maldecía, pero sí miraban, pero al pairo nos las traían, las de aquellas gentes que con su puñetera cordura aflojan verbos maltratando la literatura al pobre que le escucha y cuando surgir, surge uno de más talento, lo envían a tomar viento, que no se diga, que es más fino el aire aunque mierda suelte.

—¡Ya estás con lo de siempre!

—Y a ti, ¿quien carajo te ha llamado?, anda y marcha por donde has vuelto, que estoy en gratas y agradables conversaciones con este can tan bien parecido, honrado como Dios y sincero como el alcohol.

—¡Guau, guau, reguau!

—Creo que en lugar de llamarte lo que eres, voy a utilizar otros nombres más adecuados, por eso y tal como dijo el pajarraco original, con Fénix te vas a quedar, que gusta y bien te lo mereces.

Mi querida y amada contraria desde inmemoriales tiempos en los que no dejábamos justas sin discutir como es debido, nos abandonó con muy terca mirada. Quizás sea por mi nuevo amigo y sus afilados dientes o porque por suerte y de repente, cansado se había de dar tanto por la popa, o simplemente esa perfilada y afilada lengua decidido haya dar a este caballero una tregua. No obstante sea el motivo que fuere, bien me venía, por lo que quejarme, no tenía sentido y si lo hiciera, seguro que cobraba algún capricho, de manera que aproveché ese viejo dicho que te alienta a vivir el momento, que volver, seguro hará el bicho.

—¿Otro vino fiel camarada?

—¡Guau, guau!

—¡Pues si que andamos bien!, ahora eres tú el que ordena, con triste felonía que parar debemos un rato de alzar el codo y pronto me parece, que con un par que llevo me falta mucho para estar beodo, pero caso te haré, vayamos a otra farmacia y allí seguimos la gracia, para vuestra merced el cordero y para mí que siendo no quiero ser egoísta, lo que acompaña a la tapa. ¿Os place?

—¡Guau!

Lejos estaba el otro pulido altar, diez minutos andando y claro, como éste acaba de llegar, no sabe los cuartos que cuestan las botas ¡carajo!, que yendo y viniendo de esta manera el caldo saldrá más caro que un reserva de la viuda, la que puede venir en cualquier momento si no me arrepiento de todo pecado mal curado, o vuelve el tormento a darme mi ser amado.

—Este establecimiento o no está del todo mal compañero, aunque no sé qué podrán con el pedido de vuestro bocado, ni por supuesto con el acompañamiento que habrá de servir para haceros compañía mientras dais el tiento de un jamón bien curado.

—¡Camarero!, dos tapas con sus respectivas guarniciones. Ya de paso os ruego que sea de líquido rojo y bien armado, de la tierra y si no lo hay de la otra, que a estas horas no discutimos ni por ello ni por la potra. Buena pinta traen esas salvas Fénix, pero cuidad, que no llevan llamas ni tiro para la vida segar, que a mi lado estaréis y seguro os sentiréis, ¡válgame Dios! y que me parta un rayo si cumplir no cumplo la promesa, viejo camarada.

Empezaban a cerrarse los algodones del cielo con velocidad, tornando del blanco sereno al gris de la verdad, cuando un fogonazo, de esos que te dan el paso a otra ciudad, dejóse caer sin ninguna suavidad sobre un alcornoque, uno de tantos que anda y desanda sin cesar rompiendo favores, fervores, honores con o sin maldad.

—¡Boooooom!

—¡Guau, guau, guauuuu!, ¡auuuuuuu!

—¡Leches!, que ha caído en el árbol, tranquilo que aquí estamos bien resguardados de la luz del trueno, y habiendo como hay uvas, cebada y centeno, mal se nos tiene que dar para no aguantar esta tormenta. A ese le pasa lo que tenía que haber sucedido, tanto corcho en la cabeza no es un buen aislante, ya lo has visto, ahora parece un plástico churruscado, otro capullo que llorar hacía y mucho, consecuentemente y por correspondencia le han enviado la réplica de las súplicas, y ahí se ha quedado, después de tanto rogar, ¡oliendo a quemado!

En esto apareció otro ser halado, blanco nuclear y con alas para volar. Relinchando el uno y ladrando el que a mi lado estaba, ¿cómo iba a decir que no?, de manera que nos subimos al potro y a navegar, que son dos días los que estamos, o tres si con suerte no aparecen antes de tiempo Seth y Zeus soltando latigazos que fulminan a cualquier mamífero llorón, que intentando sacar más provecho del necesario, se torna en un auténtico mamón, ¡y no es palabrota!, puesto que el que mama chupa de algún sitio, y casi siempre con premio, como en las ferias, siempre toca o un pito… o un par de pelotas. Y así pasó, volando entre las atiborradas nubes de negro satén, de tanto pedir, la luz apareció, tan intensa como la realidad de lo que empieza y siempre tiene el mismo final.

Relatos históricos, irónicos y sarcásitos de los que soy autor