“EL FESTÍN”

¡Ring, ring!, suena el teléfono, le he cambiado los tonos, el ¡burub, burub! Me traía frito y hay que evitar la monotonía, que no trae nada bueno.

-¿Mande?

-Mandamos, que hemos quedado a comer, te recojo en cinco minutos.

-¡Ok, McKay!, alto, claro y conciso.

La llamada era de Eusebio, más conocido por Pepsicolo por estos lares, hombre cuadrado, fuerte y rudo en apariencia y destacado en elocuencia, habíamos quedado en ir a un restaurante de Titulcia, dónde al parecer, el cordero lechal al horno de leña entraba bien. Vestido a la usanza que me caracteriza nos vimos en la plaza de la ermita de la Virgen del Consuelo, en Ciempozuelos y de allí en su vehículo particular de camino a darle placer al paladar.

A los nueve kilómetros y unos metros más, llegamos al famoso lugar, bajamos del coche y entramos en el Rincón de Luis. En la misma puerta estaban los sellos de cam00304recomendaciones Michelín, un buen augurio y un sinfín de artículos de prensa que hablaban de su buen hacer. El sitio en apariencia agradable con barra corta a la derecha al estilo mesón. Pedimos una par de extractos de la vida de Baco, pero de la tierra, que la zona da buenos caldos.

Mario, su propietario nos llamó cuando el turno tocó y ya de paso de camino al comedor aproveché para hacer unas instantáneas a esos cuartos traseros o delanteros que tanta fama tenían por la zona, cam00298¡ojo!, de los corderos, ¡por supuesto!, pero dentro y fuera del coso dónde a través de calor y amor le dan ese toque que dicen por ahí, es un milagro.

Sentados en nuestras mesas esperamos lo justo y pertinente, la comida ya había sido encargada con antelación, lechal al horno de leña y ensalada de la casa, con ello tendría que ser suficiente y vino de las cepas de la comarca, ¡que no falte! Llega la ensalada, solo lechuga y cebolla, pero con buena pinta.

-¡Rediez!, qué sabor tienen estas verduras, tanto la verde como la blanca y el aceite que lo baña está de lujo, cómo se nota el sabor de la primera prensa. –El que lo narra.

cam00303  -No te lo había comentado que todas las verduras son de la vega, frescas y de temporada, y en este caso estamos justo en ella. –Eusebio.

-El vino me está sorprendiendo también, ya veremos cuando llegue el grueso de la caballería, la verdad es que tenía una pinta lo que he visto fuera…

-La comarca da buenos zumos de la vid, de hecho éste que estamos tomando es un cosechero de tempranillo, pero de cepas viejas y muy bien amadas.

Mientras seguíamos charlando de nuestros asuntos, llega el plato principal, el que da tanta fama a este rincón.

-He ahí el cordero señores, ¿se lo parto o lo hacen ustedes? –El mesonero.

-Haga vuestra merced la gracia, ¡por favor!, que place ver cómo divide el asunto en cuestión. –Solicité.

-¡Crunch!

-¡Válgame el cielo!, ¡cómo cruje!, si está igual que suena, va a ser un festín al paladar. –El ruido me enamoró.

Eusebio no habría la boca ni para deleitar el placer, fijó sus ojos sobre éste que narra, esperando que pinchara y me llevara un trozo del asado a la boca.

-¡Leches!, no me mires así, que me derrito, jajaja. –Le comenté. Así no había img_1491manera, era como tener un juez delante de mí, o algo más duro, un jurado esperando que le comentara si había merecido la pena o no aquella visita. Para quienes no lo sepan, me he recorrido este país entero, los negocios y el placer permitieron que visitara y disfrutara en casi cada lugar, su gastronomía. Cuando mi compañero de mesa me sugirió lechal, qué quieren que les diga, sencillamente que harto estaba de comerlo en los mejores asadores de Segovia, Ávila, Madrid y otros lares, en especial pueblos, que es dónde mejor y más disfruto, no solo por los avatares de la restauración, sino de sus amables y gentiles gentes. El aroma del sacramento me estaba volviendo loco, de manera que tomé la decisión y pinché sobre la paletilla con el tenedor, separé un poco de la carne, que cortar no pude, estaba tan tierno y jugoso que no me lo permitió, me llevé un pedacito a la boca y…

-¡Voilé!, cómo está el bicho, ¡mamma mía!, si da la impresión que lo han cuidado a base de buenos pastos y melodías de amor.

-¡Jajaja! Ya te lo había dicho, que no hay mejor sitio que este rincón de Titulcia para comer el mejor cordero de las Castillas y las plazas de Madrid.

-No digo , la verdad es que… ¡está de mil amores!, has subido tanto el listón de este restaurante, que obligado me veo a decir su nombre y escribir en mi blog las sensaciones que en estos momentos estoy sintiendo. EL RINCÓN DE LUIS en Titulcia, un sitio dónde estoy disfrutando lo que no está escrito y que por supuesto, al que invito de sus propios bolsillos a conocerlo y si luego no les place, en éste mi blog y su casa, estoy para cobrar lo que falta hiciere.

¡ENHORABUENA familia del RINCÓN DE LUIS de Titulcia! ¡Menudo festín!

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