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El cruce de la discordia

El cruce de la discordia.

Recién llegado a una de mis segundas casas, Barcelona, tras la pandemia del viene, voy, llega, vino y se fue, tres añejos sin visitar por haberse hecho viejos de experiencia. Resultado de la sustancia y reducción de la salsa de estos tiempos.

Carrer Numancia como destino tras un viaje agotador como copiloto de la piloto Shiva Castellanos en su Burdeos color deportivo de a cuatro ruedas, llegamos a destino.

-Cuidado, por ahí baja un monopatín a tiro de arco y en sentido contrario viene una bici cuesta arriba a Mach 1, ojo, las motos, no las roces o caen como fichas de dominó.

Los ciclomotores de a dos y algunas llantas recubiertas de caucho estaban aparcadas en oblicua batería, uno al lado de otro, como si se hubiera hecho a propósito para capricho de bromistas a un lado del carrer y en medio de los carriles a dos sentidos diseñados para disfrutar de un partido de tenis permanente cuando vas a cruzar la calle.

            -¡Casi me da!

-¿Quién, el del monopatín, patín o el ciclista?

Curiosidades de los especialistas en reurbanismo o quizá amantes del quita y pon según viene en gana al estilo Ikea. Pero eso no es , esa fotografía retrata casi a la perfección una escena para la que solo ha de poner un tanto de su imaginación. Fíjese bien, carriles en dos direcciones, unas hacia arriba y luego la vía entredicha a la izquierda y por supuesto los puntos, aparte de la cuestión. Con ello dejo claro los carriles de doble sentido donde un ciclista sube, un patín baja y por medio usted va a cruzar la vía antes de divisar el abismo.

No piensen que exagero, pues a mi se me presentó la gloria divina a mostrarme qué ocurre en el punto en el que todos los circulantes se cruzan para coger la misma dirección, pero en ambos sentidos de la circulación cuando de dos ruedas se trata y de uno si es de a dos pares.

            -¡Mira, mira!, un patinete por su carril y un ciclista a base de watios intentando sobrepasarle. ¡Por los Miura de otros tiempos!, pero si es igual que entonces. El Pegaso subiendo como puede y un 600 cargado intentando adelantarle. ¡Pero, pero mira de frente!, por favor, ahí viene otro artilugio a pilas con una chica de pie y su enorme bolso a un lado de la espalda, el ciclista no podrá adelantar al patinador de a dos ruedas. Menuda se va a liar, no hay arcén para los tres…

            Es el pan de cada día en cuanto a circulación caótica se refiere. Tal es el caso, que al contemplar y observar ese cruce durante un tiempo, un viaje astral me llevó directo a la India y otros lares similares para rememorar los cruces con el guirigay de cada día. Unos van a la derecha, otros a la izquierda, y luego como es Ley en esos cerros de come palomitas y espera a ver los leñazos que se van a dar con las direcciones en ambos sentidos.

            En ese cruce solo hay un sentido y una dirección, pero para los vehículos de tracción mecánica a base de combustión y dos pares de neumáticos. Para el resto no es así. Para esas personas que utilizan su cuerpo cono paragolpes y airbag al mismo tiempo en caso de colisiones, no hay.

            Quizá sean las nuevas maneras de recudir la población mundial, a saber, pues si esta distribución urbanística llega a ser tradición global, pueden estar seguros; se producirá el efecto contrario a la superpoblación actual, y en unos años, pasaremos a recibir inmensas ayudas para la natalidad.