DOS DE MAYO y EL TRES…, ¡EL ENSAYO!

Tres y lo que vino después de aquel tratado que nuestro Godoy, ¡perdón!, que se me fue la pluma, ¡el de la botella quise decir!, al de Fontainebleu me refiero, ¡caray!, que esa no es la marca, sino la del macaco, no el de nuestro anís, el del Pepe que todo se bebía y que casi nos deja Chinchón sin su famoso licor.

Quizá su hermano el petite hijo de la Francia que le parió, tomando conciencia que Pepillo todo se lo bebía prefirió darle la vista por Antequera, ya sabemos que el amor hace estragos y el de esos dos, ¡sufragios animales!, que no hay, pero como si lo hubieran creado.

Chorizo de calzón blanco que fue el caballero a base de sangre ajena, tirano donde los haya, pero inteligente y con buenos tenientes. Todo hay que reconocerlo, ¡vive Dios que sí!, que no está de mal ver y aprender del látigo, cuando aprieta y da y cuando afloja y no se menea o si utilizado lo han, para a las moscas asustar o simplemente para dar algunos acordes a base de ¡ay!

A Napoleón no le tengo manía, en absoluto, quizá sí a su licor, ¡perdón, ya estamos!, me refiero a su inmediato familiar y por supuesto a quienes nos pusieron con el trasero al fresco para que nos dieran soleares y otros cantares con viento fresco.

Ferdinand VII, a quién no puedo llamar por el nombre en castellano por no ofender a tantos que defendieron este plural país, “que si algo tiene España es que gusta, para quedárselo”, ¡que conste que de mentir nada!, ya están los embutidos que vemos cada día dando sabor al relleno del cerdo.

Me duele, ¡sí! y de corazón lo digo cuando sigo viendo la estatua de ese indigno rey de un país donde el valor siempre fue Ley, el de los que en él hemos nacido,  darme cuenta me he que en otros lares el vacío se les hace a quienes dieron la desgracia a los demás, y sin embargo, ¡ahí sigue el tirano!, el único de un nombre noble, aguerrido, valiente y luchador por el de un cobarde y traidor a su pueblo. Ferdinand VII “el gallina”, sin menospreciar al bicho o bicha, que culpa no tiene.

Y como colofón, ¡la fuentecilla!, con minúscula la primera, ¡por favor!, conmemorando la llegada del mamón que en otros tiempos se la besó al emperador, por no darle un toque más porno a la realidad. ¡Vaya tela! No hay rencor en mis palabras, porque no lo quiero, pero sí desprecio a quien por su falta de gallardía y miserable cobardía a los franceses nos vendió.

No soy republicano porque en estas épocas el interés es lo primero, no por ganas, ¡quede ahí la puntilla!, pues siendo español por la gracia de Dios, si tengo que decir que debo dar la oportunidad a este rey que tenemos, pues noble parece, sensible a la austeridad que en estos tiempos nos atañen y a las relaciones públicas que nos hacen grandes, pero sí le pido y es por favor, que en el nombre sagrado de los Fernando, ¡y me apunto yo!, elimine la escultura de su antecesor, pues dos pares bien apretados tiene vuestra Excelencia Don Felipe, los que le faltó a al que por detrás nos dio.

La monarquía nada tiene que ver con el ayer, aunque algunos buenos tuvimos, ahí está un buen rey, al III de los Carlos me refiero, el Borbón que nos trajo la ilustración, pero terrible el que al francés por falta de agallas nos vendió. Así pues Don Felipe, ¡rey de estas Españas!, ruégole con el cariño y admiración que le proceso, que dé a esa calamidad de una vez el deceso, ¡a Ferdinand el gallina me refiero!, pues no hay peor en este país que la traición a su propio pueblo, la misma que el vendedor nos regaló y por la que muchos españoles con el mismo tributo de la deshonra, ¡pagaron con el paredón!

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