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De jabalíes y otros bichos va la tonadilla.

La serie de Tv Aquí no hay quien viva, plasmó el panorama internacional de las comunidades de vecinos con gran acierto.

Aquí somos 6 con un mil, algo más de los seiscientos de la epopeya griega divididos en casas estado, según la vela de cada cual. De todas clases haylas. Republicanas de la banana, independientes, de Ikea, de las bien servidas, reinos de mil tipos, mustafás de otros tantos e incluso querubines, dentro de un bosque estado donde cada cual tiene una madre o padre diferente, eso creo. Me refiero a El Bosque de Villaviciosa de Odón.

Cuando se tratan los problemas generales de esta selva mediatizada por las minorías, tan enormes son que no suman más de 8 sin el diez, las mayorías parlamentarias callan por no poner el grito en el cielo o dar el salto al infierno, a saber. Es decir, en el castellano de toda la vida, si se encuentra con una camada de jabalíes al lado de su casa, les hacen fotografías, pelis de a móvil la mano y luego, en los chats de apariencia para el bienestar general de los reinos y repúblicas de taifas, se cuelgan con algunos comentarios como: pero mira qué monos son, cuántos hay, ¡qué ricura!

Y así pasa. Llegado el momento alguien con más de dos dedos de frente dice por el camino; qué chorizos más ricos, cuánto tiempo sin darle un bocado a buen guiso de cerdo salvaje y se lía parda, en especial si alguien como esta pluma u otras personas con la lógica sobre la mesa, comentan la necesidad de un descaste de jabalíes.

Comentarios como, los cazadores son unos asesinos sin escrúpulos; si pillo a uno le meto la escopeta por el orificio situado en el vértice de sus posaderas…, se ven, no es broma. Claro, entre el clamor al amor humanimal sale un ofendido para lanzarle el pañuelo con señuelo incluido en pública subasta. A ver si tienes el par de ejemplares bien sujetos, te espero con la escopeta en el centro comercial.

Es entonces cuando el ofensor cambia los tercios por botellines, se da cuenta que se le ha ido la mano con la boquilla y cuidando no seguir ofendiendo al sujeto, deja el contenido medio vacío con: era una broma, jajaja.

Es el reflejo de nuestra sociedad, el de la misma democracia que defendemos, donde las minorías minoritarias tienen la llave para hacer aquello que les viene en gana, y amigos, eso no es así, estoy dentro de la gran super mayoría, por no decir supercalifragilisticoespialidoso, pero un gran número de repúblicas y reinos de sus casas, callan por no complicarse la vida. Sin embargo, no se dan o quieren dar cuenta, que mañana, como ocurrió esta pasada semana, donde un puigdemont salvaje de la raza de los Pujol atacó a tres operarios en El Bosque, puede hacer los mismo con quien los miman, no se quejan e incluso con sus hijos, nietos o mascotas. Estos accidentes son bastante frecuentes por estos lares, en especial de mascotas.

Los defensores de la animalada prefieren dejar trampas, tal como ocurre en otras partes donde mueren de sed y aterrados antes de un final más digno. Es según su teoría, más humano, visto desde su perspectiva, es más animal, ¿no le parece? Tal como ellos.

Aquí algunos casos de ataques de jabalíes, no se lo pierda. https://youtu.be/W9L1VXt1ysk https://www.diariodesevilla.es/mascotas/video-jabali-atacando-ciclista-intentar-ayudar_0_1615338749.html https://revistajaraysedal.es/ataques-jabalies-brutales-espana/

El mismo avatar con los mininos silvestres, salvo que estos gatitos ya no son como antes, para atacar a las ratas, ya están los humanos, pero si son ruiseñores, mirlos, verderones, cualquier bello cantor o ardillas, pues sí y de paso nos quedamos sin el espectáculo del auténtico bosque, el sonido de las aves y los saltos con jugueteo incluido de los roedores de bellotas…

En los Alcorcojones, quise decir Alcorcón, perdón, tienen el mismo problema. En un principio, el anterior alcalde tomó alguna decisión para acabar con el peligro latente y palpable de los nidos de las cotorras argentinas, pero el gobierno actual, deja que los parques se inunden de esos centenares de kilos esperando que en cualquier momento, con una pequeña ráfaga de viento o un quejío de ya no puedo más de un pino, caiga el sobrepeso encima de una persona y lo aplaste al estilo dibujos animados, pero sin resurrección posterior.

Me niego a ser pasto de nadie, a ser uno más cediendo por no complicarse la vida, a ver cómo la sociedad se pudre por el exceso de paciencia y no tomar la actitud correcta, salir a la calle, enviar cartas con las debidas quejas y reclamaciones a los Aytos., para que esa minúscula porción que componen las minorías, se vayan por los pairos de la desesperanza y de una vez por todas, volvamos a ser como antes, ¡que ya está bien!